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MUERTE DE LA CIUDAD DE SANTIAGO DE GUATEMALA

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MUERTE DE LA CIUDAD DE  SANTIAGO DE GUATEMALA

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La ciudad de Santiago de Guatemala murió en la pluma del flamante Gobernador y Capitán General don Martín de Mayorga, a las tres y media de la tarde del 29 de Julio del año de 1773 –día de Santa Marta–, cuando la que fuera Muy Noble y Muy Leal ciudad fue azotada por un terremoto que causó severos daños a su bella arquitectura.

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Mario Gilberto González

Justo el día de su arribo a la ciudad de Santiago de Guatemala, para ejercer su alto cargo de Gobernador, fue recibido por un fuerte temblor. De inmediato el pánico se apoderó de él y aumentó en la medida que los temblores siguieron durante varios días, hasta el más fuerte en la tarde del 29 de julio que le puso la tapa al pomo y pudo comprobar el daño que causó a edificios reales, municipales, educativos, religiosos y casas particulares. Las calles se llenaron de escombros.

  En esas condiciones adversas, no le fue posible desarrollar sus altas funciones de Gobernador y se sintió frustrado porque su ambición era llegar a ser Virrey de Nueva España y le ganó la partida, su cordial enemigo don Matías de Gálvez. Aprovechó el momento para lucir su poderío real y orgullo personal y demostrarle de lo que era capaz. 

Prohibió cualquier reparación y menos reconstrucción real, religiosa o particular. Su pluma borró de los documentos reales, el nombre de Santiago, que pertenecía a la Orden Militar de Calatrava. Desde entonces le llamó a la Capital del Reyno de Guatemala, con el nombre de ciudad de Guatemala y como lo pensó lo hizo, con trasladar la ciudad a otro sitio.

Así despareció de los documentos reales el nombre de Santiago y para no contrariar al poderoso Capitán y Gobernador, las demás autoridades siguieron esa línea a excepción de la religiosa que siguió y sigue llamándole Santiago.

Por consiguiente, los privilegios y las distinciones que expresamente se otorgaron a la ciudad de Santiago de Guatemala, pertenecen a esa ciudad y no pueden ser transferidas a otra. Así se refleja y dejo testimonio, en mi libro que compila las Distinciones otorgadas a la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de Guatemala, publicado el 25 de Julio del año 1964, es decir, hace cincuenta años.

Compruebe el lector, la muerte de la ciudad de Santiago. En su lugar nace la ciudad de Guatemala. En carta fechada en la ciudad de Guatemala, el 29 de Agosto de 1773, don Martín de Mayorga le informa al Rey lo que aconteció la tarde el 29 de Julio de 1772.

“Hace dos meses –dice Mayorga– nos hallamos amenazados de la Turba Ira de Dios y por último el día 29 del pasado entre tres y cuatro de la tarde, se arruinó la ciudad de Guatemala, tan por el todo que ya no ha quedado piedra sobre piedra, ni señal de calle, ni casas y lo que es más, ni los preciosos templos, por providencia especial de Dios, se salvó la gente entre las ruinas y aunque han perecido muchos, no es nada en comparación del cómo fue, pues en menos de un minuto ya estaba todo por tierra, todos hemos quedado igualmente…nadie sacó más de su persona, quedando los víveres entre las ruinas…pues hasta la hora presente, está temblando, como del principio y todos vivimos en la inclemencia…”

Mayorga no menciona a la ciudad de Santiago, que es su nombre propio y exagera en los daños causados,  que se comprueba mucho tiempo después  con lo que luce actualmente su legítima heredera,  la ciudad de Antigua Guatemala.

El informe del Noble Ayuntamiento al Rey Carlos III, de fecha 31 de Agosto de 1773, sigue la misma línea de omitir el nombre de Santiago. “Era, Señor, Guatemala suntuosa y magnífica por sus edificios; numerosa por su vecindario, frecuentada por su floreciente comercio; respetuosa por sus tribunales y acomodada por su apacible templado clima y cercanía de pueblos, haciendas y labores de su contorno; constituyéndole este agregado, apacibles cualidades, la segunda ciudad de las Indias después de Nueva España y haciéndolas competir con las más célebres de España.”

