La vivencia estética

Lejos de este mundo

Leopold Stokowski

Todos hemos sentido el haber sido llevados, mediante el mágico poder de la música, lejos de este mundo, hacia estados de emoción de irresistible poder y misterio, completamente desconectados de nuestra vida real, a veces temerosos, otras con una visión extática de la belleza, en una tierra de ensueño que jamás olvidaremos, en lugares de nuestra más profunda consciente comprensión, visión e inspiración…

Es en estos profundos planos de nuestro ser consciente, en nuestros más fuertes y hondos sentimientos, donde hallamos la quintaesencia de la música. Un músico verdadero que se concentre así se abstrae por entero. Las facultades existentes dentro de su subconsciente entran en acción: para ellas no tenemos nombre alguno. Se convierte en centro de fuerzas infinitamente mayores que ninguna de las dotes que la naturaleza le hubiera otorgado… Al escuchar la música, los músicos y los aficionados se unifican en espíritu. Es como si los cielos se abrieran y llamase una voz divina. Algo en nuestras almas contesta y comprende. Nos referimos aquí a la música más inspirada, tratando de comprender su naturaleza y profundo significado.

La música es como una voz que habla. ¿Qué dice? ¿Quién habla? Mediante nuestra intuición podemos obtener un destello de respuesta a estas preguntas. El destello puede ser insuficiente, pero puede ayudarnos a comprender muchas cosas, algunas de ellas concernientes a la parte física de nuestras vidas; otras, a aspectos más profundos y misteriosos. La ciencia nos ayuda a comprender muchos aspectos de las fases materiales y dinámicas de la vida, pero las más elevadas cimas de la música llegan de manera conmovedora cerca del núcleo central y de la esencia de la vida misma…

Para algunos de nosotros, esa vida íntima, la vida de ensueños, de imaginación, de visiones, es la vida auténtica, la que vivimos íntimamente. La vida externa parece precisa, consistente, concreta; pero en realidad es remota, la vida menos real. Esta vida exterior a veces nos deleita y conmueve, pero con demasiada frecuencia nos decepciona. Es fugaz, superficial. La vida interna, en cambio, jamás nos decepciona, es eterna.

Por medio de la música tenemos una visión y algo dentro de nosotros responde con intenso anhelo: es la infinita sed de belleza del alma humana… En nuestros corazones sabemos que estamos en contacto con algunas de las más elevadas potencias de la vida, lo comprendemos tan sólo de una manera confusa, pero nuestra voz interior nos dice que con la más bella música vibramos al unísono de la belleza, que es eterna. Cuando alcanzamos su última esencia, la música es la voz del todo, la melodía divina, el ritmo cósmico, la armonía universal (Music for all of us).