La interacción nutrición y salud mental

Alfonso Mata

FACTORES FISIOLÓGICOS Y PSICOSOCIALES
Olvidarse de relacionar bajo el ángulo de problema de salud la dieta y la nutrición con la enfermedad mental es muy frecuente. Nos referimos a que ignoramos mucho los resultados patológicos y psicosociales que salen de esa interacción; ejemplo, edad nutrición y aspectos psicosociales; historia de enfermedades y nutrición. Se hace difícil relacionar el comportamiento alimentario y con conductas y emociones, lo que sí sabemos es que son situaciones que en general exponen al individuo a vulnerabilidad corporal y psicosocial y que todo condiciona a una morbilidad e incluso la muerte. Por ejemplo, la anorexia del envejecimiento puede jugar un papel importante en precipitar daño cerebral; la desnutrición en el primer año de vida, en la organización y funcionamiento cerebral tanto presente como futuro, ya sea a causa de enfermedad, reduciendo la ingesta de alimentos directamente o reduciendo la ingesta de alimentos en respuesta a nivel socioeconómico. La desnutrición también es relativamente común en las personas adultas de edad avanzada y puede estar asociada con la salud mental, especialmente la depresión y no al acceso a los alimentos, creando un círculo vicioso en que los trastornos mentales son un factor de riesgo de pérdida / desnutrición involuntaria de peso en pacientes geriátricos.

No todo está claro en la interacción nutrición enfermedad nutricional. En la población adulta en países desarrollados, los estudios de la relación entre el índice de masa corporal (IMC) y los síntomas de algunos problemas de salud mental, han arrojado resultados contradictorios. En un estudio de EE. UU., la depresión en los hombres se encontró asociada con el peso corporal1.  De igual forma son ya varios los estudios que muestran que tanto el riesgo de mala nutrición (desnutrición u obesidad) y los síntomas de salud mental, son más frecuentes en mujeres que en hombres y en ello los factores psicosociales juegan un papel importante. También se conoce que en adultos y personas mayores, las mujeres tienen más síntomas de enfermedad mental que los hombres2.

Las enfermedades, especialmente los accidentes cerebrovasculares, el infarto de miocardio y el cáncer, (asociados con la nutrición) representan factores de riesgo para los síntomas depresivos en individuos de edad avanzada.  Las enfermedades somáticas pueden aumentar el riesgo de malnutrición.  Sin embargo, la historia de estas tres importantes enfermedades somáticas no parece afectar las conclusiones de esa relación entre dieta, factores psicosociales y enfermedad mental.

Por consiguiente pareciera que podemos aseverar que el deterioro de la salud mental se asocia fuertemente con el riesgo de mala nutrición en diferentes etapas de la vida de hombres y mujeres y el impacto de esa asociación varia con la edad y el género, así como con la calidad de vida y asistencia de salud.

UN PROBLEMA PARA EL SISTEMA DE SALUD
En todo problema de salud –la enfermedad mental y nutrición no parece ser excepción– tanto las condiciones de vida como la organización de atención médica, son elementos que determinan la evolución de uno y otro problema nutrición y enfermedad mental y las interacciones que se pueden dar en ello. En nuestro medio, los estudios nutricionales y de salud mental en poblaciones fuera de la niñez han sido olvidados y por consiguiente, no se cuenta con datos al respecto, que son necesarios para lograr entender mejor esa interacción nutrición enfermedad mental y poder generar programas preventivos y asistenciales más adecuados basados en la descripción de la prevalencia de los problemas de salud mental, y nutricionales, más allá de lo que ya se realiza para el caso de la niñez y la salud reproductiva. Por ejemplo, sabemos que la ingesta inadecuada de nutrientes y energía puede conducir a la deficiencia de ácido fólico, tiamina o cobalamina3 que puede empeorar los síntomas de salud mental.

