Inicio Guatemala Reportajes y entrevistas Subversivos, comunistas y terroristas… ¿actores del pasado o del presente?

Subversivos, comunistas y terroristas… ¿actores del pasado o del presente?

por -
0 436
Subversivos, comunistas y terroristas…  ¿actores del pasado o del presente?

Repo_1

Un grupo de ciudadanos, autocalificados como el sector más radical de la ultraderecha en Guatemala, salieron al paso de los acontecimientos de Totonicapán con un comunicado en el que advierten que los “subversivos, comunistas, terroristas y sediciosos” son, en el presente, una amenaza para el Estado.

POR REGINA PÉREZ
rperez@lahora.com.gt

Consultados un exintegrante del Ejército y su contraparte al respecto, consideran que el planteamiento, propio de la época de la Guerra Fría, no corresponde al contexto actual de la sociedad guatemalteca, y un experto considera que la radicalización de las posturas hace daño a la democracia.

Después de 36 años de conflicto armado interno, los Acuerdos para una Paz “firme y duradera” se firmaron el 29 de diciembre de 1996, pero ¿En realidad significaron el fin del enfrentamiento armado y la resolución de los problemas de fondo?

Un grupo de 22 ciudadanos recientemente publicó un campo pagado en el que tácitamente califica a los manifestantes de Totonicapán –que el pasado 4 de octubre bloquearon una carretera y se enfrentaron a las fuerzas de seguridad–, como subversivos, comunistas, terroristas y sediciosos. ¿El motivo? Según uno de los firmantes del escrito, la guerra aún no ha terminado y el “comunismo” todavía es una amenaza para el Estado guatemalteco.

“…Estamos en un momento oscuro, el próximo paso será tomar las bases militares y el Palacio Nacional porque no habrá ni un solo soldado que se atreva a disparar un fusil”, señala el campo pagado, publicado en un medio escrito, que muestra su apoyo total al coronel Juan Chiroy y los ocho soldados que fueron sindicados por las muertes extrajudiciales de seis de los manifestantes que bloquearon una carretera en la Cumbre Alaska, en Totonicapán.

Sin embargo, no todos los actores del conflicto coinciden con el mismo planteamiento, al que encuentran descontextualizado, radical y dañino para la democracia.

El analista en temas de seguridad Mario Mérida, quien fue director de inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional entre 1992 y 1993, considera que no se debe llevar la discusión de los conflictos sociales al plano ideológico, porque a su criterio hablar de anticomunismo o procomunismo está fuera del contexto actual.

Mérida agregó que lo expuesto en el campo pagado “no tiene mucho sentido”, ya que “quienes verdaderamente peleamos en el conflicto armado interno lo hemos superado”. “En algún momento me he encontrado con Sandino Asturias –vinculado a la izquierda–, por ejemplo, y alguien me ha dicho ¿cómo te puedes sentar con él en la mesa? Pues es simple, nosotros no somos ni fuimos enemigos personales. Superado el conflicto armado interno, yo no tengo enemigos personales dentro de la izquierda del país”, indicó.

El militar retirado, siempre en referencia a los exguerrilleros, dijo que “tampoco son mis amigos, porque los veo como oponentes de una época donde los movimientos subversivos en América Latina se alzaron a partir de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) en 1967 (…) esa etapa ya la superamos en Guatemala en 1996, y hoy hay que transitar hacia nuevos espacios, más filosóficos que ideológicos”.

Por otra parte, según el entrevistado, tampoco existe un “gobierno militar”, como lo hacen ver dirigentes de organizaciones de derechos humanos, muchos de los cuales militaron en la izquierda. Sobre Otto Pérez Molina dice que “ahora hay un oficial del Ejército en situación de retiro que compitió a través de un proceso que fue votado por una mayoría y ahora es Presidente de Guatemala”, sentenció.

