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Las remesas no son la panacea para la pobreza

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Las remesas no son la panacea para la pobreza

Marí­a del Mar

La conducta de los gobiernos latinoamericanos frente al problema doloroso y vergonzoso que atraviesan las multitudes de gente sin trabajo ha sido irresponsablemente relegada, tratada con indiferencia, al igual que otros látigos que cada dí­a propician el hambre y la miseria en estos pueblos que van al despeñadero de la más amarga pobreza de las pobrezas. La desesperación de la más amarga pobreza de las pobrezas. La desesperación que causa la falta del pan en las familias, el reclamo de hambre y la desesperanza de encontrar todas las puertas cerradas exigen a los desocupados tomar medidas que atropellan su dignidad. Pero ante el gran problema del hambre y la necesidad imperativa de conseguir un trabajo, se arriesgan y van tras el “sueño americano” sabiendo que están cometiendo una ilegalidad al traspasar fronteras de un paí­s ajeno, burlando sus leyes y menospreciando sus propias vidas. Este tema agudo que afrontan los paí­ses del tercer mundo se desbordó a consecuencia de que el presidente de Estados Unidos de América, señor Bush, declarara la construcción de un muro contra invasiones de indocumentados que en impresionantes avalanchas humanas invaden al Tí­o Sam. Esto nos demuestra las malas administraciones de los mandatarios latinoamericanos, incapaces de abrir fuentes de trabajo en sus naciones para el bienestar de las mayorí­as desamparadas. Al respecto me referí­ en esta misma columna publicada el 25 de noviembre de 2006, y en la cual hice serios señalamientos a los gobernantes, instándolos a que en lugar de sentirse satisfechos por depender de las divisas que reciben del extranjero se sentaran a buscar fórmulas para terminar con la mano de obra desocupada y encontrar el antí­doto contra la vagancia: creación de institutos de enseñanza artesanal y de procurar fuentes de trabajo para evitar las marejadas de indocumentados violando las fronteras estadounidenses. Me ha causado una gran satisfacción las declaraciones del gerente del Fondo Mutilateral de Inversiones (FOMIN) Donal Terry, publicadas en diario elPeriódico (19 de marzo 2007) en la sección economí­a, reportaje escrito por el periodista Ricardo Quinto, con el tí­tulo que encabeza este comentario: “Las remesas no son la panacea para la pobreza”. Y con mayor razón me siento respaldada en mis opiniones por una autoridad en la materia económica mundial como lo es el señor Donald Terry, representante de una multilateral de inversiones, quien asegura que: “el incremento de las remesas quiere decir que las economí­as de la región no están generando suficientes empleos y oportunidades para sus ciudadanos, lo que provoca un exceso de mano de obra que decide migrar en busca de trabajo”. Esta es una opinión de peso digna de ser tomada en cuenta por todos los funcionarios públicos involucrados en hacer prosperar la economí­a de sus respectivos pueblos, los que por falta de visión, de interés y de responsabilidad, en lugar de crecer se van anulando invadidos por el hambre y la pobreza. Ante declaraciones tan ciertas que ponen al desnudo los grandes errores con los que hasta hoy han sido manejadas las economí­as de los pueblos, degradados en gran escala, y rebajados a paí­ses del cuarto mundo, los presidentes de estas parcelas tan maltratadas deben de ruborizarse, avergonzarse, y empezar a trabajar seriamente en este problema buscando la salida honrosa y digna, propiciando trabajo para todos, y procurar que ni un solo ser humano vaya tras el encantamiento del sueño mentiroso americano. Es muy importante que el marasmo gubernamental cambie por justicia y dinamismo, para derrotar esos malos indicios que el paí­s no genera las suficientes oportunidades de trabajo, y por lo tanto, no es capaz de alcanzar el progreso, quedándose atrás, muy atrás del desarrollo que merece.

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