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Para terminar con la violencia hay que empezar a enseñar amor en la familia

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Para terminar con la violencia hay que empezar a enseñar amor en la familia

Monseñor ílvaro Ramazzini, obispo de la Diócesis de San Marcos. ARCHIVO

Monseñor ílvaro Ramazzini, obispo de la Diócesis de San Marcos, calificó de preocupante la violencia que vive el paí­s y que desde su punto de vista se ha ido haciendo peor con los niveles de asesinatos, secuestros y extorsiones. En esta entrevista ofrecida con ocasión de su participación en la campaña de Unicef, Te toca ponerle fin a la violencia contra la niñez, el obispo sugiere por dónde empezar para atender esta problemática.

Redacción Internacional
lahora@lahora.com.gt

¿Qué lectura da esta violencia que en promedio está cobrando 17 vidas diarias en el paí­s, incluyendo la de niños?

Es una situación grave; los obispos de la Conferencia Episcopal hemos estado insistiendo en señalar nuestra preocupación. Vemos cómo se está poniendo en riesgo el futuro de la niñez, el cual depende mucho de cómo sean tratados y protegidos ellos hoy. Pero hay que destacar que en muchos casos esa violencia empieza desde casa, desde el padre hacia la madre o hacia los niños.

Usted que vive más en el interior del paí­s, por razón de su cargo, ¿cuáles ve que son los problemas más serios allá?, ¿son los mismos que agobian a la metrópoli?

En las zonas nuestras la violencia es grande, el narcotráfico está engendrando una violencia increí­ble, está involucrando a adolescentes en este negocio perverso, llora sangre por el sufrimiento que causa. La violencia intrafamiliar está afectando, hay que hacer trabajo fuerte con las familias, con los jóvenes que piensan casarse, enseñarles que la relación de pareja es fundamentada en el amor y debe transmitirse a los hijos. Hay que expresar amor, en muchas regiones del paí­s los padres se preocupan por darles alimentos, vestido y cosas materiales, sobre todo con el enví­o de remesas, pero se olvidan de fomentar expresiones de cariño, el ser humano necesita sentirse amado.

La pobreza también es otra clase de violencia, hay hombres que van a trabajar de lunes a viernes desde las cinco de la mañana y regresan a las ocho de la noche a su casa, igual se van el sábado y llegan después del mediodí­a porque necesitan ganar dinero, no tienen vacaciones ni asueto, yo me pregunto a qué hora comparten con la familia.

¿La desigualdad y la exclusión son factores de esta problemática?

Sí­, es todo un cí­rculo en que los elementos de desigualdad, exclusión, injusticia, impunidad se confabulan, somos herederos de un conflicto armado que nos ha marcado en lo que se refiere a no usar diálogo como solución de problemas, sino a seguir manteniendo la ley del más fuerte, eso tenemos que enfrentarlo de cara al futuro. Estamos peor que antes. Cuando yo llegué a San Marcos en 1989 viví­amos el conflicto armado, nos preocupaban ejecuciones extrajudiciales, cómo llegaban a sacar a la gente de noche, pero ahora hago comparación y estamos en niveles peores de violencia que los de esa época, ahora el narco, el crimen organizado y problemas de maras nos rebasan.

¿A quién corresponde empezar a actuar para cambiar este panorama crí­tico?

En primer lugar a las familias, los papás y las mamás tienen una fuerte responsabilidad, pero se da que hay muchas madres solteras, en algunos casos engañadas por los hombres jóvenes que tampoco han vivido una situación de madurez humana. Nosotros que nos consideramos cristianos sea a nivel de creyentes normales, como los que tenemos la responsabilidad: obispos, sacerdotes, pastores de comunidades cristianas no católicas, debemos ejercer liderazgo muy decisivo para hacer conciencia de la problemática e involucrarnos en iniciativas de solución.

El Estado con el poder polí­tico y autoridad tiene grave responsabilidad desde el Presidente, Vicepresidente, pasando por ministros, diputados hasta llegar a jueces, fiscales y todos los que forman el sistema de justicia.

Los ciudadanos también, pero muchas personas tienen miedo cuando les toca enfrentar situaciones de denuncias contra hechos de impunidad; ese miedo, esa complicidad va ayudando a que la violencia incremente.

¿Qué mensaje lleva a todos los niños que están creciendo en este escenario violento?

Hay que demostrarles amor, cariño. Organizar en escuelas actividades lúdicas de recreación para que salgan de esta rutina de angustia que como he dicho, en un alto porcentaje, empieza desde el hogar. Hay que enfatizar en actividades pedagógicas, eso dará tranquilidad.

¿Cómo evalúa campañas como Te toca?

Es importante este esfuerzo de Unicef encaminado a cambiar el clima de violencia en que vivimos. El problema es la indiferencia de gran parte de la sociedad. Cada quien busca estar seguro y su propia tranquilidad, lo que le hace ajeno a la problemática y pensar que otras personas están peor. El te toca es fundamental para despertar la conciencia de todos.