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¿Ponerse peor?, imposible

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¿Ponerse peor?, imposible

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No cabe duda que este proceso de elecciones ha resultado ser el que mayores espacios de discusión y debate ha tenido en la historia democrática. Por supuesto, que esta condición no se explica para nada en el contenido de las diferentes propuestas electorales en juego, sino al contrario, se ha diversificado por una serie de hechos inusitados en su desenvolvimiento.

Juan José Narciso Chúa

 


La primera vez que se consideraba la posibilidad que un partido repitiera fue uno de sus primeras caracterí­sticas, pero se esfumó rápidamente.  La intención de hacerse candidato aún en contra de todo el marco legal del actual alcalde, también fue un hecho que se disipó rápidamente, ante la ilegalidad evidente de su aventura. Luego, la propuesta de una candidatura femenina, cosa que resultaba novedosa, pero se resaltaba más porque se centraba en la primera dama, situación que posteriormente se complicó con el divorcio arreglado y luego sus problemas legales han venido evidenciando mayormente la debilidad legal de tal propuesta.

La negativa de inscribir al candidato de los valores, resultó en una cuestión que nadie esperaba, pero que con el tiempo se ha venido demostrando que presenta caracterí­sticas de ilegalidad su candidatura y con ello se han venido afectando sus posibilidades.

Los terceros lugares han venido siendo parte de lo interesante del proceso, primero porque se encontraban bastante lejos de los dos partidos con mayor intención de voto, pero ahora que una de las fuerzas de aparente mayor fortaleza se desmorona poco a poco, tampoco los partidos del tercer lugar han podido acrecentar su caudal electoral.

Mientras el partido de mayor preferencia de voto sigue acumulando puntos, sin prácticamente hacer nada en términos de contenido, sino principalmente siguen descansando en su fuerte campaña, en donde han venido posicionando a sus candidatos y mostrando su capacidad de convencimiento por medio del color, las canciones y sus dos figuras principales.

Fuera de la campaña electoral, el gobierno ha venido demostrando cada vez más su imprecisión, su irresponsabilidad y su declinación paulatina en el manejo de la cosa pública, con lo cual poco ha ayudado a su partido y sus candidatos, pues al contrario todas sus acciones resultan poco creí­bles, incoherentes, imprecisas y dejando en evidencia su legado de corrupción.

El Congreso de la República se ha vuelto en un factor de acumulación de errores e irresponsabilidad, en donde sus aportes se han quedado en el desgaste del partido de gobierno, en las interpelaciones insulsas y faltas de criterio y en el retraso consciente de diferentes iniciativas de ley; unas porque no les interesa empujar y otras que conciernen al gobierno como los diferentes préstamos y arrinconándolo más y más.

Los jueces de la corte se han visto crispados, por los señalamientos de cobijar y proteger a personajes vinculados con grupos de poder y sus fallos han sido cuestionados por la CICIG, la comunidad internacional y múltiples columnistas y en un primer momento, pretendieron mostrarse como puros y paladines de la justicia –excepción que seguramente muchos jueces merecen-, pero los demás han sido muestra de corrupción, lenidad, irresponsabilidad y protectores de auténticos delincuentes.

Queda la Corte de Constitucionalidad, que ahora se verá sometida a una presión importante por medios de comunicación, élites tradicionales –que no tení­an candidato, pero ahora si se inclinan por el partido de mayor preferencia, incluso enviando sus candidatos a diputados y sus potenciales ministros- y los partidos polí­ticos de oposición, para sacar en definitiva a la candidata oficial.  La conformación conservadora de dicha corte con sus mejores representantes del gobierno anterior y que negociaron su magistratura con los actuales partidos,  se verá enfrentada a los magistrados nombrados por este gobierno, quedando al centro los de la USAC y el Colegio de Abogados.

En fin, unas elecciones, seguramente no alegres, pero controversiales, cambiantes, pobres de contenido, con poco interés ciudadano y, aun así­, interesantes porque nadie puede saber el final.

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