Washington
AP/DPA
La campaña electoral estadounidense entra en su último mes y los candidatos se encarnizan en batallas verbales, como la del segundo debate televisado entre Donald Trump e Hillary Clinton en la anoche, marcado por el escándalo desatado por un video con declaraciones sexistas del nominado republicano.
Pese a que la publicación de los comentarios lascivos y ofensivos para las mujeres puso bajo una fuerte presión a Trump hasta el punto de que muchos analistas daban ya por terminada la campaña, éste parece no rendirse.
El comentarista de la CNN Jonh King valoró una actuación mucho más firme de Trump en este segundo debate frente al primer duelo televisivo de hace dos semanas. Incluso el candidato a la vicepresidencia de su partido Mike Pence, que lo criticó duramente el sábado por sus declaraciones sexistas, lo felicitó tras el debate por lo que consideró «una gran victoria».
Una encuesta realizada por la CNN apuntó que aunque el 57 por ciento vio a Clinton como ganadora, el 63 por ciento se mostró positivamente sorprendido por Trump. Pero como ya hiciera durante la precampaña, Trump se centró sobre todo en el sector de su electorado. Lo que no está claro es si ello bastará para dar la vuelta a las encuestas antes del 8 de noviembre.
¿Quién sigue apoyando a Trump a cuatro semanas de las elecciones?
Trump cuenta con un gran respaldo en su familia, algo que valora mucho la opinión pública estadounidense. Sobre todo su hija Ivanka, su hijo Eric y su mujer Melania siguen a su lado y hacen demostraciones de su solidaridad y apoyo al candidato, aunque no les resulte fácil.
Trump también puede seguir contando con la fracción contra el establishment del Partido Republicano, que constituye su círculo más cercano. Entre ellos se encuentra por ejemplo el gobernador de New Jersey Chris Christie y el exneurocirujano Ben Carson, dos de sus antiguos contrincantes en las elecciones internas. Ted Cruz, su más duro opositor en las internas, lo criticó el sábado por el video, tras anunciar su apoyo a Trump el mes pasado. Pero de momento no parece haberse distanciado demasiado del candidato.
¿Quién encabeza el movimiento que pide su renuncia?
El apoyo a Trump en el Partido Republicano ha caído y una parte piensa ya en las elecciones de 2020. Otros temen verse arrastrados a una espiral a la baja que ponga en peligro la reelección de muchos diputados en la Cámara de Representante o en el Senado.
El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, y el veterano del partido y senador John McCain están al frente de los críticos del Trump dentro del partido. Pero también llegan fuertes críticas desde los estados cristianos, por ejemplo de Utah, feudo de los mormones.
¿Fue la publicación del controvertido video resultado de una conspiración contra Trump dentro del partido?
La sospecha se barajó, pues al fin y al cabo el interlocutor de Trump en el video no era otro que el moderador de televisión Billy Bush, un primo del expresidente George W. Bush y de su hermano Jeb Bush, que también fue contrincante de Trump en las primarias del partido. Tanto George como Jeb Bush se consideran también abiertos críticos de Trump y ambos han negado su apoyo a su compañero de partido.
Los seguidores de Trump señalan que el video fue un golpe intencionado del establishment del partido contra Trump. Pero Billy Bush también ha salido perdiendo con la publicación y la NBC lo ha suspendido.
¿Cómo seguirá la campaña electoral en las próximas cuatro semanas? ¿Podría ser aún más sucia?
El video publicado el viernes, la respuesta de Trump recurriendo a los escándalos de Bill Clinton y un debate televisado centrado mucho en lo personal, con duros ataques de los dos candidatos, podría hacer pensar que el nivel del debate no podría ya caer más bajo.
Pero en los últimos días hubo indicios de posibles nuevos videos comprometedores del pasado de Trump. Y la plataforma de revelaciones Wikileaks anunció que publicará más emails de la ex secretaria de Estado Clinton.
En medio de esta tensa atmósfera, apenas parece posible un debate de contenidos reales.
Trump no va a cambiar
Donald Trump no va a cambiar. Él podría rodearse de nuevos colaboradores e incluso escuchar sus consejos por un rato. Podría atenerse a un mensaje más preparado y comedido si parece que da resultado, pero siempre será alguien que no puede hacer de lado un resentimiento, ya sea con un juez que falló en su contra o un padre cuyo hijo murió combatiendo por Estados Unidos.
Siempre será el tipo que avergonzó a una joven reina de belleza por su peso y entonces defendió sus comentarios dos décadas más tarde cuando Hillary Clinton los mencionó en un debate. Es el hombre que a un mes de las elecciones incrementó sus críticas personales a la ex Miss Universo Alicia Machado con una diatriba en Twitter.
