El aumento anticipado en la frecuencia, intensidad y duración de las olas de calor y, como resultado, de los incendios forestales, empeorará la calidad del aire, dañando la salud y los ecosistemas. Foto La Hora: AP.

La madre de Douglas Siddens era una de las personas que sobrevivió con lo puesto a un letal incendio forestal avivado por el viento que arrasó una comunidad de montaña en el sur de Nuevo México.

El parque de autocaravanas donde vivía quedó reducido a “raíles de metal y ruedas de acero», afirmó Siddens, quien gestionaba el lugar.

“Tenía como a 10 personas desplazadas. Perdieron sus casas y todo, incluida mi madre», agregó.

El fuego ha destruido más de 200 viviendas y mató a dos personas desde que se declaró el martes cerca de Ruidoso, una localidad de vacaciones que atrae a miles de turistas y aficionados a las carreras de caballos cada verano.

Cientos de casas y cabinas de verano salpican las laderas de las montañas que la rodean. El parque de casas rodantes que dirigía Siddens está cerca del lugar donde se encontró a una pareja de ancianos muertos en el exterior de su calcinada vivienda.

 

En otras partes de Estados Unidos, esta semana los equipos de extinción han estado luchando contra grandes fuegos en Texas, Oklahoma y Colorado, donde un nuevo incendio obligó a evacuar el viernes el frente oriental de las Montañas Rocosas cerca de Lyons, a unos 29 kilómetros (18 millas) al norte de Boulder.

En Nuevo México, se restableció el suministro eléctrico a todos los clientes salvo unos cientos, pero se mantenían las órdenes de evacuación para cerca de 5,000 personas.

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