La cesárea milagrosa

Embarazo. Foto la hora: Ap

Alfonso Mata

Muchas mujeres alucinadas por mantener el fisiquín, acuden en masa a dar a luz a través de la Cesárea, cosa que contribuye poco a lo que ellas pretenden y daña al niño aunque aumenta el auge de la técnica y el bolsillo profesional. Este caso de la vida real, va por otro rumbo y lo trascribo textual a como me llegó.

Desde hace algunos meses, no muchos, trabajo en un sanatorio. Soy enfermera recién graduada y esto me ocurrió en plena pandemia de coronavirus. Aquella tarde estaba a cargo de la recepción de pacientes. Aquella tarde, mi jefe, un ginecólogo, había finalizado su última consulta, cuando a la entrada al sanatorio, una sombra lentamente se acercó a mi escritorio. La mujer era atractiva, de mediana estatura, caminaba con dificultad inclinada hacia atrás y cuando estuvo frente a mí, me pidió en un tono de voz alto y un poco brusco ver al doctor

– ¿qué doctor le pregunté?
– Pues el doctor que trabaja aquí

Ella tenía entre 25 a 30 años, probablemente de educación media y la acompañaba un varón que se quedó a la entrada del sanatorio.

El doctor al tono de voz de la señora salió de su consultorio y me hizo seña de que la dejara pasar

– Si señora en que puedo servirle
– Doctor tengo muchos dolores de estómago
– Desde cuándo tiene ese dolor
– Hace un par de días respondió colocándose sus manos sobre el vientre.

A ese inicio de diálogo siguió una serie de preguntas sobre la historia de su dolor y su estado de salud previo a las que la paciente respondía no siempre bien y luego de un examen largo y cuidadoso que le práctico el doctor, le dejó ir el diagnóstico:
– Embarazo señora, con trabajo de parto y este es de alto riesgo pues su presión arterial está muy alta.

Lo cierto es que apenas emitido el diagnóstico del doctor, la paciente se levantó bruscamente de la silla y encarándolo, lo espetó a gritos:

– ¡Es usted un mentiroso! Le voy a demandar por mala práctica ¿Cómo puede asegurar eso usted? me está calumniando.

El doctor la dejó terminar y le volvió a repetir
– Embarazo de alto riesgo usted tiene que hospitalizarse ya…
– ¡Es usted un mentiroso!
– Señora no perdamos tiempo, si no puede pagar, la trasladamos al hospital general.

Esta vez, la señora tomó su bolso con fuerza, retiró al doctor con brusquedad y salió del consultorio dando un portazo y se encaminó a la salida del sanatorio y con el hombre que la esperaba se fueron.

Pasaron las horas. A eso del filo del atardecer, la dama regreso. Venía profundamente molesta pero se le notaba sumamente cansada, sudorosa y jadeaba un poco, aunque su agresividad seguía en pie

– ¡Quiero hablar con el doctor!
– Espere un momento
– No ahorita me dijo y dando media vuelta alrededor de mi escritorio se dirigió directamente hacia la clínica abrió la puerta y gritó:
– Bien, aquí estoy de nuevo, fui al hospital y esos tarados persisten en decir al igual que usted que estoy embarazada.
El doctor se paró y quiso indagar más sobre la salud de la señora y decidió hablar con su acompañante que en esta ocasión si entró para estar más seguro de que era lo que estaba sucediendo con ella y entonces el doctor le dijo al acompañante:
– La señora necesita hospitalización inmediata es un embarazo de alto riesgo

El hombre solo desvió la mirada mientras el doctor me decía:
– Enfermera, está señora necesita ser ingresada o llamé a los bomberos, pues de otra forma puede morir. Tiene un trabajo de parto de alto riesgo.
– Usted señor ¿qué decide? Le pregunto el doctor de nuevo al acompañante

El hombre levantó los hombros sin decir palabra.

Mientras tanto, la mujer no dejaba de proferir insultos y amenazas, cuando de pronto calló. De improviso su resistencia se debilitó y se desplomó al suelo. El doctor y yo rápidamente la sentamos y saliendo a la puerta del consultorio grito:
– Preparen quirófano, esta choqueada, no tenemos más tiempo, llamen a la instrumentista de sala y al pediatra y anestesista.

Rápidamente la trasladamos a una camilla, no tenía signos vitales, la trasladamos a sala de operaciones, la desvestimos como pudimos, nos pusimos los guantes de prisa y colocamos los campos quirúrgicos

– ¿ Y el anestesista doctor?
– No hay tiempo, páseme el bisturí y empecemos
Y en cuestión de minutos, menos de 5, sin colocar anestesia alguna, rápidamente el doctor empezó la cesárea, abriendo con el bisturí piel y sucedáneos. El sonido seco rápido y diestro del bisturí, fue seguido de un rápido y diestro pinzado de vasos para que la paciente no se desangrara y en cuestión de minutos entró al útero y sacó a un bebé completamente morado.
– ¡Enfermera! páseselo rápido al pediatra, el bebé viene totalmente deprimido.
– Apagar 3-4 dijo el pediatra.

Finalmente luego de algunos minutos se oyó en el quirófano un leve quejido, que para nosotros fue como rugido de León.

Entonces ingresó a sala de operaciones el anestesista y el doctor pudo terminar su obra pulcra y caritativa dejando cerrada con una hilera de puntos y protegida por un vendaje la herida quirúrgica habiendo concluido aquel trabajo con éxito y con un nuevo ser traído a este mundo. A lo cual todo el equipo que participó en esta cesárea quedó completamente anonadado por la valiente acción del ginecólogo.

Luego de transcurridas unas horas, ya en el amanecer del siguiente día y aun sin que la señora hubiera recuperado sus facultades mentales, fue transferida al hospital nacional para su tratamiento posterior y a la sombra de un nuevo día con nuestra mascarilla colocada en cara, nos despedimos de aquella madre y su hijo desde la acera del sanatorio.

Ahora que ya puedo reflexionar más tranquilamente no sé –pero creo que es una posibilidad- que el cuadro de eclampsia que evolucionaba delante de nuestras narices, fue la que alteró el estado mental de aquella mujer, aunque no descarto del todo –no conocimos la historia de la paciente- si a eso se agregaba fuerte ignorancia o vergüenza. Lo cierto es que estuve delante de una mujer totalmente solitaria, que en ningún momento tuvo y contó a su lado con una palabra o gesta de aliento y por lo que sé, ella y su hijo se encuentran vivos ¿cuánto bien ella y el bebé? ¡lo ignoro!.

Pero el caso me deja muy triste y pensativa. Es una lástima que la cadena de circunstancias que rodean la salud y la enfermedad de las mujeres, aun sea poco conocido y no creo que sea producto de circunstancias inocentes, sino más bien de inequidades y desigualdades dentro del sistema de salud. Esa mujer antes de estar con nosotros, estuvo en el hospital general y no resolvieron. Luego de su primera visita a nosotros de nuevo regreso al hospital y finalmente terminó una tercera vez. En algo fallamos todos como sistema y fue gracias a una decisión certera de mi jefe, que el caso no terminó en desgracia, aunque si posiblemente con daños en madre y bebé.

Este caso me dejó otra lección: un cuidado y mejoría de la salud adecuado, exige cuidados diarios no solo de parte de los servicios de salud sino de la sociedad y un trabajo real entre ambas partes: la curación, la salud es un proceso y todo proceso exige acciones no objetivo solitario. En este caso, en estos momentos ¿Qué será de esa madre y ese niño? ¿Quién los podrá apoyar en su programa de vida? Creo que el hospital no responderá a esas dudas, no está preparado para ello.