UTÓPOLIS

Humanidad, tecnología (IA)… Y algo de biopolítica

Adolfo Mazariegos

Politólogo y escritor, con estudios de posgrado en Gestión Pública. Actualmente catedrático en la Escuela de Ciencia Política de la Universidad de San Carlos de Guatemala y consultor independiente en temas de formación política y ciudadana, problemática social y migrantes. Autor de varias obras, tanto en el género de la narrativa como en el marco de las ciencias sociales.

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Adolfo Mazariegos

Hace algunos meses, antes de que se tuviera noticia -ampliamente difundida hoy- acerca del virus que afecta al mundo (COVID-19), escuché en un canal internacional de televisión a un presentador de noticias utilizando la denominación “humano artificial”, para referirse a una de las creaciones realizadas por una empresa de tecnología que, si lo recuerdo bien, estaba por presentar o había presentado en esos días dicha creación que se basa en Inteligencia Artificial y en imágenes generadas mediante un ordenador (palabras más, palabras menos). Rápidamente vino a mi mente, entonces, la interrogante de si tal denominación era correcta o no, en virtud de que, sin necesidad de documentarse mucho o indagar exhaustivamente en el marco de la ciencia y en las formas correctas de expresión, al hablar de “ser humano”, como puede resultar lógico para muchos, viene a nuestra mente la imagen de un homo sapiens (homo sapiens moderno, si se quiere), un hombre o una mujer tal como los conocemos hoy día, es decir: usted, yo, ella, él, etc. No obstante, en la actual coyuntura global de pandemia que nos afecta a todos de alguna manera, una etapa de la vida en la que, por razones obvias, se ha empezado a utilizar (por ejemplo) la tecnología sea como medio, sea como herramienta a través de la cual realizamos muchas cosas que quizá tan sólo hace unas pocas semanas no visualizábamos de tal manera, han empezado a surgir interrogantes acerca de cómo podrían ser los años venideros, dado ese aumento en el uso de tecnología sumado al distanciamiento entre persona y persona que pareciera haber llegado con la pandemia para un buen tiempo. Casi simultáneamente, han empezado a escucharse también expresiones como “bioseguridad” y “una nueva normalidad”, expresiones que pueden o no gustar, pero que sin duda reflejan ese estado que nos obligará a conducirnos por la vida tomando en consideración actos, actitudes o comportamientos nuevos -o poco utilizados hasta ahora- a los que tendremos que acostumbrarnos queramos o no (como el uso obligatorio de mascarillas, el distanciamiento físico, etc.) En ese marco de ideas, el análisis y discusión seria de temáticas como el control social, la automatización del trabajo (y una eventual pérdida de empleos por dicho motivo, más allá de la actual pandemia) o el incremento en el uso de dispositivos tecnológicos y aplicaciones digitales en casa, no resulta un asunto descabellado. Todo lo contrario. Y ello, en función del ejercicio de esa libertad de la que supuestamente podemos disponer a discreción los seres humanos en las sociedades actuales (un considerable porcentaje de la sociedad, hablando en términos globales) y que ponen sobre la mesa la existencia del ser humano en tanto que forma parte de un cuerpo social determinado. Ya reflexionaba Foucault al respecto cuando hablaba de biopolítica, también lo hacen pensadores de actualidad como Byung-Chul Han que han retomado esas ideas, ideas que, evidencian, hoy más que nunca, la necesidad de reflexionar (ojalá), de cara a nuestro propio futuro.