La SAAS en ridículo

El Caso Estrada está teniendo colas desde antes de que se conozcan interioridades, por ejemplo, de lo que ocurrió en la pachanga que hubo en su hacienda y a la que, entre otros cuestionados personajes, asistió el presidente Jimmy Morales. Ayer se evidenció que el mandatario utilizó el helicóptero propiedad del político ahora vinculado no sólo al narcotráfico sino a planes para asesinar adversarios y la Secretaría de Asuntos Administrativos y Seguridad de la Presidencia se metió solita en un enorme lío por querer lavarse las manos sobre ese evidente contubernio que ha existido entre Morales y Estrada.

Los comunicados del Gobierno e informes de la SAAS tiran la responsabilidad a Francisco Rivas, exministro de Gobernación, y a Nery Ramos, ex director general de la PNC, pero ambos han documentado claramente la falsedad de la afirmación que hicieron para eludir la responsabilidad. Debe saberse que la SAAS es la entidad encargada de la seguridad presidencial y por lo tanto jamás debió permitir que el gobernante se desplace en aeronaves de procedencia desconocida. Por muy de confianza que fuera quien sugirió usar esa nave, la SAAS tenía que realizar un mínimo análisis para garantizar que la nave contratada era absolutamente segura, no digamos que no estuviera vinculada ni por asomo con usos ilícitos.

El hecho es que tanto la PNC como el Ministerio de Gobernación alquilaron helicópteros para el viaje a la inauguración de la sede policial en San Rafael Pie de la Cuesta y ninguna de esas naves era la TG MEO en la que terminó viajando el Presidente de la República. Tanto los funcionarios, con pruebas documentales, como los supuestos contratistas señalados por la SAAS, coinciden en que la nave utilizada no fue de las contratadas por PNC y Mingob porque al llegar al hangar presidencial se les dijo que el gobernante viajaría en una nave sugerida “por alguien de confianza” y esa resultó ser la Tango Golfo Mario Estrada Orellana (TG MEO).

La entidad encargada de la seguridad presidencial da a entender que no tuvo ni la más mínima idea de cómo el mandatario fue a parar al helicóptero de quien hoy está preso en Estados Unidos por conspirar para trasladar droga a ese país y para asesinar a sus rivales políticos. Menudo lío en el que se metieron cuando permitieron que alguien “de confianza” subiera al Presidente a la nave y, peor aún, cuando quisieron sacar el clavo embarrando a dos exfuncionarios destituidos precisamente por ser gente decente que no se sometía al Pacto de Corruptos.