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El concepto de Potencial Humano es, por definición, transdisciplinario. No se le puede explicar solo con medicina, ni solo con sociología. Para entrarle con rigor al tema, vamos a empezar definiendo el concepto que usaremos: el Potencial Humano como el techo máximo de capacidades físicas, cognitivas, emocionales y sociales que un individuo puede alcanzar si su entorno se lo permite. Entonces debemos partir de cuatro pilares que están involucrados en este concepto y empezar por la niñez.

  1. El contenido biológico

Este se puede resumir como la arquitectura de lo posible de alcanzar en alguien, en este caso desde la concepción. En libros de textos encontramos que, desde la biología y la medicina, el potencial humano se define por la integridad del sistema nervioso central. No somos solo genes; somos epigenética en ello. Y en esto tenemos que entender dos cosas que son función del tiempo en que un ser humano está y el espacio en que se mueve que es lo que agita los genes (epigenética). Es esta edad la que define en primer lugar la Ventana de Oportunidad: El desarrollo cerebral ocurre en un 90% antes de los 6 años. Si hay desnutrición crónica y posibilidad de infecciones recurrentes (como la que afecta a casi el 50% de niños en Guatemala) y abandono en el hogar, el «hardware» biológico y psicológico se daña y eso resulta muy importante dado que es poco lo que después de esa edad se puede hacer para reparar los daños que de entrada se deben entender no solo como de estructura anatómica, fisiológica y psicológica sino además de comportamientos actuales y futuros a la edad. 

En tal sentido deberíamos de eliminar de nuestra biblioteca de prejuicios el hecho de que: Un niño con anemia o baja talla o muy enfermito es “un niño pequeño” y entender que no solo tiene menos conexiones sinápticas, sino que biológicamente, su potencial se ve “recortado” antes de que aprenda a leer.

El flagelo más grande en nuestro medio es la desnutrición y las enfermedades infecciosas, son gemelos que provienen de la misma causa: desigualdades de todo tipo. La desnutrición crónica (el stunting) no es una “enfermedad de la cabeza”, es un estado de sitio fisiológico que afecta a la totalidad del organismo. El concepto de “genocidio del potencial biológico” es preciso, porque lo que ocurre es que ese cuerpo carente de oportunidades para desarrollarse adecuadamente, genera una programación metabólica para la escasez. Cuando el cuerpo detecta que no hay suficientes nutrientes, el organismo entra en “modo de ahorro” y decide qué sistemas sacrificar para mantener la vida. Es múltiple lo que altera y hay que mencionarlo.

El Sistema Endocrino y Metabólico. El “ahorro” forzado de disponibilidad, acceso y consumo de energía como causa de enfermedades o mala ingesta genera un cuerpo desnutrido que reprograma su eje hormonal para conservar energía y eso da de consecuencia no solo la baja estatura. Además, genera una predisposición permanente a enfermedades metabólicas. El cuerpo se vuelve “ahorrador” de grasa y acá se produce la gran ironía. Esos niños, al llegar a adultos y consumir dietas altas en carbohidratos baratos, desarrollan diabetes e hipertensión mucho más rápido. Es un cuerpo que fue preparado y diseñado en esa niñez temprana para el hambre viviendo en un entorno de comida chatarra.

El Sistema Inmunológico La desnutrición crónica produce una atrofia de los órganos y células linfoides (como el timo y el bazo) y podríamos decir que según el nivel de limitación alimentaria que se vive, se produce grado de Inmunodeficiencia adquirida se rompe la barrera. Esto genera un círculo vicioso: el niño se enferma más seguido, la infección le quita el poco apetito que tiene y los nutrientes se pierden en diarreas o fiebres, profundizando la desnutrición y la ruptura de las barreras protectoras. Entonces estamos ante una población que crece con el “escudo de protección” chueco, lo que sobrecarga el sistema de salud pública en una espiral interminable de curación de lo prevenible.

El Sistema Osteomuscular también cae en lo suyo. Un soporte corporal debilitado. No solo es que los huesos sean más cortos; su densidad y la calidad de las fibras musculares que los recubren cambian. El potencial de fuerza física y resistencia cardiovascular se reduce. Si ese niño, al crecer, solo tiene su fuerza física para vender en el mercado laboral (como jornalero o cargador), su herramienta de trabajo ya viene defectuosa de fábrica cuando se le va a necesitar.

El Sistema Cardiovascular y Renal. Estudios recientes muestran que la desnutrición temprana reduce el número de nefronas en los riñones y afecta la elasticidad de las arterias y ante eso se vuelve posible pensar que tenemos y estamos ante una población joven que empieza a sufrir de insuficiencia renal o fallas cardiacas a edades donde deberían estar en su pico de productividad y vitalidad.

Para resumir este pilar biológico del desarrollo de competencias, podemos concluir que a esta edad un cuadro de desnutrición y procesos infecciosos a repetición, agudos o crónico, es la mejor forma de producir un Cuerpo que se achiquita y que se desmantela en su potencial orgánico. De ello se deriva que cuando el Estado y la Sociedad ignoran atacar el verdadero origen de la desnutrición y mala salud infantil, como nuestro caso, lo que estamos haciendo y permitiendo es una mutilación sistémica. No es un problema de “comidita”, es un problema de ingeniería humana. Estamos condenando a millones de guatemaltecos a vivir en un cuerpo que funciona al 50% de su capacidad biológica, lo cual es la forma más silenciosa y cruel de exclusión social. 

