El mural dice: "León de octubre... Nos dan corrupción, les damos una revolución. Una revolución mezclada con petróleo no puede ser sofocada". FOTO LA HORA: HADI MIZBAN/AP.

Por QASSIM ABDUL-ZAHRA
BAGDAD
Agencia (AP)

Las imágenes son perturbadoras y esperanzadoras al mismo tiempo, y transforman un lúgubre pasaje subterráneo en una expresión artística vívida y colorida.

«Queremos una nación, no una prisión», dice un mural que muestra a un hombre que se libera dejando atrás unas barras. «Plante una revolución, cosechará una nación», dice otro en el que una mano hace el signo de la victoria por encima de las cabezas de manifestantes.

Algunas de las consignas son menos sentimentales. «Miren cómo estamos, estadounidenses. Todo esto es su culpa», dice una.

El Pasaje Saadoun se ha transformado en una especie de museo que refleja la historia del movimiento de protestas antigubernamentales. En sus paredes han surgido murales, retratos y graffitis que ilustran el tortuoso pasado y lo que Irak aspira a ser.

El pasaje se encuentra debajo de la Plaza Tahrir, epicentro de las manifestaciones en las que miles de personas realizan sentadas gigantescas y acampan, dando forma a una vibrante miniciudad.

Casi todos los días hay enfrentamientos en las inmediaciones entre los manifestantes y fuerzas de seguridad, que disparan gases lacrimógenos, balas y granadas paralizantes para evitar que crucen el río Tigris hacia la Zona Verde, donde se encuentra el gobierno.

Vehículos tuk tuks de tres ruedas cruzan constantemente los puentes sobre el Tigris llevando heridos.

El pasaje ha pasado a ser un muestrario de murales y pinturas alusivas a las protestas antigubernamentales que tienen como epicentro esa plaza. FOTO LA HORA: HADI MIZBAN)/AP.

El Pasaje Saadoun, los tuk tuks, la plaza y un edificio de 14 pisos de la era de Saddam Hussein sobre el Tigris que fue tomado por los manifestantes han pasado a ser símbolos del movimiento de base más grande en la historia de Irak. Las manifestaciones estallaron el 1ro de octubre para protestar problemas endémicos como la corrupción, el desempleo y la falta de servicios básicos. Al poco tiempo ya se estaba pidiendo la eliminación del sistema sectario impuesto tras la invasión de Estados Unidos del 2003 y de toda la cúpula política.

Manifestantes generalmente jóvenes, hombres y mujeres, se presentan en el pasaje y se toman selfies frente a los murales. Abundan las caricaturas que se mofan de los políticos. Algunas elogian a los tuk tuks. Una mujer con una bandera iraquí en las mejillas muestra sus bíceps, recreando una imagen célebre de la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos («We Can Do It!, o ¡lo podemos hacer!). Los rostros de los murales transmiten dolor y malestar.

Haydar Mohammed dijo que él y un grupo de estudiantes de medicina son responsables en parte de los murales. Se reunieron en la Plaza Tahrir y notaron que el pasaje era un vehículo ideal para transmitir un mensaje a quienes sospechan de las intenciones de los manifestantes.

«Estamos a favor de la vida, no de la muerte», expresó. «Decidimos dibujar cosas sencillas para apoyar a nuestros hermanos manifestantes y transmitir nuestro mensaje, que es un mensaje de paz».

Muchos murales contienen consignas contra el sectarismo, a favor de la paz y de un Irak libre. En uno, una pequeña niña llora y dice «mataron mi sueños». Alude a un grupo de hombres detrás suyo, algunos de ellos con indumentarias religiosas.

Otro muestra un manifestante con un casco y una granada de gas lacrimógeno, con el cartel «en el corazón hay algo que pueden matar las armas, que es la nación». No muy lejos hay un cartel en inglés: «All we want is life» (lo único que queremos es la vida).

«Sentarse frente a estos retratos, con la gente y velas es mejor que ir a un café. Cada vez que los veo me renace la esperanza de que la revolución no terminará», comenta Yahya Mohammed, de 32 años. «Este túnel me da esperanza».

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