KEMONÏK CH’AB’ÄL / TEJER VOCES

La estrategia del miedo

Sandra Xinico Batz

sxinicobatz@gmail.com

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Sandra Xinico Batz
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El miedo puede inmovilizar; la estrategia de controlar a través del miedo ha sido una constante en Guatemala, para evitar que la población reaccione o se percate de lo que desde el poder se gesta, para continuar sometiéndonos. El pánico, la paralización, que el miedo puede provocar, es también una reacción que surge de la historia de violencia e injusticia que han imperado en el país; se ha recurrido a la violencia para provocar en la población un estado de shock permanente, que entre la zozobra y el dolor que estos causan, no logrará dirigir la atención hacia otras cosas que no sean el efecto o las secuelas de las violencias provocadas.

Un ejemplo de esto, es la violencia que aumenta en épocas electorales, para dirigir y controlar la intención del voto, buscando con esto que la población vote por aquellos partidos políticos que ofrecen militarización, pena de muerte o “mano dura” para combatir esas olas de violencia, que precisamente han sido intencionadas para esto. Este es tan sólo un escenario en donde se ha aplicado la estrategia del miedo. Desviar la atención es una capacidad que los gobiernos han ido desarrollando, para evitar ser evidenciados por los delitos que cometen; los costos de esto lo pagan los grupos socialmente más empobrecidos y excluidos, pues son quienes terminan siendo carne de cañón, cuyas muertes son justificadas porque se relaciona la pobreza con la criminalidad.

Las últimas semanas hemos visto una intensificación en la violencia, que lamentablemente es cotidiana, pero tiende a aumentar en determinados momentos. En unas cuantas semanas se han registrado una gran cantidad de femicidios, desapariciones y secuestros de mujeres, niñas y niños. El gobierno niega que esto esté ocurriendo, el presidente tiene el descaro de decir que son noticias falsas, cuando basta con revisar las alertas Alba Keneth e Isabel Claudina para comprobar la terrible situación que estamos viviendo.

¿Tiene el gobierno la necesidad de echar a andar, una vez más, la estrategia del miedo o de la distracción? ¿Ya olvidamos acaso, que en medio de los cuestionamientos a la gestión de Giammattei relacionada con el Centro de Gobierno y su director Miguel Martínez, el presidente resulta en esos días contagiado de COVID-19?

Nada en este país ocurre de manera fortuita. En un Estado podrido como este, no es paranoia pensar que la violencia puede ser provocada por este mismo, para desviar la atención, para evadir la fiscalización social y principalmente para evitar cualquier levantamiento o reacciones que atenten contra el statu quo; esto es algo que debemos de aprender de la historia, que en política nada es casualidad, es necesario dudar, ir más allá de lo aparente, de los discursos, porque cuando de poder y dinero se trata no existen “buenas intenciones”.

Se trata de poder, de controlar para no perderlo. El hallazgo de más de 122 millones de quetzales, vinculados a corrupción cometida por exfuncionarios de gobierno, es una mínima prueba de la cantidad de dinero que puede llegar a circular de forma anómala.