Entonces en el sistema de salud; lo sabido a la fecha determina que el clínico debe preocuparse de conocer lo nutricional y la salud mental en sus pacientes. El salubrista por la planificación de programas preventivos en estos campos: nutrición y salud mental de las poblaciones en grupos de población, los tenemos descuidados4. Las unidades de salud saben que los trastornos de ansiedad, depresión y somatomorfos (ADSom) son altamente prevalentes en la atención primaria. La gestión de estos trastornos requiere mucho tiempo y un fuerte compromiso del personal de salud, lo que en la actualidad no se hace o se hace de manera muy empírica. Además, el manejo de estos pacientes, está restringido por las altas tasas de rotación de pacientes en las prácticas de atención primaria. Hacemos tal aseveración, basados en que los datos de poblaciones adultas han indicado que una dieta de mejor calidad se asocia con mejores resultados de salud mental5-6.

La atención del problema debe realizarse de manera integral. Por ejemplo, la mala calidad nutricional se asocia de forma independiente con los síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad7. Sin embargo, la relación entre la ingesta dietética en la infancia y la adolescencia y las conductas de internalización que representan síntomas depresivos, bajo estado de ánimo o ansiedad, han sido menos estudiadas. Dado que la literatura en adultos con respecto a la dieta y la salud mental se ha centrado en los trastornos mentales comunes (la depresión y la ansiedad) se necesita el examen de estos mismos parámetros de salud mental en niños y adolescentes. La evidencia que está disponible hasta la fecha, los hallazgos, siguen siendo inconsistentes.

Se hace entonces necesario realizar investigaciones para intentar dilucidar la relación entre la calidad de la dieta y la salud mental en poblaciones jóvenes y adultas y la direccionalidad de la relación y las temporalidades. Por ejemplo, puede darse el caso de que los niños y adolescentes con trastornos o síntomas internalizadores (limitación de la salud mental) coman menos bien, como una forma de automedicación. Sin embargo, es igualmente concebible que la influencia de los hábitos alimenticios tempranos y la ingesta nutricional, tenga un impacto importante sobre la salud mental.

Se requieren estudios prospectivos y de intervención para mejorar el nivel de evidencia en la relación nutrición salud mental. Dado que la edad promedio de inicio para muchos trastornos mentales como la ansiedad y los trastornos del estado de ánimo es entre los 6 y 13 años, el potencial de intervención temprana mediante el uso de estrategias dirigidas a mejorar la ingesta dietética a nivel de este grupo de población, puede ser un importante beneficio para la salud pública. Sin embargo, esto requeriría medidas políticas para mejorar los servicios de salud.

Figura: Interacciones de la salud mental
1 Palinkas LA, Wingard DL, Barrett-Connor E. Depressive symptoms in overweight and obese older adults: a test of the “jolly fat” hypothesis. J Psychosom Res. 1996;40:59–66. doi: 10.1016/0022-3999(95)00542-0.
2 Cole MG, Dendukuri N. Risk factors for depression among elderly community subjects: a systematic review and meta-analysis. Am J Psychiatry. 2003;160:1147–1156. doi: 10.1176/appi.ajp.160.6.1147.
3 Harris D, Haboubi N. Malnutrition screening in the elderly population. J R Soc Med. 2005;98:411–414. doi: 10.1258/jrsm.98.9.411
4 Mowe M, Bosaeus I, Rasmussen HH, Kondrup J, Unosson M, Irtun O. Nutritional routines and attitudes among doctors and nurses in Scandinavia: a questionnaire based survey. Clin Nutr. 2006;25: 524–532.
5 Jacka FN, Pasco JA, Mykletun A et al. Association of Western and traditional diets with depression and anxiety in women. Am J Psychiatry. 2010;167(3):305–311.
6 Lai JS, Hiles S, Bisquera A, Hure AJ, McEvoy M, Attia J. A systematic review and meta-analysis of dietary patterns and depression in community-dwelling adults. Am J Clin Nutr. 2014;99(1):181–197.
7 van Egmond-Fröhlich AW, Weghuber D, de Zwaan M. Association of symptoms of attention-deficit/hyperactivity disorder with physical activity, media time, and food intake in children and adolescents. PLoS ONE. 2012;7(11) e49781