Por su parte, Sandino Asturias, director del Centro de Estudios de Guatemala (CEG), vinculado a la guerrilla y al pensamiento de izquierda, señaló que hay sectores que empiezan a radicalizar la oposición ideológica política y que no contribuyen a la paz social.

“Creo que ellos están fuera del contexto nacional; parece que no entienden el país al utilizar esos términos para la gente que está protestando por demandas justas y necesarias; me parece totalmente desfasado y fuera de la realidad nacional”, indicó Asturias.

Según el entrevistado, dicho discurso es coherente para quienes se quedaron en la “época del  conflicto, que no entendieron la paz y que formaron parte del discurso contrainsurgente del pasado”.

LO MÁS RADICAL
José Eugenio Garavito Gordillo, uno de los firmantes del campo pagado, explicó sus razones para firmar y publicar el documento: “Nos topó la coronilla el hecho de que en Guatemala, –por ser mayas y por decirse mayas, -aunque los mayas ya no existen porque se extinguieron hace miles de años–, cualquier quiché, cachiquel, zutuhil, mam, pocomam, olmeca, tolteca o lo que sea, creen que son una raza superior en este país y que son dueños de la República maya, y que nosotros los blancos tenemos que estar aguantando sus ánimos sublevados, subversivos, terroristas”.

Sobre los Acuerdos de Paz, según Garavito, el expresidente Álvaro Arzú cometió el craso error de “vender la paz”, que a su criterio fue firmada entre “guerrilleros del gobierno” y “guerrilleros de la montaña”, así como con apoyo de países europeos.

El entrevistado agregó que la paz “se hizo por la izquierda, entre la izquierda y pagada por la izquierda”, lo que afectó a todo el sector privado y productivo de Guatemala, que, a su consideración, es el que con el Impuesto de Valor Agregado (IVA) paga programas sociales, como la bolsa segura y servicios como escuelas, hospitales y puestos de salud que benefician a todas estas personas.

“Estamos hartos y ya no aguantamos un día más con este terrorismo”, agrega; al preguntarle por qué consideran que los pobladores que manifiestan y realizan bloqueos son terroristas, Garavito indica que según la ley del Organismo Judicial “el terrorista es el que siembra el terror para lograr un objetivo final”.

Al preguntarle si ese pensamiento es una incitación a la violencia, respondió: “La violencia genera más violencia; ¿cómo me voy a defender de dos mil gentes tapando las carreteras con palos y piedras? Yo voy a defender mi vida exactamente igual”.

Finalmente, Garavito identificó al grupo de firmantes del campo pagado como “el ala más radical de la ultraderecha que haya habido en Guatemala”.

Consultado respecto a este discurso, el sociólogo  y escritor Carlos Figueroa señaló que los planteamientos de los suscriptores del campo pagado expresan el pensamiento de la derecha contrainsurgente que es encarnación de la cultura de terror en el país; “aquella cultura política que busca aniquilar al otro y a la diferencia”.

Figueroa considera que los que suscriben el documento tienen una mentalidad que es un “atavismo de la época del conflicto armado”, que a su criterio  persiste porque “tiene raíces más remotas, la cultura de la violencia colonial, el racismo que allí nació; en suma, al oscurantismo reaccionario que forma parte arraigada de la cultura dominante en Guatemala”.

En cuanto a si el país nuevamente está “amenazado por el comunismo” el académico señaló que Guatemala “nunca estuvo amenazada por el comunismo”; “el que se planteara que el conflicto interno estuvo determinado por la dialéctica anticomunismo-comunismo no fue sino una versión sesgada e ideologizada de lo que en realidad fue el conflicto: una parte de la sociedad que se rebeló contra un modelo excluyente y autoritario de Estado y sociedad y un modelo político social que beneficiaba y sigue beneficiando a una minoría del país,” anota.

