El legislador Francisco Sagasti saluda a la multitud frente al edificio legislativo después de ser designado líder del Parlamento y quedar con la vía despejada para convertirse en el nuevo presidente interino del Perú. Foto La Hora/AP/Rodrigo Abd.

Por FRANKLIN BRICEÑO y CHRISTINE ARMARIO
LIMA
Agencia AP

Francisco Sagasti quedó con la vía despejada para convertirse en el nuevo presidente interino del Perú tras ser designado ayer líder del Parlamento, luego de que su antecesor renunciara la víspera en medio de protestas que dejaron dos muertos y más de 100 heridos.

El ingeniero de 76 años será el cuarto presidente desde 2016 y sucederá a Manuel Merino, quien dimitió el domingo tras gobernar seis días entre manifestaciones de una magnitud no vista desde hace 20 años cuando los peruanos protestaban contra la corrupción del mandatario Alberto Fujimori (1990-2000).

En un intento por mostrar cercanía con los ciudadanos, Sagasti salió del Palacio Legislativo y se acercó a pocos metros de los manifestantes, que lo saludaron a distancia e hicieron sonar sus bocinas. Merino no mostró un acercamiento así en su brevísimo gobierno.

Poco antes, en un discurso en el hemiciclo les pidió a los legisladores concentrarse en tareas «concretas» en los ocho meses que le restan al gobierno. Dijo que las protestas son «un poderosísimo llamado de atención» y que se debe «aceptar y encausar» la indignación juvenil.

Sugirió mejorar las normas para prevenir la violencia en las protestas. La Fiscalía y fotografías de médicos de emergencias muestran que se usaron perdigones de plomo y canicas de vidrio.

«No bastó la pandemia, la crisis económica, la inseguridad… tuvimos que esperar la muerte de dos jóvenes para que nos caiga encima toda la enormidad de la situación que estamos viviendo», dijo Sagasti en referencia a dos hombres que protestaban y murieron en choques con la policía.

Las autoridades médicas indicaron que Jack Bryan Pintado Sánchez, de 22 años, y Jordan Inti Sotelo Camargo, de 24 años, murieron por impactos de arma de fuego. Pintado recibió 10 perdigones de plomo en el cráneo, el rostro, el cuello, un brazo y el tórax, mientras que Sotelo cuatro disparos en el tórax.

«Lo que está en juego es dar un primer paso a la reconstrucción de la confianza entre el pueblo y el Estado», dijo Samuel Rotta, presidente del capítulo peruano de Transparencia Internacional.

Sagasti podría otorgar estabilidad al país, y ganar el apoyo del Congreso y de los manifestantes. Él y su bloque del centrista Partido Morado estuvieron entre 19 de 130 legisladores que votaron contra la destitución del entonces mandatario Martín Vizcarra.

La crisis política de Perú empezó hace una semana cuando el Congreso destituyó por 105 votos al popular Vizcarra tras acusarlo de corrupción, pero sin pruebas concluyentes.

Merino, que era líder del Parlamento y orquestó la caída de Vizcarra, lo reemplazó. Pero al perder el apoyo de sus ministros y de los militares, Merino renunció el domingo tras una semana de protestas consecutivas que evocaron las ocurridas en Chile y otras de la región.

En medio del vacío de poder, los legisladores no lograron elegir al nuevo mandatario hasta que alcanzaron un consenso con Sagasti a la cabeza.

Sagasti fue elegido en una lista única y consensuada. De acuerdo con la ley, al no existir presidente, ni vicepresidente, ni segundo vicepresidente entonces el líder del Parlamento se convierte en mandatario.

El político trabajó en el Banco Mundial y las Naciones Unidas, y fue asesor en gobiernos peruanos. Tiene un doctorado en la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania.

Fue uno de los rehenes de un secuestro masivo ejecutado por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru en la residencia del embajador japonés en 1996. Ha escrito varios libros, entre ellos uno llamado «Democracia y buen gobierno», y también es melómano, toca el piano y compone canciones.

