Alfonso Mata

En niños, y adolescentes esto es muy delicado, dada la peculiaridad que tiene la biología de crecimiento y maduración en ellos, condiciones que no se presentan en los adultos y por consiguiente no se puede inferir que lo que funciona bien para los adultos funcione bien en los niños y adolescentes.

Cuando se trata de vacunas, un alto grado de seguridad es una de las cuestiones primordiales. Esto se debe a que incluso un riesgo pequeño, como uno en un millón, cuando se multiplica por decenas de millones producirá decenas o más de eventos adversos. La compensación ante esto, por supuesto, es la prevención de la enfermedad contra la que se dirige la vacuna.

Hay don hechos inmediatos que se observan en las vacunas a diferencia de un fármaco terapéutico que actúa sobre un enfermo que tiene algo. Cuando una vacuna se aplica y funciona, usualmente no sucede nada en el vacunado. Cuando hay un efecto secundario en una vacuna, una persona previamente sana tiene síntomas y se enferma por la vacuna misma. Esto se convierte en un problema delicado en el campo de la educación para la salud pública que tiene mucho que ver con el rechazo. El que algo pase espanta y hace rehuir. Se ha visto en vacunas colocadas en adultos de alto riesgo, que sus muertes repentinas a los pocos días de la vacunación por lo general no suelen deberse a la vacuna, pero eso es difícil de demostrar de manera concluyente a la gente y a veces no es persuasivo para la gente, sea cual sea la verdad del asunto. Después de todo, existe una clara relación temporal entre la inmunización y el único evento ante sus ojos que cambió: el haberse vacunado.

Vacunar a los niños provoca más temor que hacerlo en adultos. La preocupación por un niño y un adolescente ante cualquier evento nuevo, probablemente sea ya parte integral de nuestro comportamiento (es evolutivamente ventajoso), por lo que las emociones aumentan aún más ante lo no conocido. La publicidad sobre el autismo y las vacunas contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR) ya mantiene alerta a una buena parte de la población, aunque se haya dicho que no es cierto. El daño publicitario a los programas de vacunación infantil ha sido severo.

El caso de la vacuna de la influenza es un buen ejemplo. Los niños, al igual que los adultos, corren el riesgo de sufrir complicaciones graves de la influenza, por lo que vacunarlos es una medida importante de salud pública. Los institutos de control de enfermedades, estiman que niños menores de 5 años mueren anualmente a causa de la influenza y muchos más se enferman gravemente. Incluso cuando no se enferman gravemente, la circulación del virus en los niños, puede ser uno de los impulsores importantes de la influenza en los adultos. Hace algunos años, los investigadores estudiaron a 45,000 niños estadounidenses vacunados por influenza y no encontraron casi ningún efecto secundario que requiriera tratamiento médico durante las seis semanas posteriores a la vacunación de los niños. Algo nuevo también en aquel entonces (principios del 2000). Después de vacunarse contra la gripe, los niños tenían menos probabilidades de recibir tratamiento por infecciones del tracto respiratorio superior y del oído. Entonces era evidente que en la ecuación riesgo-beneficio de la inmunización infantil por influenza, esta se inclinaba hacia el lado de los beneficios.

El COVID-19 tiene sus peculiaridades. Generalmente no mata a las personas pero no es muy difícil infectarse por el SARSCoV-2. Millones han estado expuestos al SARSCoV-2, pero muy pocos se han infectado. ¿Por qué es esto? Aún no se tiene clara explicación, lo que si es cierto es que somos un almacén de miles de especies de microoganismos que combinados genéticamente a través del intercambio de micobacteriófagos, como un medio de cultivo vivo involuntario podemos alterar la letalidad de organismos ya existentes dentro de nosotros y del propio virus, como ha estado sucediendo. Esta no es una idea nueva, ni está particularmente bien respaldada por la evidencia.

Sí, si tiene 12 años o más. La Administración de Drogas y Alimentos de los EE. UU. (FDA) y los Centros para el Control de Enfermedades de EE. UU. (CDC) han otorgado una autorización de uso de emergencia (EUA) para varias vacunas COVID-19 no sin cerciorarse que ello sea seguro y eficaz. Tres cosas se pueden lograr con ello:

1º La vacuna ayuda a evitar que los niños contraigan COVID-19: aunque el COVID-19 en los niños es más leve que en los adultos, algunos niños pueden contraer infecciones pulmonares graves, enfermarse gravemente y requerir hospitalización. Los niños también pueden tener complicaciones como el síndrome inflamatorio multisistémico, que pueden requerir cuidados intensivos o síntomas duraderos que afectan su salud y bienestar. Entonces el virus puede causar la muerte en los niños, aunque esto es más raro que en los adultos.

2º La vacuna ayuda a prevenir o reducir la propagación del COVID-19 y puede ayudar a evitar que surjan otras variantes. Sin embargo, la vacunación incompleta, es decir, no recibir la segunda inyección (para una vacuna que requiere 2 inyecciones), da la posibilidad de que surjan variantes.

3º Las vacunas COVID-19 ayudan a proteger a la comunidad: Otra razón para considerar seriamente una vacuna COVID-19 para su hijo es proteger la salud de quienes viven y trabajan en su área.

La OMS ha dicho que con la producción de vacunas ahora en casi 1.5 mil millones de dosis por mes, podemos llegar al 40% de las personas en todos los países para fin de año, eso sí resultaría significativo para lograr el control del COVID-19, pero eso es posible si se garantiza que su distribución sea equitativa. El éxito de ese plan requiere una distribución equitativa y sin un enfoque coordinado y equitativo, la reducción de casos en cualquier país no se mantendrá a lo largo del tiempo. Esto significa al menos tres cosas:

1º Un orden mundial de distribución que significa que los fabricantes de vacunas prioricen y cumplan los contratos con coordinación mundial (COVAX y AVAT) como una cuestión de urgencia, y sean más transparentes sobre a dónde envían, que envían y compartir conocimientos y licencias no exclusivas para permitir que todas las regiones aumenten la capacidad de fabricación. 2º De parte del gobierno la organización y funcionamiento de planes de vacunación con coberturas adecuadas en la sociedad civil.

3º Que las organizaciones comunitarias y el sector privado, apoyen y aboguen a nivel local y nacional por el acceso equitativo no solo a las vacunas sino también a las pruebas y tratamientos. Todos los sectores deben avocarse a lograr rapidez y eficiencia y una advertencia a todos, pero especialmente al Sistema de Salud: Aunque la distribución equitativa de las vacunas ayudará a poner fin a la pandemia, sus efectos se seguirán sintiendo durante muchos años, especialmente para las personas que han sido infectadas y seguirán sufriendo los efectos de la enfermedad post COVID-19, también conocida como largo COVID. Los programas de salud deben tomar en cuenta eso en sus planificaciones.

En el brazo donde recibió la inyección:

Dolor

Enrojecimiento

Hinchazón

En el resto de tu cuerpo:

Cansancio

Dolor de cabeza

Dolor muscular

Escalofríos

Fiebre

Náusea

 

 

 

Alfonso Mata
Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.
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