  1. El Pilar Sociológico: El «Software» de Oportunidades alterado

La sociología nos enseña que el individuo no crece en el vacío. El desarrollo del potencial humano requiere de un andamio social y esto significa varias cosas.

  • Capital Cultural: son muchos los sociólogos que hablaban de que la familia y el entorno proveen las herramientas (lenguaje, aspiraciones, recursos, contactos) para que la biología se exprese de adecuada forma. Y entonces si existe.
  • Desigualdad Estructural: Si la sociedad solo ofrece recursos limitados para el desarrollo humano de los miembros del hogar y si lo que les ofrece es de baja cualificación (salud, empleo, educación, entretenimiento, medio ambiente), el sistema social “apaga” las capacidades que la biología sí desarrolló en su evolución. Es el talento desperdiciado.
  1. El Pilar de la Conducta (Psicología y Neurociencia)

En la comprensión de este pilar se unen la biología con la experiencia. La conducta no es solo voluntad; es el resultado de la interacción entre el cerebro y el estrés y demandas del ambiente físico y social. En una familia con limitaciones que se enfoca en sobrevivir en su día a día, y dentro de ella la interacción nutrición- salud de varios tipos actúa como limitante dentro de sus miembros, ello conduce al Estrés Tóxico. Solo como un ejemplo: vivir en pobreza genera cortisol constante. El cortisol alto y continuo daña el hipocampo (memoria y aprendizaje) y se genera un desequilibrio entre Resiliencia vs. Vulnerabilidad. En tales circunstancias, la conducta humana se adapta para sobrevivir al presente (comer hoy), lo que muchas veces impide planificar el futuro (estudiar para mañana) e interactuar con los demás.

En consecuencia, se debe comprender que la pobreza de potenciales de desarrollo humano, la ineficiencia de su desarrollo, no es un estado mental, sino un estado neurobiológico.  Cuando el hambre, la enfermedad y la incertidumbre entran por la puerta, el cerebro deja de ser un órgano de aprendizaje para convertirse en un radar de amenazas y de corrección, a expensas del presente y dañando el futuro. Profundicemos en los mecanismos neuronales de esta tragedia:

3.1 El Secuestro de la Amígdala: De la Razón a la Reacción

En condiciones de «estrés tóxico» (pobreza extrema, hambre, infección, inseguridad), el eje HPA (Hipotálamo-Pituitaria-Adrenal) se mantiene encendido 24/7. La amígdala (el centro del miedo y la supervivencia) se hipertrofia; se vuelve más grande y sensible lo que tiene un impacto en conducta. El niño vive en un estado de “hipervigilancia”. Cualquier estímulo es interpretado como un ataque. Esto explica por qué en entornos de desnutrición y pobreza, la impulsividad y la reactividad social son más altas. No es “mala educación” como suele interpretarse, es un cerebro defendiéndose.

  1. 2. La Atrofia de la Corteza Prefrontal: El Techo de Vidrio Cognitivo

Un “techo de vidrio” es una barrera invisible que no te permite subir, aunque parezca que el camino está despejado. Mientras la amígdala crece, la Corteza Prefrontal (CPF) —encargada de las funciones ejecutivas: planificación, control de impulsos y pensamiento abstracto— pierde densidad sináptica y en ello el Cortisol, la hormona del estrés, actúa como Ácido Neuronal: El exceso de cortisol crónico actúa casi como un solvente sobre las dendritas de la CPF.

Por lo tanto y en esto hay una gran tragedia, se forman individuos con poca capacidad de planificar tanto presente como futuro. Sin una CPF fuerte, el cerebro no puede “viajar en el tiempo”. Para un cerebro hambriento, el “mañana” es una abstracción irrelevante; lo único real es el hambre de “ahora”. Pedirle a alguien en estas condiciones que ahorre o planifique su educación es biológicamente injusto; su cerebro no tiene el sustrato funcional para hacerlo.

3.3 El Caso Específico del Hambre alimentario en la Conducta (La Neurobiología del Vacío)

El hambre no es solo falta de energía; es un potente modulador neuroquímico en que un fenómeno fundamental es la relación de la Dopamina y la Recompensa Inmediata: El cerebro desnutrido busca ráfagas rápidas de dopamina para compensar el malestar sistémico. Esto genera una propensión biológica a buscar gratificaciones instantáneas (comida chatarra, comportamientos de riesgo o adicciones) en lugar de recompensas a largo plazo. El daño al hipocampo no solo afecta la memoria pre y escolar; afecta la capacidad de construir una narrativa de vida. El individuo pierde la conexión entre sus acciones pasadas y sus metas futuras y la capacidad de una interpretación adecuada de su realidad.

