La espera de la confirmación del nuevo Embajador de los Estados Unidos, Juan José Rodríguez, ha alentado a varios actores locales para operar tranquilamente y sin aparente contratiempo en el manejo de la vital Ley Contra el Lavado de Dinero, vital no solo para que el país no entre a una lista gris, sino también para avanzar seriamente en la lucha contra la corrupción. Muchos de esos congresistas creen que, por haber votado por Roberto Molina Barreto, por quien el exencargado de negocios de Estados Unidos empujó bastante, ahora pueden hacer micos y pericos para lograr que desaparezca el delito de lavado de dinero. Eventualmente habrá una rendición de cuentas.
Diputados de los partidos UNE, Vamos, Cabal y otros (incluyendo TODOS) mantienen detenida la aprobación de la ley antilavado porque están forzando a que se acepte una enmienda que en la práctica haría inútil la norma. Quieren que no se pueda accionar en absoluto contra esa práctica común en nuestro medio si antes no se ha condenado a alguno de los involucrados en procesos por corrupción u otros delitos. En otras palabras, tal y como ha venido funcionando el sistema, en Guatemala nunca habría lavado de dinero porque aquí los casos de corrupción fueron sistemáticamente enterrados por el Ministerio Público, al punto de que muchos de los que habían sido inicialmente condenados terminaron no solo en libertad, sino con la devolución de los bienes que habían sido incautados. Y si para que haya lavado, primero hay que probar un peculado, estamos hablando de años porque si algo no tiene el sistema es justicia pronta y cumplida.
Fuentes de Washington han dicho que el gobierno norteamericano ha estado siguiendo con detenimiento todo lo que pasa con la ley contra el lavado y que eventualmente se tendrá que rendir cuentas. A juzgar por declaraciones pasadas, Estados Unidos entiende que esa práctica es terrible y toman muy en cuenta que, además de los operarios de la corrupción, los de otras formas de crimen organizado, como narcos y terroristas, se benefician por la ausencia de mejores instrumentos legales que dificulten trasegar tranquilamente con millonarias sumas.
Tras el papel de Barrett, abierto y totalmente público, los diputados han tomado el silencio de la Embajada como una actitud indiferente para las iniciativas de reforma a la ley que vienen presentando con la tranquilidad que les otorga que Estados Unidos pareciera no están vigilando de cerca el asunto. Pero como lo han expresado fuentes de la capital norteamericana, ese silencio no es producto de indiferencia y menos de complacencia, sino resultado de lo que ocurrió recientemente.
Entender la importancia de una ley contra el lavado de dinero es vital y la misma no se aplica únicamente a los ladrones de fondos públicos, que se han vuelto expertos en la materia, sino también a otros criminales, que, como ellos, que necesitan disponer de mecanismos que faciliten borrar la huella del dinero mal habido para que puedan usarlo a su antojo, tanto para darse mejor vida como para seguir sobornando a medio mundo para tenerlos de alfombra.








