El Estado y sus instituciones están muy lejos de podernos ofrecer la seguridad sanitaria y el uso de mascarilla se vuelve como siempre en clave de la prevención. Foto La Hora/José Orozco

Analizando las cifras del coronavirus alrededor del mundo uno puede darse cuenta que la región en donde mayor control parece haber es en el llamado Lejano Oriente, conformado por países asiáticos en donde existe una cultura añeja de comportamiento responsable. Nuevas cepas del virus surgen en muchos lugares, pero sobre todo en sitios donde la población se rehúsa a seguir las instrucciones de responsabilidad sanitaria que obligan al uso correcto de la mascarilla, la higiene y el distanciamiento social, aún y cuando ya parte importante de la población esté vacunada.

Estados Unidos es una buena muestra puesto que gracias al peso de lo que ahora se conoce como Trumpismo, que reniega de la ciencia y con el rechazo a la mascarilla pretende hacer del tema una causa política, sigue teniendo diariamente un alto número de contagios no obstante que más del 20% de la población ya recibió la doble vacuna.

Citamos lo anterior para insistir en que el futuro de la pandemia no depende tanto ni siquiera de las vacunas sino de la responsabilidad de la gente y ahora en Guatemala, más que nunca, debemos reconocer que el Estado y sus instituciones están muy lejos de podernos ofrecer la seguridad sanitaria que hace falta y dependemos de nuestro comportamiento y de nuestra responsabilidad.

El gobierno impondrá hoy algunas medidas nuevas con algunas restricciones y dará más poder a los alcaldes para que puedan decidir sobre sus comunidades, pero ya sabemos que aquí todo se sigue arreglando de acuerdo a los viejos patrones y si bien el que no tiene conectes puede ser hasta apresado, como pasó a los de la fiesta en la zona 11, los que gozan del suficiente cuello no sólo pueden hacer pachangas en terrenos públicos, como el zoológico, sino que no reciben ni siquiera por fregar la visita de la policía para determinar la violación de la ley seca.

La salud suya depende, en última instancia, de su responsabilidad y de la de quienes se relacionan con usted. Si no alcanzamos ese nivel de conciencia no podremos jamás cantar victoria ante este virus que se sigue propagando y que ahora, tras la Semana Santa, nos está pasando gran factura, saturando el sistema hospitalario que, justo es decirlo, no ha sido diseñado para salvar vidas sino simplemente para que sea el nido de jugosos negocios en la compra de suministros y medicinas.

Destacar esa realidad es fundamental para que podamos emprender un nuevo camino basados en nuestra propia responsabilidad que nos obligue a redoblar los cuidados y precauciones y a exigir lo mismo de quienes nos rodean.

Editorial

post author
Artículo anteriorLa felicidad de Zury Ríos
Artículo siguienteEl mundo doblemente deformado de los agujeros negros binarios