A diferencia de Merino, Sagasti fue de inmediato saludado por funcionarios extranjeros, incluyendo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, que escribió en su cuenta de Twitter: «confiamos en su capacidad para conducir al país a través de esta crisis y hasta las próximas elecciones presidenciales».

Merino, que conserva su cargo de parlamentario, no fue visto en el Legislativo. Pero la fiscal general Zoraida Avalos anunció que lo investiga por homicidio doloso junto a su exprimer ministro Antero Flores-Aráoz y al exministro del Interior, Gastón Rodríguez.

La investigación también determinará si se cometieron lesiones graves o leves y desaparición forzada de personas.

«Puedo asegurarles que estas muertes no quedarán impunes», manifestó Ávalos en un video publicado en la página oficial de la Fiscalía en Facebook.

Los entierros de los dos jóvenes fallecidos fueron los primeros en Perú en contar con un elevado número de asistentes durante la pandemia, pues se ha procurado mantenerlos sin concurrencia para evitar contagios.

Grupos defensores de los derechos humanos denunciaron la víspera ante la Fiscalía como autores mediatos de asesinato agravado a Merino, a Flores-Aráoz, a Rodríguez y a varios jefes policiales.

La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos reportó 112 heridos en las manifestaciones del sábado, y organizaciones que defienden a periodistas sumaron más de tres decenas de agresiones a reporteros, incluyendo algunos heridos con perdigones lanzados por la policía.

«La gente en las calles, en sus casas, balcones y en las redes sociales está muy, muy molesta», dijo Rotta. «Perú es un país con altos niveles de desconfianza. Los políticos agravaron profundamente eso».

Los expresidentes de los últimos 35 años están manchados por corrupción, en especial por sus nexos con la constructora brasileña Odebrecht. Por otro lado, más de la mitad de los 130 legisladores están siendo investigados por delitos que van desde homicidios hasta lavado de dinero.

La policía reprimió con dureza ese huracán de furia acumulada de los manifestantes contra sus líderes en todas las ciudades importantes de Perú.

El grupo activista Human Rights Watch anunció que está documentando los casos de brutalidad policial, y otros grupos defensores de los derechos humanos reportaron el empleo de gas lacrimógeno cerca de iglesias y hospitales.

En Nueva York, Stéphane Dujarric, portavoz del secretario general de la ONU António Guterres, dijo el lunes que éste estaba muy preocupado por reportes de «excesivo uso de la fuerza y violencia» por parte de las fuerzas de seguridad de Perú contra los manifestantes.

Guterres «expresa sus condolencias a las familias de las víctimas y espera que las autoridades lleven a cabo una investigación imparcial e independiente de estos eventos», dijo Dujarric.

La crisis política se sumó al terrible panorama económico y sanitario en un país afectado por el coronavirus. El Fondo Monetario Internacional calcula que el producto interno bruto de Perú caerá 14 puntos este año, y las muestras de eso se ven en los casi siete millones de desempleados.

Hasta el lunes se han reportado en el país 937.011 casos de coronavirus y 35.231 fallecidos, según el Centro de Ciencia e Ingeniería de Sistemas de la Universidad Johns Hopkins.

El grueso de los jóvenes que protestaron eran veinteañeros. Los analistas indicaron que se trata del surgimiento de una nueva generación sin miedo, ni siquiera de ser acusada injustamente de integrar Sendero Luminoso, un desaparecido grupo terrorista que dejó miles de muertos entre 1980 y el 2000.

«Creo que esta es la crisis democrática y de derechos humanos más grave que hemos visto desde Fujimori», señaló Alonso Gurmendi, profesor de la Universidad del Pacífico de Perú.

En abril se realizarán las elecciones presidenciales y legislativas en el país, y Sagasti culminará su gestión el 28 de julio de 2021, cuando entregue el poder al ganador de los comicios.

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