«¿Ayudó la corrupta Hillary a la asquerosa (vean su video sexual y su pasado) Alicia M a hacerse ciudadana estadounidense para usarla en el debate?», escribió Trump en un mensaje.
Algunos votantes pudieran aplaudir la actitud de Trump. Algunos pudieran preferir su terca negativa a censurarse y suficientes votantes pudieran al final elegirle presidente, pero el patrón de Trump de conducta áspera y desagradable le ha hecho sumamente impopular entre muchos estadounidenses, especialmente mujeres y minorías, que tienen influencia significativa en las elecciones presidenciales.
Si Trump gana en noviembre, va a tener que encontrar una forma de liderar un país donde muchos piensan que él es racista, sexista y poco civilizado.
La mayoría de los líderes republicanos abandonaron hace tiempo la esperanza de que Trump vaya a convertirse en un político más aceptable en las elecciones generales, pero aun así han encontrado formas de racionalizar su respaldo, de ignorar sus comentarios más volátiles y ofensivos.
Las esperanzas de los Republicanos
Algunos republicanos albergan esperanzas de que si Trump es elegido presidente, se rodeará de expertos de calidad que guíen sus decisiones. El presidente de la Cámara de Representantes Paul Ryan y el senador Ted Cruz, ambos con aspiraciones a la Casa Blanca, argumentan que una presidencia de Trump les daría al menos la oportunidad de implementar leyes conservadoras, mientras que una presidencia de Clinton sería solamente un obstáculo impenetrable.
Sin embargo, los republicanos temen también que la capacidad de Clinton de exasperar a Trump haya dado una guía que algunos líderes mundiales —como el presidente ruso Vladimir Putin— podrían usar para tratar de desequilibrarlo. Tampoco deben albergar ilusiones de que el empresario podría controlar su conducta beligerante y evitar ofender a muchos estadounidenses.
Los decenios de Trump en la palestra pública están cargados de ejemplos de eternos resentimientos con asociados de negocios y comentarios negativos contra las mujeres. Uno de sus primeros pasos tras asegurarse la nominación republicana fue iniciar una disputa con el juez federal Gonzalo Curiel, al decir que su ascendencia mexicana le hacía estar prejuiciado contra Trump en una causa legal.
Trump emergió de la convención republicana este verano trabado en una pelea con Khizr Khan, un musulmán estadounidense cuyo hijo murió en Irak sirviendo en el ejército estadounidense.
La última controversia
La última controversia se produjo en un momento en el primer debate presidencial, delante de una teleaudiencia de 84 millones de personas y con las votaciones por correo ya en curso en algunos estados.
Trump pasó trabajos para lidiar con críticas de Clinton a los comentarios que él hizo sobre Machado hace dos décadas. Cuando Clinton le acusó de llamar a la ex Miss Universo «Miss Piggy» (Señorita Cerdita), él dijo: «¿Dónde viste eso?». En lugar de dejar pasar el asunto, Trump trató de defenderse la mañana siguiente, al parecer inconsciente de lo ofensivo de sus comentarios.
«Ella ganó una cantidad enorme de peso», dijo Trump, que era dueño del concurso cuando Machado fue coronada. «Fue un verdadero problema».
Seguramente Trump estaba al tanto de que sus críticas a Machado arriesgaban con dañar su campaña y dar a Clinton más argumentos para decir que él es demasiado susceptible para ser comandante en jefe.
Eso hizo que su decisión de mantener viva la controversia y de denigrar aún más a Machado fuera más desconcertante.
Los asesores de Clinton apenas pueden creer su buena fortuna en momentos en que la contienda está en la recta final. La demócrata se ha visto lastrada por décadas de sus propios problemas y ha pasado trabajo para persuadir a votantes de que es honesta y confiable. La competencia ha sido más apretada que lo que muchos esperaban.
Sin embargo, en el centro de los argumentos de Clinton contra Trump está el hecho de que el republicano reacciona demasiado abruptamente para estar en la Casa Blanca. Cuando faltan apenas cuatro semanas para las elecciones, Trump le está dando más evidencia.
RYAN DESCARTA UN TRIUNFO DE TRUMP
Paul Ryan, líder republicano, habría descartado su apoyo a Donald Trump al señalar que su mayor interés ahora es impedir que Hillary Clinton, como presidenta, no tenga un cheque en blanco con un Congreso de mayoría demócrata, dejando ver su opinión de que Trump no puede ganar la elección.
Esto, luego de que la imagen del candidato republicano se ha visto afectada tras el escándalo del vídeo donde hace comentarios ofensivos sobre mujeres.