Hay otro elemento que vale mencionar de este pilar:

3.4. La «Mutilación de la Libertad»

Desde la bioética, esto es fundamental: Sin biología sana, no hay libre albedrío. Si el sistema político y social permite la desnutrición y otras condiciones que lleven al estrés tóxico y desequilibrios cerebrales, está serie de acontecimientos está privando al ciudadano de su libertad más básica: la capacidad de decidir sobre su futuro. Un cerebro dañado por el cortisol y el hambre es un cerebro encadenado al presente, enfocado sustancialemnte en la sobrevivencia no en su correcta interpretación. La pobreza en Guatemala, entonces, no es solo un problema de falta de dinero, es una arquitectura cerebral de la desesperanza impuesta desde la cuna a muchos.

  1. El estado y el orden social en esto

Un neurólogo y las ciencias neurológicas dirían que el Estado al no combatir la desnutrición y prevenir de forma debida las infecciones, está “lobotomizando” silenciosamente a las nuevas generaciones, quitándoles la capacidad neurológica de ser ciudadanos críticos y emprendedores. 

A estas alturas de esta exposición, tenemos ya la película, el cuadro completo: la Biología nos muestra el cuerpo desmantelado. La Neurociencia que el cerebro está secuestrado por el cortisol. La Sociología y la política que el sistema administra la miseria.

Si ya establecimos que la desnutrición y el estrés tóxico “mutilan” el cuerpo y el cerebro, ahora debemos analizar un poco más el sistema que permite, y a veces necesita, que esa mutilación ocurra. El potencial humano no se marchita por accidente; se marchita por diseño o por omisión sistémica. Esto es lo que ha sucedido en la historia de nuestra República en este tema y debemos pasar a entender.

En Guatemala, el lugar y la familia donde te toca nacer definen tu futuro más que tus propias capacidades naturales y tu ADN. Podríamos decir que el destino de un niño guatemalteco no se escribe en su código genético, se sentencia en la precariedad de su cuna dado que no solo heredamos genes, heredamos entornos. La sociología nos habla de la “transmisión intergeneracional de la pobreza”. Un niño que nace en un entorno de estrés tóxico está predeterminado a un desarrollo incompleto antes de pronunciar su primera palabra.

Cuando el entorno social no ofrece modelos de éxito basados en el esfuerzo o el estudio sino solo en la supervivencia o la migración, el “techo” del potencial humano se baja por pura presión social.

Por lo tanto y al referirnos a la Dimensión Política del problema: Tanto el Estado como sus gobiernos han actuado como el “Anestesiador del potencial humano” y desde la ciencia política, debemos ver la falta de atención al potencial humano no como un fallo técnico de los ministerios del ejecutivo, sino como un fenómeno político y en esto entramos al campo de la biopolítica y dentro de ella nos orienta una frase del filósofo francés Foucault: El Estado ejerce poder sobre los cuerpos. 

Mantener a una población que sufrió de deficiencias biológicas y cognitivas por desnutrición, enfermedad y mala asistencia psicosocial, facilita el control social. Un ciudadano con la Corteza Prefrontal comprometida es más vulnerable a la manipulación emocional y a la compra de votos por un saco de fertilizante o una bolsa de víveres o una lámina. Estamos inmersos en un sistema político que pone de frente y contradicción la Infraestructura vs. El Ser Humano. La política prefiere el “ladrillo” porque se ve, se inaugura y permite corrupción. Invertir en el «software» (la evolución orgánica del niño, la nutrición de la madre) es una inversión silenciosa, cuyos resultados se ven en 20 años. Para un sistema político que piensa en periodos de 4 años, el potencial humano es una inversión “poco políticamente rentable”. Y acá entran en juego dos situaciones: El potencial humano y el desarrollo de la nación.

A estas alturas de nuestra historia, ya deberíamos tener claro que el Impacto en el Desarrollo de la Nación no se puede independizar del desarrollo del Potencial Humano ¿Cuánto dejaría de perder Guatemala si toda su población tuviera su capacidad cerebral al 100%? Se estima que el costo de la desnutrición crónica es de varios puntos del PIB anual en pérdida de productividad y costos de salud. La política guatemalteca que ha encontrado un “alivio” en la migración, no es correcta para combatir este desequilibrio, debe reencausarse a combatir desigualdades en el desarrollo humano para crear una economía de valor agregado (tecnología, industria, ciencia) y dejar de cultivar una política de exportación de capital humano en bruto para recibir capital financiero de retorno.

La política guatemalteca ha tratado el desarrollo humano como un acto de caridad, cuando es una cuestión de seguridad nacional, justicia biológica y desarrollo individual y nacional. Un país que permite que su infancia crezca con el cerebro y el cuerpo disminuidos, es un país que está cometiendo un suicidio colectivo a cámara lenta.

El Potencial Humano es un flujo: Nace en la Biología (Genes y Nutrición). Se moldea en la Conducta (Estímulos y Apego). Se expande en la Sociología (Educación y Trabajo). Se protege en la Política (Derechos y Salud). Es sobre esto que debería descasar una política social de un Gobierno que desea crear Potencial Humano realmente.

Alfonso Mata
Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.
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