La persistencia en la disparidad de género

Eduardo Blandón

ejblandon@gmail.com

Fecha de nacimiento: 21 de mayo 1968. Profesor de Filosofía, amante de la literatura, fanático de la tecnología y enamorado del periodismo. Sueño con un país en el que la convivencia sea posible y el desarrollo una realidad que favorezca la felicidad de todos. Tengo la convicción de que este país es hermoso y que los que vivimos en él, con todo, somos afortunados.

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Eduardo Blandón

Los avances de la ciencia y la tecnología nos hacen sentir que vivimos en tiempos de progreso, vemos el pasado con aires de superioridad. Olvidamos que, aún con toda la inteligencia artificial y el desarrollo de los algoritmos, seguimos siendo los mismos pitecántropos egoístas, temerosos y elementales.

No se puede entender de otro modo la falta de paridad, por ejemplo, entre hombres y mujeres que trabajan en el campo de la investigación científica, según lo revela el estudio publicado recientemente titulado, “Gender trends in computer science authorship”. El trabajo pone en evidencia lo que ya intuíamos respecto a que los hombres (y los blancos) son los que tienen más oportunidad y espacio para publicar en el ámbito científico.

El texto pronostica que si la tendencia continúa como hasta ahora (y así será, conforme las estadísticas), la paridad entre el número de hombres y mujeres autores no se alcanzará en este siglo. “Con base a nuestro modelo de proyección más optimista, la paridad de género se alcanzará hasta el año 2100”.

El problema radica quizá en la persistencia de prejuicios que hace suponer que los hombres son superiores en áreas específicas de las disciplinas del conocimiento, la numérica, por ejemplo. De ese modo, puede que hasta inconscientemente, los espacios se abran más fácilmente para un género en particular.
Al mismo tiempo, las oportunidades suelen incrementarse para el sexo masculino cuando son hombres quienes manejan las revistas científicas y las posibilidades de participación académica en las universidades o instituciones de investigación. Esas circunstancias allanan el camino para el grupo al que nos referimos y provoca la disparidad.

Para mejorar se hace necesaria la educación que permita prácticas que normalicen el acceso al liderazgo según las competencias. Se trataría de ir más allá del discurso para promover una conducta más adaptada a los principios de equidad y justicia en todos los sectores de la sociedad. Más aún, es fundamental revisar la legislación para corregirla y proyectarla a las nuevas exigencias, según el horizonte conceptual que ofrecen las ciencias humanísticas.

Eva Levy, reconocida experta en temas de diversidad, resume el valor de la paridad en el texto citado a continuación.

“La paridad es indispensable para el desarrollo económico. Es decir, no se trata de que haya tantos hombres como mujeres de manera forzada y hasta ridícula, sino de que sea completamente natural que las mujeres ocupen tantos puestos como puedan de acuerdo con sus competencias. Pero todavía hoy, al menos para los cargos de responsabilidad, detrás de los temas de género hay un asunto de poder, porque entran más competidores en la ecuación y esto genera fricciones y resistencias al cambio. Los sesgos inconscientes de la cultura empresarial son el gran obstáculo de la igualdad y así nos seguimos encontrando con empresas que no están preparadas para tener líderes de ambos sexos”.

La investigación citada al inicio del artículo ofrece mejores pronósticos para el ámbito de la biomedicina que llegará a la paridad de género en el año 2048. Cerca del 27 por ciento de los investigadores en ciencias de la computación son mujeres, versus el 38 por ciento en biomedicina. Se ve que el porvenir es poco halagüeño y que los avances tecnológicos no progresan a la par de nuestro desarrollo humano. En esto, vamos todavía muy despacio.