El presidente Joe Biden no ha cumplido aún dos meses en el poder, enfrentando una serie de problemas que heredó por una pandemia casi ignorada por el anterior gobierno y aunque no “anda de arriba para abajo por todo el país”, tuvo tiempo para hacer una llamada al presidente guatemalteco Alejandro Giammattei justo cuando está por concretarse la cooptación total del sistema de justicia para allanar el camino de la impunidad mediante el control de la Corte de Constitucionalidad. En los últimos días se ha sabido de llamadas de Biden a Gobernadores de Estados donde están pasando por alto recomendaciones de los científicos y han eliminado el uso de mascarillas y de distancia social, así como a senadores y congresistas por el plan de ayuda por el Covid-19, asuntos de enorme importancia para el ocupante de la Casa Blanca.

Pues con todo y eso, llamó a Alejandro Giammattei para hablar de la corrupción como causa de migración, dándole el pésame a él y a los guatemaltecos por la masacre de Tamaulipas, tema que el gobierno de Guatemala “olvidó” cuando reportó la conversación entre los dos gobernantes.

Si alguien tiene la menor duda de cuánta importancia le está dando el gobierno de Estados Unidos a la corrupción en Guatemala y sus efectos tanto en la migración como en el Estado de Derecho, baste entender que Biden no se la pasa inaugurando obras ni tiene un programa para llamar todos los días a algunos jefes de Estado para charlar con ellos. Simple y sencillamente, cuando hay un problema que preocupa a su país, aborda la cuestión con los responsables y es un hecho que el rumbo que lleva Guatemala causa inquietudes porque el descalabro institucional nos convierte en presa atractiva y fácil para que el crimen organizado siente aquí sus reales, lo que se vuelve una seria amenaza a la seguridad global.

Creemos que lo que terminó de encender todas las alarmas fue el caso Moto porque en vez de escoger a alguien comprometido pero sin mucho color, fueron a casarse con quien tiene más manchas que un tigre y eso hizo que cayeran hasta las más aristocráticas caretas de gente que se “casó” con Moto precisamente por sus cuestionables antecedentes.

Biden es un Presidente serio y sin duda que su llamada fue menos agresiva e impositiva que la actitud de Trump para hacer que Degenhart firmara el acuerdo de Tercer País Seguro, con la complicidad de la magistrada Dina Ochoa. Pero que esa llamada, en este momento, dice mucho es algo indudable.

Editorial

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