Instrumento represivo

Ayer se volvió a utilizar un informe de la CGC para que diputados oficialistas pidan llevar ante el pleno al PDH, Jordán Rodas. Foto La Hora/Congreso

Justo ayer escribimos sobre el oscuro papel que juega la Contraloría General de Cuentas de la Nación y en el mismo día se producen dos hechos que vienen a confirmar cuál es la verdadera utilidad de la institución. Por un lado la Fiscal General en su pública campaña en contra de su antecesora, Thelma Aldana, a quien no se le perdona el papel que jugó en la lucha junto a la CICIG contra la Corrupción, utiliza un dictamen de la Contraloría para justificar la decisión de declarar lesiva la compra de un edificio en la zona 5, no obstante que se probó que el valor pagado no superaba la valuación fiscal del inmueble.

Simultáneamente, en el Congreso de la República, diputados hacen uso de otro dictamen de la Contraloría para arreciar en su ataque contra el Procurador de los Derechos Humanos, Jordán Rodas, otra persona que se ha hecho incómoda, para decir lo menos, al grupo que está afanado por establecer sin cortapisas la dictadura de la corrupción en el país y del que forma parte la aplanadora oficialista que ahora controla el Organismo Legislativo.

Los hechos demuestran que la Contraloría, que jamás investiga seriamente ningún caso de corrupción real sino que los avala y apaña, se pone firme para servir a los intereses de los mafiosos y presenta dictámenes que son utilizados por éstos para sus acciones de venganza en contra de los que no se alinean con el sistema corrupto que afianza sus tentáculos en todo el aparato del sector público. No tienen empacho ni rubor por actuar de forma tan descarada porque se trata de una institución a cuya dirección llegan los que se comprometen a apañar las acciones en perjuicio del erario público cometidas por las autoridades que los nombraron.

Ayer decíamos en el editorial que la Contraloría General de Cuentas de la Nación es una cacharpa inútil, pero debemos rectificar porque los hechos demuestran que se trata de una institución sumamente útil y hasta eficiente para el cumplimiento de sus peculiares fines que son los de apachar clavos de los verdaderos pícaros y servir como instrumento de represión al inventar dictámenes para buscar el castigo de los que de alguna manera se oponen al sistema actual y trabajan por el cese de la impunidad en el país.