Ilustración de una vacuna con la bandera rusa de fondo. Foto La Hora/DPA/Europa Press/THIAGO PRUDENCIO/ ZUMA PRESS.

MADRID
Agencia DPA/Europa Press
La carrera por encontrar una vacuna contra la COVID-19 ha trascendido el interés médico para incluir también un enfoque geopolítico, en el que las farmacéuticas privadas occidentales pugnan con potentes institutos públicos como los de Rusia y China, que han logrado tejer nuevas alianzas y mercados más allá de sus socios tradicionales.

El mundo ha superado esta semana el umbral de las 100 millones de dosis administradas, según datos de Our World in Data, un portal desarrollado desde la Universidad de Oxford y que actualiza diariamente las informaciones recabadas en aquellos países que ya han iniciado la campaña.

A día de hoy, apenas un 1 por ciento de la población mundial está vacunada, si bien este porcentaje oculta claras diferencias por países, ya que mientras que en Israel y en Emiratos Árabes Unidos ya han recibido alguna dosis más de una tercera parte de sus habitantes, en la inmensa mayoría de África el dato sigue siendo cero.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene registradas más de 200 vacunas en desarrollo en todo el mundo, de las cuales más de 60 están ya en la fase de ensayos clínicos, lo que evidencia la lucha de empresas o institutos públicos por seguir en la carrera, aunque en la mayor parte de los casos se trate de un recorrido de fondo.

Por ahora la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) de Estados Unidos solo ha autorizado para su uso de emergencia las vacunas desarrolladas por Pfizer y BioNTech y por Moderna, mientras que la Agencia Europea del Medicamento (EMA) ha añadido a estas dos la de Astrazeneca, no sin polémica por el retraso en la entrega del producto.

Occidente intenta sacar músculo en materia de investigación frente a Rusia y China, que también se han apresurado con vacunas que no solo han comenzado a inocular a su población, sino a utilizar como herramienta clave para exportar. En ambos casos, en un principio se observaron con recelo la falta de datos sobre eficacia, pero esta semana la revista ‘The Lancet’ ya avaló que la Sputnik V rusa tenía un 91,6 por ciento.

EN BUSCA DE MERCADOS

Rusia ya comenzó a tender puentes en la fase de ensayos clínicos, que también se desarrollaron en Bielorrusia, Emiratos Árabes Unidos, India y Venezuela, y ahora presume de que la Sputnik V ya ha recibido el visto bueno de más de una decena de países. Entre ellos hay varios de Europa e incluso uno, Hungría, dentro de la UE.

Según la web de la vacuna, más de dos millones de personas en todo el mundo han recibido alguna dosis y dirigentes como el argentino Alberto Fernández ya se la han puesto.

El escenario se repite en el caso de China, que ha autorizado hasta la fecha dos vacunas, las desarrolladas por Sinopharm y por SinoVac, si bien el gigante asiático mantiene un ritmo lento de vacunación a nivel interno, en gran medida por la baja incidencia de una pandemia que apenas suma unos 100.000 casos dentro de las fronteras.

China está tejiendo redes exportadoras que se extienden por América Latina y África, principalmente, pero también por Europa, con Serbia como punta de lanza. Según el periódico oficial ‘Global Times’, más de una veintena de países «han desafiado la difamación de los medos occidentales» para adquirir vacunas chinas.

La fuerza de Moscú y Pekín podría ampliarse con una nueva alianza, ya que fuentes citadas por la agencia Bloomberg han avanzado que el Fondo de Inversión Directa de Rusia, socio del programa de Sputnik V, está ya en conversaciones con la firma china CanSino Biologics para probar un régimen combinado de vacunas que respondería a las nuevas variantes de coronavirus detectadas en las últimas semanas.

El director de Análisis y Desarrollo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), Rafael Vilasanjuan, opina que «las vacunas se han convertido así en un arma más de la batalla geopolítica, con Moscú y Pekín lanzándose a «ocupar el vacío» que ha dejado Estados Unidos con acuerdos bilaterales que complementan en países de ingresos medios la labor de la plataforma COVAX, impulsada por la OMS.

En este sentido, en un reciente artículo publicado por el Real Instituto Elcano, señala que las medidas proteccionistas norteamericanas han limitado la venta a países europeos como Ucrania o al norte de África, lo que por ejemplo ha afectado a «socios tan estratégicos en el mundo árabe» como es Marruecos, donde China ha sabido ocupar el mercado vacante.

«La urgencia por la vacuna es la misma en Europa que en África o en el resto del mundo, y eso es lo que ha provocado esta otra carrera comercial, para asegurar que estos países no se queden a la cola», señala, reconociendo que las dudas sobre la capacidad de producción de las grandes farmacéuticas no hacen sino avivar nuevas relaciones.

NUEVAS OPCIONES PARA LA UE

El abanico de opciones parece también ampliarse incluso dentro de la UE, donde ya no se cierra la puerta a una hipotética incorporación de Sputnik V. Entre las posibilidades que se barajan está la de que dicha vacuna comience a ser producida en territorio de la UE, lo que permitiría calmar dudas logísticas y suavizar debates políticos.

Las autoridades de Rusia ya habrían consultado a la empresa farmacéutica alemana IDT Biologika, ubicada en el estado de Sajonia-Anhalt, según fuentes del Gobierno regional citadas esta semana por la prensa de Alemania.

La firma, sin embargo, prefiere guardar silencio. Fuentes consultadas por Europa Press se limitan a decir que están en contacto «con varios fabricantes de vacunas para responder juntos al gran desafío del suministro».

Diario La Hora
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