Estambul
DPA

Turquía se hunde en una espiral de violencia y con el ataque contra el aeropuerto Atatürk de Estambul el terrorismo ha alcanzado una nueva dimensión. Hace apenas unos meses, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, aseguró que la nación se quitaría el guante de seda y golpearía «con puño de hierro» a los terroristas. Pero estos han devuelto el golpe.

El atentado de este comando suicida se ha producido precisamente en medio de buenas noticias. Después de meses de tensiones, Ankara y Moscú están volviendo a acercarse, y el Gobierno turco se ha reconciliado también con Israel tras varios años. Pero la violencia volvió a alcanzar al país la noche del martes, con un atentado atribuido al Estado Islámico (EI) que ha dejado 41 muertos y más de 200 heridos.

En el sureste del país, la situación ya era complicada desde hace un año debido al recrudecimiento del conflicto con los kurdos, que amenaza con convertirse en una guerra civil. Pero esa situación quedaba muy lejos para los habitantes y visitantes de Estambul y Ankara, hasta que la violencia golpeó también a esas grandes ciudades.

Por otro lado, Turquía endureció el combate contra la milicia yihadista EI después de que a Erdogan se le acusase durante mucho tiempo de haber fomentado a ese tipo de grupos extremistas en Siria al menos con su estrategia de mirar hacia otro lado.

Tan sólo en Estambul y Ankara se registraron más de 200 muertos desde el pasado otoño (boreal), entre ellos más de una decena de turistas alemanes que murieron en un atentado suicida del EI en enero en la ciudad vieja de Estambul. El ataque contra el aeropuerto es el cuarto atentado grave que sufre esa ciudad desde comienzos de año y el segundo durante el mes sagrado de los musulmanes, el Ramadán.

Hace tres semanas estalló un coche bomba en la ciudad vieja, un ataque que fue reivindicado por los Halcones de la Libertad del Kurdistán (TAK), un grupo escindido del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). En esta ocasión se sospecha que el responsable es el EI. Según dijo durante una visita al aeropuerto el primer ministro turco, Binali Yildirim, los indicios apuntan a que la milicia sunita es la responsable de la masacre.

El aeropuerto Atatürk es un objetivo de gran valor simbólico y que tiene una gran importancia económica para Turquía. El país ya estaba sufriendo un fuerte retroceso en la llegada turistas y ahora podría darse por pérdida la temporada. El mayor aeropuerto del país recibe una cantidad de pasajeros similar al aeropuerto alemán de Fráncfort y crece con rapidez. Además, la terminal aérea lleva con orgullo el nombre del fundador del Estado turco y representa el despegue económico de Turquía.

Erdogan lleva meses intentando transmitir la impresión de que Turquía está teniendo éxito en la lucha contra el terrorismo. Pero este último baño de sangre no corrobora sus palabras.

Como suele ser habitual cuando se producen graves atentados, el Gobierno impuso un bloqueo informativo. Ahora parece que la consigna del Gobierno es volver lo más rápido posible a la normalidad, empezando por el tráfico aéreo.

En Internet circula un video, cuya autenticidad no se confirmó, que parece mostrar como los pasajeros huyen presos del pánico tras el control de seguridad en la zona de check-in, una planta más arriba de la zona de llegadas. En la imagen aparece un hombre vestido de negro, que al parecer es abatido y cae, mientras un objeto -supuestamente un arma- se le escurre y resbala sobre el suelo. Pocos segundos después se produce una explosión y el hombre desaparece.

Se haya producido o no un fallo de seguridad, los extranjeros occidentales que se encuentran en Estambul desconfían de las promesas del Gobierno, que asegura que vencerá al terrorismo. Los atentados hacen que se extienda el miedo y la certeza de que el terrorismo puede alcanzar a cualquiera. Cuanto más ensombrece este miedo el encanto de Estambul más le dan la espalda los occidentales a la otrora capital cultural de Europa.

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