Limpiar el antro

El palacio Legislativo en Guatemala lleva años de ser un auténtico antro y lo viene a corroborar muy gráficamente lo descubierto en la oficina que perteneció a la diputada Nineth Montenegro, quien no logró ser reelecta como representante de Encuentro por Guatemala. Resulta que al tomar posesión de la oficina el representante Estuardo Rodríguez Azpuru, del partido Humanista, y realizar algunos cambios en las instalaciones, se topó con un sofisticado equipo de escucha con micrófonos que captaban cualquier sonido que surgiera de ese recinto y cables para transmitir con alta calidad las conversaciones que llegaban a alguna grabadora.

Por supuesto que será difícil individualizar a los responsables de esa intromisión abusiva e intolerable, pero hemos visto en los últimos años que la capacidad de investigación de los entes encargados de la acción penal han dado frutos en casos que parecían muy complejos. Si se abandona la labor de eterna vigilancia y se ponen manos a la obra, seguramente que se podrá determinar no sólo quiénes fueron los que plantaron el mecanismo sino a quiénes se trasladaban esas grabaciones.

Lo que esto evidencia es la necesidad de limpiar radicalmente ese antro en el que se producen tantas anomalías y abuso. Un antro en el que no sólo se trafica con la compraventa de votos y con las asignaciones dentro del Listado Geográfico de Obras, sino que además ocurren estos hechos entre los mismos miembros de la tenebrosa pandilla. La renovación que sufrió el Congreso con el cambio de una centena de diputados no garantiza, en absoluto, un cambio de actitudes y comportamientos, como ya se vio con las primeras negociaciones de esta legislatura para la elección de la Junta Directiva. Tristemente las manzanas sanas no componen a las podridas, mientras que es ley de la naturaleza que son las podridas las que terminan descomponiendo a las buenas. Y con más rapidez e intensidad cuando hay intereses tan perversos como lucrativos alrededor de las viejas y deleznables prácticas.

Los nuevos diputados tienen que romper radicalmente con el pasado para no terminar siendo parte de la misma canasta de manzanas podridas que tanto desprecia la población de Guatemala. De sus acciones dependerá el que puedan marcar diferencias significativas y creemos que es momento de promover alianzas entre nuevos representantes decentes, más allá de sus partidos, orientadas a limpiar el antro a donde fueron a parar. Puede que esta sea la última llamada para evitar el desastre que, en el rumbo que llevamos, se plantea como inevitable porque el Congreso es despreciado por la población.