Cocinar con tapadera, la olla de presión y otros tips para ahorrar gas en tiempo de precios altos

Jenniffer Véliz
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El reciente aumento en el precio del gas no es solo un indicador económico; es una carga directa para el presupuesto de quienes dependen del propano para poner la comida en la mesa.

Aunque el impacto agregado en la economía nacional es limitado, según algunos analistas, el impacto sobre cada familia varía y puede percibirse, sobre todo en un contexto donde la prioridad sigue siendo la alimentación.

El economista Hugo Maul explica que, según encuestas de ingresos y gastos familiares, el rubro de combustibles representa en promedio cerca del 10% del gasto de los hogares; sin embargo, aclara que este dato no es homogéneo ya que el impacto es mayor en hogares urbanos y con acceso a gas debido que una buena parte de los guatemaltecos aún utilizan leña u otros combustibles.

LA REALIDAD EN LA COCINA

Donde el impacto se siente de verdad es en la priorización del gasto. Cuando el cilindro sube, el dinero se mueve y lo que se paga de más por el gas, se le resta a la calidad o cantidad de los alimentos.

  • Eficiencia de consumo: La clave para proteger la economía familiar no está solo en el precio de mercado, sino en la administración del recurso.

  • Decisiones inteligentes: Elegir el tamaño de cilindro adecuado y optimizar los tiempos de cocción son decisiones que determinan qué tan eficiente es el gasto en el tiempo.

 

 

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El economista independiente Luis Pablo San José estima que, para un hogar de cuatro personas que consume un cilindro de 25 libras al mes, el incremento directo ronda los Q12 por cilindro. Si se suman efectos indirectos —como el encarecimiento de alimentos que utilizan gas en su producción— el impacto total podría ubicarse entre Q25 y Q45 mensuales.

Esto introduce un elemento clave; aunque el aumento individual parece manejable, su efecto acumulado en la canasta básica puede presionar decisiones de consumo, especialmente en hogares de menores ingresos.

EL “COSTO OCULTO” DE LO PEQUEÑO

Uno de los dilemas más relevantes para el consumidor es el tamaño del cilindro que suele utilizar o que debe adquirir.

Desde el punto de vista económico, la respuesta es clara: comprar mayor volumen suele reducir el costo por unidad.

San José lo resume en términos de economías a escala. Los cilindros grandes —como los de 100 libras— ofrecen un precio por libra más bajo y mayor estabilidad frente a fluctuaciones del mercado. Además, reducen la frecuencia de compra, lo que limita la exposición a aumentos sucesivos.

Por ejemplo, si una familia de dos integrantes suele comprar un cilindro de 25 libras que antes adquiría por Q98 con el cual cocinaba hasta por tres meses, es posible que con una inversión de Q44 más, por un cilindro de 35 libras (Q154 el cilindro con el nuevo aumento) podrá cocinar por seis meses.

No obstante, esta opción exige capacidad de liquidez. Aquí entra un matiz importante que subraya el analista Ramón Parellada: la decisión debe alinearse con el flujo de ingresos del hogar. Es decir, evitar descapitalizarse por intentar ahorrar en el largo plazo.

En ese equilibrio, opciones intermedias —como cilindros de 35 libras— pueden funcionar como punto medio entre precio y duración.

Optar por cilindros pequeños no solo implica pagar más por libra. También conlleva un costo menos visible: la mayor frecuencia de compra.

Cada reposición expone al consumidor a variaciones de precio, especialmente en contextos de volatilidad internacional. En otras palabras, lo barato en el corto plazo puede resultar más caro acumulado.

AHORRO QUE PUEDES CONTROLAR

Más allá del tamaño del cilindro, hay un margen significativo de ahorro en el uso cotidiano del gas. Pequeños cambios pueden traducirse en reducciones importantes en el consumo:

  • Cocinar con tapa puede disminuir el uso de gas hasta en un 25%, al conservar el calor.
  • Utilizar ollas de presión reduce tiempos de cocción y gasto energético.
  • Planificar la preparación de alimentos (cocinar varias cosas a la vez) evita encendidos repetitivos.
  • Revisar periódicamente quemadores y conexiones mejora la eficiencia del sistema.
  • Escriba en el cilindro con un marcador el día que lo instaló.

  • Si un cilindro de 25 libras le duraba 30 días y ahora le dura 22, usted está gastando un 25% más de gas sin darse cuenta.

  • Divida el precio del cilindro entre los días que le duró.

    • Ejemplo: Q120 / 24 días = Q5.00 diarios de puro gas.

En este punto, la evidencia es consistente: la eficiencia puede compensar parcialmente el aumento de precios, aunque no eliminarlo por completo.

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PRESUPUESTO Y PREVISIÓN

Para hogares con menor capacidad de ahorro, la recomendación es mitigar el impacto mediante planificación. Un esquema sencillo —como apartar una pequeña cantidad diaria— permite distribuir el costo del cilindro en el tiempo y evitar un desembolso abrupto.

Este enfoque es particularmente relevante en economías informales o con ingresos variables, donde el manejo del flujo de caja es determinante.

El uso eficiente del gas también pasa por la seguridad. Ante cualquier sospecha de fuga, los Bomberos Voluntarios recomiendan:

  • Evitar encender fósforos o interruptores eléctricos si hay olor a gas.
  • Mantener el cilindro en un lugar ventilado y alejado de fuentes de calor.
  • Cerrar la válvula cuando no esté en uso.
  • Solicitar revisión técnica si se detectan anomalías.

Además de prevenir accidentes, un sistema en buen estado evita pérdidas de gas que terminan encareciendo el consumo.

UN AJUSTE MANEJABLE PERO NO IRRELEVANTE

Desde el punto de vista de la economía nacional, el alza del gas no representa un choque severo. Incluso, como apunta Maul, la transmisión hacia la inflación general es limitada. Sin embargo, a nivel del hogar —donde cada quetzal cuenta— sí obliga a ajustes.

La conclusión es directa: no hay una única estrategia válida. La mejor decisión combina capacidad de pago, planificación y eficiencia. En un entorno de precios al alza, el margen de maniobra del consumidor está menos en el mercado y más en la forma en que gestiona su consumo.