Y por primera vez, en julio de 1978, di a conocer este documento hasta entones inédito. “Comenzaron en Guatemala los temblores en el año de 73, por últimos de mayo: continuaron con frecuencia y tesón hasta el 29 de julio del mismo. En este día a las tres y media de la tarde, se sintió uno de tan extraños y encontrados movimientos que en el corto tiempo de dos segundos destruyó casi todos los edificios, tanto públicos, como particulares.”

“El 4 de Agosto siguiente propuso el Señor Presidente en Junta General, si sería precisa y conveniente la traslación de la ciudad a otro paraje no tan expuesto, y por uniforme dictamen no solo se estimó conveniente, sino preciso.”

“Salió el Señor Presidente, y los tribunales en el día 6 de septiembre siguiente con la Real Audiencia y ya entonces no le quisieron seguir ni el Señor Arzobispo, ni el Cabildo Eclesiástico y el secular se excusó con varios pretextos. Se encaminó a este Establecimiento de la Hermita, distante ocho leguas de la arruinada Capital.”

Como es fácil comprobar, don Martín de Mayorga, desconoció la ciudad de Santiago. En los oficios reales le nombró solamente, ciudad de Guatemala y en los internos despectivamente: “Ciudad arruinada” o “proscrito suelo” que a su parecer, debía en el preciso de término de un año, a estar totalmente extinguido. Su orgullo era tal que se sintió un segundo Nerón que en lugar de quemar la ciudad, quiso extinguirla.

Y tal fue el temor de sus déspotas disposiciones que influyó a que los mismos oidores encargados del estudio del nuevo sitio para su traslación, se plegaran incondicionalmente a la línea maestra trazada por el preponte Capitán y Gobernador. El Oidor don Manuel Antonio Arredondo y Pellegrín, asienta: “Pasé a la asolada Guatemala, vi fragmentos y señales de lo que fue: reconocí los principales terrenos de su recinto y especialmente los que medían entre su pavimento y los solares de los volcanes de agua y fuego y me regresé a este Provisional con la aceleración que pedía objeto tan funesto y lastimoso.”

El Oidor don Ramón Posada, le llama “Guatemala arruinada” y el Oidor don Joaquín de la Plaza y  Cubillas, la nombra “destrozada ciudad de Guatemala”.

Así murió en la pluma del Presidente Gobernador,  a las tres y media de la tarde del 29 de Julio de 1773, la que fuera muy noble y muy leal ciudad de Santiago de Guatemala, cuya legítima heredera de sus distinciones y privilegios es la ciudad de Antigua Guatemala, porque a partir de entonces, jamás se le mencionó en los reales documentos.

A pesar que llevados al nuevo asentamiento, varias de sus instituciones y los bienes y enseres, la Capital del Reino de Guatemala, no fue traslada, sino Martín de Mayorga fundó la Nueva Guatemala de la Asunción. Por nueva entiende el diccionario de la Real Academia, “que es diferente y distinta respecto a lo que ya existía y conocía antes.” O “que sustituye a una cosa de su misma clase.

“Pedro de Alvarado fundó la Capital del Reino de Guatemala, bajo la advocación de Santiago y así se reconoció en su traslado al Valle de Almolonga y Valle de Panchoy. El Pregón divulgó esta ordenanza municipal: que en adelante la ciudad se antetítule Ciudad de Santiago…”

Al otorgarle sus armas, el escudo tiene como figura principal al Patrón Santiago y los títulos de muy noble y muy leal, fueron otorgados a la tantas veces mencionada Ciudad de Santiago. La nueva Guatemala, nace bajo la advocación de la Virgen de la Asunción.

Los términos Nueva y de la Asunción, no dejan duda que Mayorga separó una de otra ciudad y que no hubo traslado, sino que en el valle de la Ermita nació una nueva ciudad, distinta de la que se conocía antes.