
La Ciudad de Guatemala vive este Martes Santo una de las manifestaciones más emblemáticas de la Semana Santa con la salida de la tradicional procesión de la Reseña de Jesús Nazareno de la Merced, un cortejo cargado de historia, fe y simbolismo que recorre el Centro Histórico.
De acuerdo con registros históricos y estudios sobre la religiosidad colonial, como los consignados en archivos del Ayuntamiento de Santiago de Guatemala y análisis de historiadores del arte sacro, esta procesión se remonta al año 1702, consolidándose como una de las más antiguas y continuas del país.
Originalmente, la Reseña tenía como finalidad presentar o “reseñar” los elementos que la imagen utilizaría en su procesión principal, convirtiéndose con el tiempo en un acto litúrgico propio que mantiene su vigencia dentro de la tradición guatemalteca.
En vivo: Procesión de Jesús Nazareno de La Merced, La Reseña
UNA TRADICIÓN RESPALDADA POR LA HISTORIA
Según documentos coloniales como el Libro de Cabildo de Santiago de Guatemala y estudios posteriores sobre la cofradía mercedaria, la procesión adquirió mayor relevancia tras la jura de Jesús Nazareno de la Merced como “Patrón” de la ciudad en 1721, lo que fortaleció su carácter simbólico y su vínculo con la identidad capitalina.
Asimismo, investigaciones históricas sobre la imagen —como las desarrolladas a partir de archivos parroquiales y textos especializados en arte religioso guatemalteco— señalan que la devoción hacia el Nazareno mercedario se consolidó desde el siglo XVII, con una cofradía activa desde 1582 y una imagen tallada en 1654 por Mateo de Zúñiga.
Jesús de La Merced: Patrón y Abogado de la Ciudad de Guatemala
Uno de los elementos más característicos del cortejo es la participación directa de los fieles, quienes colocan flores sobre las andas durante el recorrido. Esta práctica, documentada en estudios sobre la Semana Santa guatemalteca, simboliza una ofrenda colectiva que transforma la procesión en una expresión viva de fe comunitaria.
De esta manera, la Reseña de Martes Santo no solo se mantiene como una tradición religiosa, sino también como un fenómeno cultural respaldado por siglos de documentación histórica, donde convergen prácticas devocionales, memoria colectiva y patrimonio intangible de Guatemala.







