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Miguel Solí­s, un profesional honorable

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Miguel Solí­s, un profesional honorable

Oscar-Clemente-Marroquin

En junio de 1974 tomó posesión de la Alcaldí­a el licenciado Manuel Colom Argueta, joven dirigente de la izquierda democrática que libró una eficiente campaña polí­tica en la que se puso de manifiesto su liderazgo y carisma que habrí­an de catapultarlo como uno de los más prometedores lí­deres de esa época en Guatemala. Llegaba Manuel con ideas frescas y un competente equipo de jóvenes profesionales dispuestos a cambiar por completo la forma de enfocar la gestión municipal.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

 


Siendo Meme abogado, naturalmente muchos de sus más cercanos colaboradores y amigos eran abogados y de esa cuenta los profesionales del derecho que trabajaban en la administración de Ramiro Ponce Monroy empezaron a preparar sus bártulos cuando se hizo oficial el resultado electoral que dio el triunfo al joven dirigente revolucionario. Pero Colom Argueta tuvo especial cuidado de indagar sobre las capacidades, disposición al trabajo y honestidad de la gente que trabajaba en la Municipalidad, no sólo para no cometer las injusticias propias de cada cambio de gobierno cuando por compadrazgo se asignan los puestos, sino para aprovechar la experiencia de funcionarios que conocí­an el teje y maneje de la institución.
 
 Y entre otros funcionarios de Ramiro que se quedaron trabajando en la nueva administración y que se ganaron no sólo el aprecio sino el profundo respeto de todos los recién llegados, estaban los abogados Mario Roberto Guerra Roldán y Miguel Solí­s Rojas, quienes sin ser parte del equipo polí­tico de Colom Argueta, fueron en muchos casos los encargados de velar por la correcta función del Municipio con base en su amplia experiencia y sus opiniones eran tomadas en cuenta con particular interés por el Alcalde, especialmente en los casos más enredados y delicados.
 
 Mario Roberto Guerra Roldán salió de la Municipalidad en posterior administración por esas mismas intrigas polí­ticas que no aceptaban que el importante cargo de Secretario de la Municipalidad fuera desempeñado por alguien ajeno a los cuadros polí­ticos del nuevo Alcalde, pero Miguel Solí­s siguió en el Departamento Jurí­dico, realizando su trabajo con varias administraciones en las que fue respetado y apreciado por su equilibrio profesional y seriedad como abogado a la hora de conocer casos sometidos a su experta opinión.
 
 Cuando Mario Roberto empezó a trabajar en el Tribunal Supremo Electoral, buscó la colaboración de profesionales que fueran intachables y absolutamente comprometidos con el derecho para que se hicieran cargo de tareas delicadas. Y llamó a su viejo amigo de la Municipalidad, quien desde principios de los años noventa está en el TSE y tiene a su cargo el Registro de Ciudadanos. Célebre fue su actitud cuando en tiempos de Portillo el FRG trató de inscribir a Rí­os Montt y en medio de enormes presiones, Miguel Solí­s resolvió conforme a derecho, denegando la inscripción solicitada por contravenir el artí­culo 186 de la Constitución de la República.
 
 Viene a cuento todo lo anterior porque conociendo a Miguel Solí­s creo que definitivamente tiene que estar enfermo para haber solicitado un permiso a las autoridades del Tribunal Supremo Electoral a estas alturas del proceso y porque estoy seguro que aun arrastrándose del dolor, el licenciado Solí­s Rojas llegará a su despacho para resolver lo que en derecho corresponda respecto a las solicitudes de inscripción de candidatos que se encuentran pendientes en el Registro de Ciudadanos.
 
 No es Miguelito de esos que andan con aspavientos presumiendo de que son muy de al pelo ni echando chile, como se dice corrientemente, sobre sus enormes cualidades. Callado y alejado de las cámaras y las luces, Miguel Solí­s Rojas es de esa gente que se comprometió alguna vez con el Derecho y jamás ha actuado en contra de sus principios, valores y vocación de hombre de ley. Pero que tiene cualidades y que las mismas son enormes, lo sabemos todos los que alguna vez le hemos tratado.

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