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Por haber nacido mujeres

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Por haber nacido mujeres

Su delito, dice un rótulo escrito con mala ortografí­a, fue haber sido infiel. Así­ lo reprodujeron periódicos y noticieros de radio y televisión. Para su familia, además del dolor de verla muerta abruptamente queda esa carga cultural que acá fustiga: “era una mala mujer”, comentó un curioso que al ver los flashes quiso tener un minuto de fama y se apresuró a opinar en base al cartelito que acompañaba el cadáver.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es

Cada dí­a, muchas mujeres mueren por la violencia en este paí­s. Siempre que digo esto, más de alguno arremete sentenciando: pero mueren muchos más hombres; y yo ya no intento explicarle que las formas de asesinato son distintas, que la saña con la que hieren los cuerpos de las mujeres es mayor, que generalmente las violan y que muchas veces, la mayorí­a quizá, ellas no habí­an estado involucradas en robos, secuestros ni ningún acto delictivo, a veces pienso que gasto inútilmente las palabras, ya que a pesar de las evidencias, muchos machos siempre argumentan lo mismo.

El error de estas mujeres, si podemos llamarlo así­, fue estar en el lugar equivocado, a una desafortunada hora. Su falta fue haber sido mujer, es más, haber nacido mujer en un paí­s en donde el machismo impera. Su equivocación fue quizá salir con un mal tipo, o no haberle hecho caso, hay muchas historias que dan cuenta de esto. Tal vez su problema empezó por sonreí­r, por vestirse con una falda corta o blusa escotada, como si no tuvieran derecho a una u otra cosa, por tener que salir a trabajar para mantener a su familia, o salir a estudiar para superarse.

Pero cómo explicarle eso a quienes tienen el cerebro gobernado por un falo, a quienes se creen jueces y santos, a aquellos que suelen rápidamente señalar a las ví­ctimas como culpables por el simple hecho de ser mujeres.

Cómo hacer entender a quienes nos gobiernan y tienen en sus manos la ley, que no bastan las leyes para parar esa ola de violencia desenfrenada. Que hace falta mucha, muchí­sima educación y sumarle presupuesto a las leyes y polí­ticas aprobadas, tener gente capacitada trabajando en los juzgados y la policí­a, hogares de protección y atención para las ví­ctimas y sus familias y por supuesto sentenciar a quienes amparados en un pantalón y en nuestro débil sistema de justicia violentan la vida de las mujeres. Y por supuesto es necesario profesionalismo en los medios de comunicación para no replicar este tipo de mensajes cargados de estereotipos y misoginia.

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