
La Nueva Guatemala de la Asunción y específicamente su centro histórico, despertaba con profunda alegría como sucede cada domingo de Ramos pues la salida de la festiva procesión de las “Palmas” daría paso a que un par de horas después, hiciera lo propio la del Rey del Universo en sus imponentes y monumentales andas, con sus ornamentos áureos de la Roma Imperial, claro está, después de que la centuria con sus pendones y estandartes, así como estaciones del Santo Viacrucis, avanzara por la calle de Matamoros luego del viraje por la catorce avenida.
Quedó atrás el amanecer, y los capitalinos empezaron a sentir los rigores del astro rey de aquel caluroso día 12 de abril del año del Señor 1992. La alegría entre los devotos del Señor Nazareno de San José era notoria, ya que se había esparcido el rumor que la solicitud para consagrar a la milagrosa imagen estaba en curso y se respondería en breve.
A las ocho en punto de la mañana en el templo de la quinta calle, dio inicio el protocolo e instantes después, las atronadoras notas de la marcha “MATER DOLOROSA” única inspiración de la señora María Julia Quiñónez Ydígoras, estremecieron los muros del templo josefino.
Jesús de los Milagros fue levantado en hombros, en imponente alegoría procesional, misma que inició con ángeles portando en sus manos instrumentos musicales, y en la parte final del mueble la representación de una enorme cúpula, en semejanza a la de la Catedral de Santiago de Guatemala (Catedral Metropolitana).
El Nazareno, seguido de la Santísima Virgen de Dolores, iniciaron su piadoso recorrido dominical. En el adorno predominó como recurso decorativo el elemento simulador de nubes, el algodón. Sin embargo, aquel día el calor sofocante de la época, se hizo presente desde muy temprana hora.

Foto: Sergio Vasquez
Alberto, uno de los integrantes del GALLARDO ESCUADRÓN DE ROMANOS, un robusto, diestro y entregado penitente del grupo y bastante experimentado por cierto, portaba en sus manos la décimo cuarta y última estación del camino de Cristo al Monte Calvario, “Jesús es Sepultado”.
La calle de Matamoros, la catorce avenida, la primera calle, la Avenida de los árboles, la octava calle, el parque Colón, Santo Domingo, la doce avenida, la catorce calle, la once avenida con rumbo norte y por fin bajo el sol ardiente del verano, Alberto es llamado por el Encargado General de la Centuria en la esquina de la once calle, para tener la primera distinción y bendición de aquel día: Llevarán en hombros al Señor de los Milagros, a su paso por el Parque Infantil al retorno, es decir de la novena a la octava calle en la arteria ya identificada. El romano penitente hizo lo mismo que sus compañeros, y entregó su “estación” a un morado cucurucho, para que por favor, la misma fuera conducida, mientras ellos cargaban las andas que portaban a la bellísima imagen del Salvador con la cruz a cuestas.
El fervoroso grupo se formó por orden de alturas, y así llegó el andaría. Sonó el timbre; el peso amoroso de aquel mueble cayó sobre los hombros de los acorazados penitentes, y Alberto tuvo el privilegio de estar justo debajo del Señor, en el brazo número cincuenta y dos (52). La marcha es reanudada y en instantes, el redoblante se dejó sentir. Con sus ojos cerrados para dar gracias a Dios por su familia y por la oportunidad de servirle, el personaje se encuentra con la almohadilla.
La procesión avanza unos veinte metros. De pronto, algo está sucediendo: la muchedumbre que contempla el paso del cortejo grita con fuerza, advirtiendo que algo grave está pasando a esa hora del mediodía, en medio del intenso calor.
Estos serán los cortejos procesionales del sábado 28 y domingo 1 de marzo en el Centro Historico
Nuestro romano penitente aún no alcanza a entender qué sucede, pero de súbito el ronco timbre de las andas de San José, se deja escuchar en forma prolongada y la marcha se detiene en forma abrupta; las horquillas no se utilizan, y en medio del griterío y la confusión, el romano devoto alcanza a escuchar de los encargados: “AL SUELO ¡¡¡ AL SUELO ¡¡¡ AL SUELO ¡¡¡¡….” El torbellino que genera una densa columna de humo negro envuelve el andaría, y alcanza a los cargadores, incluyendo, por supuesto a Alberto. Ahora lo entiende todo, la sorpresa pasa al estupor y por supuesto al pánico: SE ESTÁ QUEMANDO EL ANDA DE JESÚS DE LOS MILAGROS¡¡¡¡¡¡ En medio de aquella vorágine, el protagonista de estas líneas, alcanza claramente a escuchar: SALVEN A JESÚS¡¡¡¡¡
Y más por instinto que por otra cosa, el experimentado devoto se “trepa” a la parte superior del mueble, y tanto él como otro grupo de romanos, utilizan su propia humanidad y sus capas rojas para hacer una especie de “barrera humana” y con la ayuda de su atuendo, ABRAZAN a la venerada imagen para protegerla de las llamas, que estuvieron a punto de alcanzar la hermosa talla.
El fuego gracias Dios no dañó a Jesús de los Milagros, y su único estrago fue en el rostro y el cabello de aquellos valientes hombres con quemaduras leves, quienes de cargadores pasaron a protectores, y a ser verdaderos héroes de la religiosidad popular de Guatemala. Como un milagro del cielo, de alguna forma las personas que estaban en la terraza de los inmuebles de la once avenida frente a los cuales se desplazaba el cortejo, alcanzaron a lanzar como pudieron agua desde cubos y recipientes, lo cual se complementó con el accionar de un extinguidor que providencialmente se consiguió.
Después del susto, se le explicó a los presentes, que por una fatal casualidad, involuntariamente una de las liras levantó en simultáneo dos cables de tensión eléctrica que hicieron contacto, chisporrotearon y un fragmento encendido desgraciadamente cayó sobre las andas de la imagen del redentor, que en su mayoría decorado con algodón textil elemento altamente inflamable, hizo que la imitación de la catedralicia cúpula en la postrer estructura de las andas de cartón y papel, se incendiara casi en su totalidad, avanzando el incendio de atrás hacia adelante, hasta llegar como se repite muy cerca de Jesús de los Milagros.
Después del susto y de la llegada en minutos, de los Bomberos Municipales quienes completaron la extinción, se reanudó el cortejo el que bendito Dios continuó su marcha. El decorado de las andas se dañó ostensiblemente, pero el piadoso pueblo devoto de nuestra Guatemala, realizó aquella jornada una emotiva ofrenda de amor para superar aquel desafortunado e involuntario accidente, cuya única víctima fue precisamente el decorado al que nos referimos; pero a cambio de ello cientos de RAMOS propios de aquel día fueron colocados y obsequiados por los católicos, sobre las andas del Nazareno Josefino, que a avanzada hora de la madrugada retornó a su templo en aquella jornada con una oración de gratitud, por haber preservado a cargadores, asistentes y a la milagrosa imagen, de lo que pudo ser una verdadera tragedia, la que por la gracia divina no se produjo.
Vayan estas líneas como un merecido recuerdo, gratitud y nuestra admiración al grupo del GALLARDO ESCUADRÓN DE ROMANOS, los héroes del Domingo de Ramos 12 de abril de 1992, quienes desafiaron a las llamas y al peligro, y probaron con su entrega y valentía y sin caer en el plano metafórico, literalmente, poseer un HEROISMO A PRUEBA DE FUEGO.







