PALMAS, Brasil
AP
Los primeros Juegos Mundiales Indígenas tuvieron un comienzo accidentado ayer, ya que dificultades técnicas y ruidosas protestas contra el gobierno brasileño empañaron el colorido desfile de pueblos nativos en la ceremonia de inauguración.
Anunciado como una respuesta de pueblos indígenas a los Juegos Olímpicos, el evento de nueve días de duración ha atraído alrededor de 2 mil pueblos nativos de decenas de tribus brasileñas y cerca de 20 países a Palmas, una ciudad agrícola de clima húmedo y caluroso en el centro de Brasil.
La ceremonia de apertura fue un acto elaborado y teatral. El evento, orquestado por un productor que colabora en la planificación de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro, incluyó un desfile de pueblos indígenas con trajes aborígenes que iban desde faldas de paja y plumas para clima tropical a pieles para clima ártico.
La asediada presidenta brasileña, Dilma Rousseff, asistió a la ceremonia y aunque no ofreció un discurso a la multitud, fue recibida con abucheos y rechiflas.
Cuando un embotellamiento de tránsito impidió que un autobús cargado de participantes llegara al recinto, ocasionando una larga demora a media ceremonia, varios grupos de espectadores indígenas desplegaron mantas de protesta y cantaron consignas contra el gobierno.
«Dilma no es buena para Brasil y ella no es buena para nosotros», dijo José Cicero da Silva, un agricultor de la nación Wassu Cocal del empobrecido estado brasileño de Alagoas. «Para ser un gobierno supuestamente de izquierda, ella no ha hecho nada para ayudar a la causa indígena», agregó.
«Dilma no es buena para Brasil y ella no es buena para nosotros», «Para ser un gobierno supuestamente de izquierda, ella no ha hecho nada para ayudar a la causa indígena», José Cicero da Silva, un agricultor de la nación Wassu Cocal del empobrecido estado brasileño de Alagoas.