Palabras de papel // Relatos

Impertinencia o sensatez de un contribuyente

Eduardo Villatoro

-Vos sabés que aunque soy licenciado en Ciencias Jurídicas nunca me dediqué al Derecho por razones parecidas a las tuyas, que vivo con mi mujer y un nieto, los hijos se casaron y la Conchy (su esposa) tiene un pequeño negocio, mientras yo percibo un sueldo que es suficiente para que, con lo que aporta mi pareja, llevemos una vida decorosa.

-Fijáte que a principios de mes con mi mujer elaboramos nuestro presupuesto familiar, que incluye los gastos normales de una típica familia clase media, o sea las compras en el súper, pagos de empleada, de agua, luz, teléfonos, IUSI y otros impuestos, medicamentos, gasolina, nuestras ofrendas en la congregación y todo lo cajonero, así como guardamos algo para atender imprevistos, nuestro viaje anual de vacaciones, almuerzos de los domingos y dinero para ir al cine, aunque se han limitado por la inseguridad y costos más altos, y mi mensual botellita de güisqui. Al hacer el balance nos alcanza para tener una vida moderadamente relajada, en medio del torbellino económico, el escándalo de políticos y funcionarios públicos y la voracidad de los que siempre quieren ser más ricos, para vivir con más temores.

-Te cuento todo esto –agregó Mario–, porque no gastamos más de lo que nos ingresa y hasta nos alcanza para ahorrar cuando seamos más viejos con la Conchy. Pero entre mi ignorancia sobre finanzas públicas me pregunto y te lo digo a vos, ¿Por qué chingados el Gobierno no hace lo mismo? ¿No tienen cientos de técnicos, especialistas, asesores y expertos en temas presupuestarios en todas las instituciones para aconsejar a esa partida de Ministros corruptos y al propio Presidente? Ese militar que de todo habla, pero que se contradice a cada momento y declara cada estupidez; a fin de que atiendan las necesidades más perentorias del pueblo, como educación, salud, seguridad, por ejemplo.

-Perdoná mi impertinencia –prosiguió–, pero esos huevones de diputados ¿para qué sirven? ¿Por qué tanto gasto en viajes de funcionarios, altos sueldos, pagos de alquiler de lujosos edificios, gastos en publicidad que nadie cree, si ese general se pasa quejando que no hay dinero para la reconstrucción en San Marcos, ni medicina en los hospitales ni alimentos para los niños desnutridos? Finalmente, en el colmo de mi falta de conocimientos de eso que llaman macroeconomía, si el Gobierno está urgido de ingresos ¿por qué pisados sus genios en Finanzas desestimularon a los contribuyentes para que no exijamos facturas si con el pago del IVA podrían tapar hoyos económicos que ellos mismos abrieron?

Me quedé meditabundo. No tuve ni tengo respuestas a las insospechadas divagaciones de Mario, que implican interrogantes que se plantea cualquier persona medianamente sensata.

(Mi compadre Romualdo Tishudo, siempre metiche, tercia en el asunto: -Fíjense que La Llorona ya no sale de noche, sino sólo de día, porque la da miedo que la asalten y violen).

Diario La Hora
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