El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, logró otro giro de guión en su convulsa carrera. Foto: La Hora / AFP

Acostumbrado a las grandes remontadas, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, logró otro giro de guión en su convulsa carrera al contrariar los sondeos que anticipaban una derrota de la izquierda en las legislativas, asegurándose así opciones de seguir en el poder.

«Aprendí a esforzarme hasta que el árbitro pita el final del encuentro», aseguró este gran aficionado al básquet, de 51 años, en una autobiografía titulada «Manual de resistencia».

Y, aunque esta vez no logró el ansiado triunfo -quedándose con 122 escaños frente a los 136 del conservador Partido Popular- su posición, a priori, más favorable para tejer alianzas, le permitió salir con vida del arriesgado adelanto electoral con el que respondió a la debacle de la izquierda en los comicios locales de mayo.

 

«Convoqué las elecciones anticipadas porque creía, como he creído siempre, que teníamos como sociedad que decidir qué rumbo tomar», aseguró el domingo al celebrar los resultados con unos eufóricos simpatizantes socialistas en Madrid.

Con una sonrisa seductora, afable y telegénico, el líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) -apodado «El Guapo» al comienzo de su carrera- ya había sido dado por muerto políticamente varias veces estos últimos años. Pero, hasta ahora, siempre había logrado darle la vuelta.

SOBRESALTOS

Nacido el 29 de febrero de 1972 en Madrid de una madre funcionaria y de un padre empresario, Pedro Sánchez cursó Economía en Madrid y Bruselas. Concluyó sus estudios con un controvertido doctorado en una universidad privada madrileña, acusado de haber plagiado su tesis, algo que él desmintió insistentemente.

Militante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desde la adolescencia, un Sánchez por entonces casi desconocido se convirtió en su secretario general en 2014 tras las primeras primarias celebradas en esta formación centenaria.

Dos años más tarde, sin embargo, recibiría un duro revés cuando, tras cosechar los peores resultados electorales de la historia del partido, fue defenestrado del liderazgo socialista en una rebelión interna del PSOE.

Pero gracias al apoyo de los militantes, Sánchez volvió por la puerta grande siete meses después, tras haber hecho campaña en su automóvil por toda España con un puñado de fieles para seducir a los militantes socialistas, que lo reconducirían al frente del partido.

Esta tenacidad lo llevaría al poder en junio de 2018 tras un nuevo golpe de efecto. Aglutinando a toda la izquierda, además de a los independentistas vascos y catalanes, consiguió derribar con una moción de censura al conservador Mariano Rajoy, debilitado por un escándalo de corrupción, y convertirse en presidente del gobierno.

La falta de una mayoría estable le acabó obligando después a convocar dos elecciones legislativas consecutivas en 2019, en las que venció. Finalmente, decidió formar un gobierno de coalición con sus antiguos enemigos íntimos de la izquierda radical de Podemos, con los que logró mantenerse en el poder.

«FLEXIBLE POLÍTICAMENTE»

Pedro Sánchez «tuvo que adaptarse a las situaciones», resume Paloma Román, politóloga de la Universidad Complutense de Madrid, quien describe a este padre de dos adolescentes, a la cabeza de la Internacional Socialista (IS) desde finales del año pasado, como un «superviviente» de perfil «pragmático».

 

Pese a gobernar en minoría, durante su mandato consiguió impulsar un vasto abanico de reformas, como la subida de casi un 50% del salario mínimo, una reforma del mercado laboral destinada a reducir la precariedad o la ley que rehabilita la memoria de las víctimas de la Guerra Civil (1936-1939) y de la dictadura de Francisco Franco (1939-1975).

Pero el socialista tuvo que afrontar numerosas polémicas con la izquierda radical, además de las críticas por el apoyo que recibió su gobierno del partido separatista vasco Bildu, heredero de la vitrina política de ETA, que incomodaron incluso a sectores de su partido y afectaron a su imagen.

Formaciones a las que este antiguo miembro del equipo del alto representante de la ONU en Bosnia deberá volver a seducir si pretende conformar una nueva mayoría para seguir gobernando.

Artículo anteriorComunidad científica exige renuncia de Porras, Curruchiche y Orellana por actuar contra elecciones
Artículo siguienteLa derecha gana las elecciones en España, pero sin mayoría para derribar a Pedro Sánchez