Luis Fernando Bermejo Quiñónez

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Por: Lic. Luis Fernando Bermejo Quiñónez
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“Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran escala? Y estas bandas, ¿qué son sino reinos en pequeño? Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, se reparten el botín según la ley por ellos aceptada. Supongamos que a esta cuadrilla se la van sumando nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciudades y someter pueblos: abiertamente se autodenomina reino, título que a todas luces le confiere no la ambición depuesta, sino la impunidad lograda”. San Agustín en la La Ciudad de Dios

Es de conocimiento general que fue destituido el fiscal Juan Francisco Sandoval de la FECI por decisión de la Fiscal General Consuelo Porras, sin que se cumpliera con el procedimiento disciplinario por “falta grave” ordenado por la Ley Orgánica del Ministerio Público según las reformas introducidas en el Decreto 18-2016. Lo anterior ha causado protestas e incluso repudio de representaciones diplomáticas, de algunas entidades gremiales (AMCHAM) y también dentro de la propia Iglesia Católica pudiendo mencionar especialmente el comunicado que fue publicado por la Compañía de Jesús en relación al asunto.

En dicho comunicado la Compañía de Jesús hizo declaraciones fuertes de las cuales quisiera destacar algunas. En su segundo párrafo este indicaba: «2. Una de las preferencias apostólicas universales de la Compañía de Jesús, es caminar junto a los empobrecidos, los descartados, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia. Nos preocupa el deterioro y desinterés de las autoridades de gobierno y algunos sectores privilegiados del país, por el combate a la corrupción y la impunidad. Los acontecimientos recientes así lo evidencian” (la negrilla es propia para hacer énfasis) Por otra parte en su último párrafo reza: “Vivir con dignidad en Guatemala no debe ser una utopía ni privilegio…Debe concluir el debilitamiento de la lucha contra la corrupción y la impunidad, que ha enviado al exilio a profesionales valientes y probos. Debemos unirnos y construir sin descanso un Estado de Derecho que posibilite un país justo, equitativo y seguro en el que quepamos todos.” Al respecto pude leer en redes sociales y en algunas columnas de opinión críticas bastante ácidas en relación a lo que se manifestaba en el citado comunicado así como en los demás pronunciamientos de la Iglesia Católica. Incluso algunas cuestionando la “inclinación política” de la Iglesia hacia la “izquierda”. La crítica me parece no fundamentada, o como mínimo, opinable.

Confieso, soy Católico, y por ello en esta columna daré mi punto de vista como miembro de dicha iglesia. No obstante ser Guatemala un Estado laico, los artículos 35 y 36 de la Constitución protegen la libertad de expresión y la libertad de religión. Para muchas personas, las enseñanzas cristianas constituyen parte esencial de su modo de vivir y, en particular, el catálogo moral de conducta por el cual se rigen. En la Biblia existen innumerables pasajes donde se indica qué espera Dios de los gobernantes y de la forma de vivir de los gobernados.

Fuera de la Biblia, pero con fundamento en ella, el Catecismo presenta una exposición orgánica y sintética de los contenidos fundamentales de la doctrina cristiana tanto sobre la fe como sobre la moral. En el Catecismo, por ejemplo, en párrafo 1902 establece: “La autoridad no saca de sí misma su legitimidad moral…” De forma similar el párrafo 1903 reza: “La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común del grupo en cuestión y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia”. Incluso en el párrafo 2246 del Catecismo se dice: “Pertenece a la misión de la Iglesia “emitir un juicio moral incluso sobre cosas que afectan al orden político cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas…” Todas estas enseñanzas forman parte de la Fe de muchos guatemaltecos. Por ello, me parece que así como no se objeta que la Iglesia se manifieste en temas políticos tan polémicos como el aborto, la eutanasia y otras materias, sino al revés se aplauden por diversos grupos, en esta materia donde es “notoria” la trascendencia de la espiral descendente hacia un Estado cleptocrático que afectará el bien común, no debería ser objetado tampoco. Es más, muchos de los altos funcionarios actuales que hacen alarde de su supuesta vida piadosa, deberían prestarle especial atención al siguiente pasaje del Libro de Sabiduría Cap. 6 vers. 4-5 sobre cómo serán juzgados los que ejercen el poder indebidamente: «4 Ustedes son los representantes de su poder real; ahora bien, si no han juzgado conforme a la justicia, ni han observado su ley, ni procedido según la voluntad de Dios,/5-los declarará culpables bruscamente, de manera terrible. Porque rigurosa es la sentencia para la gente que tiene un alto puesto».

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