Figueroa también explica el concepto terrorista, que para él tiene una acepción muy clara, que es ejercer una violencia desmedida con el objeto de infundir miedo y sin hacer distinción entre objetivos militares y población civil, lo que no fue lo que hicieron los manifestantes en la Cumbre de Alaska y Cuatro Caminos.

Sin embargo, considera que la actuación del Ejército el pasado 4 de octubre sí fue terrorismo, pues “no se hizo distinción entre objetivo militar y la población civil, el ejército actuó contra los manifestantes como si fuera un objetivo militar”.

DISCURSO APELA A LA REPRESIÓN 
Sandino Asturias coincide en que lo que busca este pensamiento es criminalizar a los manifestantes y generar una mayor conflictividad entre autoridades y comunidades, lo que tiende a generar un “discurso de la represión”.

A criterio de Asturias, es importante entrar en una dinámica distinta, que despolarice los conflictos y busque solucionar la conflictividad social que se está desarrollando; “no me parece que este discurso contribuya de ninguna manera a generar la paz social que necesitamos, sino más bien criminaliza la lucha social e intenta darle enfoques ideológicos que están totalmente fuera de la realidad”, anotó.

Para Mérida, los conflictos existentes se superan con una mayor capacidad de diálogo, mejor atención a los problemas y una nueva ruta para llegar a quien tiene que resolver los problemas.

ENTREVISTA
Figueroa: “La consecuencia será volver a inundar a Guatemala en sangre y terror”

Parte del comunicado emitido recientemente por este grupo de ciudadanos hace referencia a que Guatemala está viviendo un momento oscuro y que el próximo paso de los grupos a quienes señalan de terroristas sería tomar las bases militares y el Palacio Nacional, ¿tienen fundamento estos planteamientos?
Lo que están haciendo los promotores  de dicho campo pagado es un llamado a reprimir cualquier manifestación de descontento social. De manera muy  obcecada están llamando al gobierno de Pérez Molina que asuma con congruencia  la lógica  contrainsurgente que está presente dentro del Gobierno. Por fortuna esto ya no es tan fácil en estos momentos, como se pudo ver con el desgaste político que ha tenido dicho gobierno  con la tontería criminal  de los sucesos en la Cumbre de Alaska.

¿Es justificable llamar “terrorista” a una persona que bloquea una carretera porque quiere que le pongan atención a sus demandas?
El concepto de terrorismo tiene una acepción muy clara: ejercer una violencia desmedida con el objeto de infundir miedo y sin hacer distinción entre objetivos militares y población civil. Esto no fue lo que hicieron los manifestantes  de la Cumbre de Alaska y Cuatro Caminos. Y esto sí fue lo que hizo el Ejército y la Policía  durante los años del conflicto interno. Por ello la dictadura militar que se observó entre 1963 y 1986 fue una dictadura terrorista, ejerció en este caso el terrorismo de Estado. El terrorismo de Estado  continuó siendo ejercido por fuerzas armadas y policías  durante los gobiernos civiles hasta 1996

¿Qué nivel de amenaza representan los “terroristas”?
No representan ninguna amenaza si sus demandas son procesadas en los cánones de  una sociedad democrática. Lo peor que puede suceder es proceder a criminalizar la protesta social como piden los autores del campo pagado.
 
¿A qué clase de escenario conduce este tipo de discurso? ¿Cuáles podrían ser sus repercusiones negativas?
Reitero que este discurso está apelando a la represión. La consecuencia lógica de esta visión  de la gobernabilidad será volver a inundar a Guatemala en sangre y terror. Representa este discurso uno de la extrema derecha, una posición aún más extremista que la que está representada en el actual gobierno.

“En algún momento me he encontrado con Sandino Asturias –opositor al militarismo–, por ejemplo, y alguien me ha dicho ¿Cómo te puedes sentar con él en la mesa? Pues es simple, nosotros no somos ni fuimos enemigos personales. Superado el conflicto armado interno, yo no tengo enemigos personales dentro de la izquierda del país”.
Mario Mérida
Analista y militar retirado