QA’ TZIJ / NUESTRA PALABRA

In memoriam del Tío Baltazar Toj

Jorge Morales Toj

Maya K’iche’, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogado y Notario, con estudios de Maestría y Doctorado en Derecho Constitucional. Pacifista y Defensor de los Derechos Humanos.

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Jorge Morales Toj
jorgemoralestoj@gmail.com

El día 5 de mayo de 1980, Baltazar Toj fue capturado por la temible Policía Nacional y encarcelado injustamente durante dos días en la cárcel de Santa Cruz del Quiché. Mi abuela Francisca Toj, una anciana que no sabía leer y escribir comenzó a dar vueltas para saber los motivos por lo que fue encarcelado. Ninguna autoridad civil y militar le notificó las razones ni motivos de la detención ilegal. A la cárcel llegaron militares de particular y lo interrogaron y tomaron fotografías.

El día 6 de mayo, tipo siete de la noche, según información de algunos testigos oculares, un jeep del Ejército de Guatemala lleno de soldados llegó a la cárcel de Santa Cruz y sacaron al Tío Baltazar con el consentimiento de las autoridades de la Policía y fue trasladado a golpes a un cuartel militar, donde fue torturado vilmente.

El día 9 de mayo en la madrugada, vecinos dijeron haber visto llegar un jeep militar frente a Radio Quiché, de donde descendieron varios soldados y bajaron al Tío Baltazar Toj, lo amarraron en los balcones y siguieron torturándolo hasta asesinarlo vilmente.

Ese día 9 de mayo, a las siete de la mañana junto a mi hermano mayor, salimos de casa hacia nuestra escuela Tipo Federación Tecún Umán, a realizar trabajos manuales y a culminar los preparativos para la celebración del Día de la Madre. Pasado frente a Radio Quiché, pudimos ver un cadáver tirado, la curiosidad me llevó a ir ver de cerca el cadáver, recuerdo que le habían cortado la lengua, le sacaron un ojo y tenía un rotulo en el pecho que decía: “así mueren los comunistas. ESA”. (ESA era el Ejército Secreto Anticomunista, un grupo paramilitar del gobierno de aquella época). Llegamos a la escuela y estábamos haciendo el trabajo manual, cuando llegó una vecina a sacarnos de emergencia y nos dijo que habían matado al Tío Balta. Así fue como dejé la escuela primaria para siempre.

A mi madre María Toj y a mi abuela Francisca Medrano les tocó que ir a la morgue del Hospital Santa Elena a reconocer el cadáver del Tío Balta. Cuenta mi madre, que en la morque había varios cuerpos tirados y que fue mi abuela quien pudo reconocer el cuerpo. No pudimos llorar la muerte de mi Tío Baltazar, tuvimos que esconder nuestro llanto y nuestro dolor. Recuerdo que, durante el velorio, jeeps del Ejército con soldados, militares vestidos de civil y los famosos “orejas” rondaban por la casa. En medio del terror impuesto por el Ejército, algunos amigos de comunidades cercanas nos fueron a regalar maíz, frijol, leña y algo de azúcar para el velorio. El entierro del Tío Balta fue a las 2 p. m. del 10 de mayo de 1980, un entierro sin llanto y en silencio.

Mi tío me había enseñado a escuchar noticias, a conocer un poco la historia. Recuerdo con exactitud la forma en que me hizo entender la desigualdad y la injusticia. De una forma muy didáctica me mostró una tortilla y la hizo en dos pedazos. Una más grande que era para los unos pocos y una porción más pequeña para la gran mayoría.

Ahora solo me queda preguntar a los que ordenaron su secuestro y asesinato ¿Por qué lo hicieron?