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Las reformas a la Ley Electoral

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Las reformas a la Ley Electoral

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Desde tiempos idos la ciudadanía clama, exige y pide cada vez más, en el sentido que sea reformada la Ley Electoral y de Partidos Políticos, pero la reacción siempre es: “No se oye padre”. Máxime actualmente atruena el espacio tal petición con fuerza descomunal. La propaganda electoral demasiado anticipada sirve de cimiento firme para tal menester importante.

Juan de Dios Rojas


Al final de cuentas el caso viene siendo compromiso legal del propio Congreso en funciones. Por consiguiente, en eso estriba el bien, como quiera que sea no sería posible que dicho organismo desempeñase el doble papel de juez y parte interesada. Entonces quién o quiénes tienen el encargo de meter mano, de ordinario de “mono”, al decir de los connacionales o chapines.

Esas reformas aludidas con profusión creciente, a voz en cuello deben contener, en primer plano, la reducción numeral de miembros del cuerpo colegiado. Opinión pública que nadie contraría en lo mínimo, que lo integren un número de 60, de verdad auténticos representantes de cada departamento o distrito electoral. Ajenos a compromisos políticos y de sus financistas.

Otro asunto merecedor de reforma, mejor dicho, es la supresión del enjambre existente de asesores y secretarias privadas, pide frontalmente la ciudanía decepcionada de esa disposición, causante de mayores egresos del presupuesto, visto a semejanza de exceso innecesario, propicio a poner en práctica, de ordinario a poner en práctica hechos fuera de lo normal y por ande de lo legal, señores del jurado.

También de realizarse la reforma en mención puntualiza sin tapujos la no reelección diputadil, bajo ningún punto de vista. A propósito de evitar se lleguen a enseñorear del cargo. Si tanto esgrimen la palabra “democracia”, entonces todos tienen el mismo derecho de resultar electos con todos los requisitos, a título de garantía, cimiento de su desempeño a la vista de todos.

Que los emolumentos tengan razón, ajenos a subterfugios sospechosos, en economía del enorme presupuesto que dilapidan sencillamente. No a sueldos y prebendas descomunales, en virtud innegable que no somos una potencia económica. Al contrario, que inicien pronto un régimen visible de austeridad. Los diputados debiesen dar siempre el ejemplo a sus electores, a imitar.

Otro no que es clamor público lo constituye el caso tan llevado y traído de los interminables viajes al exterior, por cierto frecuentes. Conforman de igual manera el innegable egreso cuantioso de fondos dilapidados sin necesidad. Sumas de dinero contante y sonante indispensables en salud, educación y trabajo social a guisa de ejemplo en los actuales momentos agudos.

Respecto a la equidad de género en su integración, ojalá llegase a responder pronto y de verdad, sin constituir el eje de motivaciones electoreras, repito demasiado anticipadas. Aspiramos todos, sin excepción por un Congreso pleno de espíritu de trabajo, asimismo ojalá sea suprimido el reiterado caso objetado y censurado de cambiarse de partido que los llevó al cargo.

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