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Gianni Vattimo y otros: En torno a la posmodernidad

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Gianni Vattimo y otros: En torno a la posmodernidad

Eduardo Blandón

Vivimos en otra época, estos son aires nuevos y no tienen nada qué ver con el pasado. Esta es la idea que parece aglutinar no sólo a los cí­rculos académicos sino también al pensador callejero y apenas con aplicación metodológica para la reflexión. En general existe la conciencia de que la modernidad ha terminado y una nueva era se ha recién inaugurado con el advenimiento de Internet.


La idea, obviamente, viene mejor cimentada por los filósofos de la llamada posmodernidad: Jean Franí§ois Lyotard y Gianni Vattimo. Estos pensadores, el primero francés y el otro italiano, se han encargado de justificar porqué creen ellos que vivimos en otros tiempos, cómo es que la filosofí­a ha dado un salto cualitativo y qué es lo que debemos esperar luego de una especie de cambio de paradigma filosófico. Son la prueba fehaciente y la constatación de que la filosofí­a también puede evolucionar (o involucionar para algunos).

Vattimo nació en Turí­n en 1936 y, según información recogida en algunos libros, ha sido profesor de Estética en la Facultad de Letras de su ciudad natal. Luego de dedicarse a la investigación de la estética antigua (In concetto di fare in Aristotele, 1961) y al estudio del significado filosófico de la poesí­a novecentista de vanguardia (Poesia e ontologia, 1967), se ha centrado especialmente en la filosofí­a alemana moderna y contemporánea: Schleiermacher (Schleiermacher, filosofo dell”interpretazione, 1968), Heidegger (Essere, storia e linguaggio in Heidegger, 1963, Introduziones a Heidegger, 1971), Nietzsche (Il soggetto e la maschera, 1974, Introduzione a Nietzsche, 1985).

El presente libro, como su nombre lo indica, es una meditación en torno a la posmodernidad. Recoge un breve compendio de colaboraciones -Gianni Vattimo, José M. Mardones, Iñaki Urdanibia, Manuel Fernández del Riesgo, Michel Maffesoli, Fernando Savater, Josetxo Beriain y Patxi Lanceros, coordinados por Andrés Ortiz-Osés- sobre el concepto actual de posmodernidad. En torno a este tema se plantean diversas cuestiones: ¿es una sociedad transparente? ¿Qué relación hay entre el neoconservadurismo y los posmodernos? Desde una perspectiva literaria, ¿cómo se manifiesta lo narrativo en la posmodernidad?; y atendiendo a los valores, ¿qué relación hay entre posmodernidad y crisis de los valores religiosos? Y ¿entre modernidad y sistemas de creencias? En resumen, como dice la contraportada del libro “se trata de ofrecer al lector una sí­ntesis sobre lo posmoderno y su entorno cultural”.

Evidentemente, según mi manera de ver, la mejor reflexión del libro corresponde a Vattimo. El texto es extraí­do del primer capí­tulo de su libro “La sociedad transparente”, publicado en italiano en 1989, cuyo tí­tulo es “Posmodernidad: ¿una sociedad transparente?”. En este capí­tulo Vattimo medita sobre el cambio epocal, los generadores de dicha transformación y los signos que evidencian la evolución de la humanidad. Para el italiano no cabe duda que vivimos ya en otro horizonte.

Yo sostengo, afirma Vattimo, “que el término posmoderno sigue teniendo un sentido, y que este sentido está ligado al hecho de que la sociedad en que vivimos es una sociedad de la comunicación generalizada, la sociedad de los medios de comunicación (“mass media”)”. Para el autor, el “boom” de los medios de comunicación social es una variable importante que revela un nuevo acontecimiento histórico (ha hecho del mundo una especie de “aldea global”) que ha influenciado en la manera de concebir el mundo.

Los medios son los responsables de que hoy no tengamos una manera uniforme de ver el mundo, como quizá algunos temieron (Adorno entre otros), sino una amalgama y variedad de Weltanschauungen, en donde las minorí­as han encontrado espacios para levantar la voz. La posmodernidad se caracteriza, entonces, entre otras cosas, por la variedad de discursos que hoy, a través de los medios de comunicación, se hacen posible.

Este rasgo es un parte aguas de lo que se vivió en modernidad en la que existí­a un único discurso metafí­sico auténtico y válido. Lo que se apartaba del gran relato (según Lyotard) estaba condenado por ser herético y provocador. La modernidad confiaba en las fuerzas de la razón y desde su verdad condenaba a quien se apartaba de ella. También existí­a la historia: la narración de los acontecimientos desde un único ángulo que se hací­a pasar como verdadera y auténtica (real).

“La filosofí­a surgida entre los siglos XIX y XX, afirma Vattimo, ha criticado radicalmente la idea de historia unitaria y ha puesto de manifiesto cabalmente el carácter ideológico de estas representaciones. Así­, Walter Benjamí­n, en un breve escrito del año 1938 (“Tesis sobre la filosofí­a de la historia”) sostení­a que la historia concebida como un decurso unitario es una representación del pasado construida por los grupos y las clases sociales dominantes”.

Fueron Nietzsche y Heidegger, explica Vattimo, quienes pusieron las bases de la sospecha (junto a Marx) en relación a que el discurso único, omniabarcador, era producto de esas clases sociales dominantes que desde esos relatos pretendí­a el dominio y el totalitarismo aplastante de sus sistemas. La posmodernidad constituye la huí­da a esos absolutos que comprometen la libertad y la tolerancia frente a otros modos de pensar.

“Si se desarrollan observaciones como éstas (siguiendo un camino iniciado por Marx y por Nietzsche, antes que por Benjamí­n), se llega a disolver la idea de historia entendida como decurso unitario. No existe una historia única, existen imágenes del pasado propuestas desde diversos puntos de vista, y es ilusorio pensar que exista un punto de vista supremo, comprehensivo, capaz de unificar todos los demás (como serí­a “la historia” que engloba la historia del arte, de la literatura, de las guerras, de la sensualidad, etc.)”.

Este reconocimiento del debilitamiento de la razón (pensiero debole), unido a la explosión de los medios de comunicación social, permiten arribar a un humanismo en donde se reconoce al otro, al excluido y a las minorí­as abandonadas por el gran discurso. La posmodernidad es también el acceso de los olvidados y la aceptación de que también ellos tienen algo qué aportar a la humanidad.

“Una vez desaparecida la idea de una racionalidad central de la historia, el mundo de la comunicación generalizada estalla como una multiplicidad de racionalidades “locales” -minorí­as étnicas, sexuales, religiosas, culturales o estéticas (como los punk, por ejemplo)-, que toman la palabra y dejan de ser finalmente acallados y reprimidos por la idea de que sólo existe una forma de humanidad verdadera digna de realizarse, con menoscabo de todas las peculiaridades, de todas las individualidades limitadas, efí­meras, contingentes. Dicho sea de paso, este proceso de liberación de las diferencias no es necesariamente el abandono de toda regla, la manifestación irracional de la espontaneidad: también los dialectos tienen una gramática y una sintaxis, más aún, no descubren la propia gramática hasta que adquieren dignidad y visibilidad”.

En esto se resume, grosso modo, el capí­tulo de Vattimo. El libro, que es pequeño (apenas 169 páginas) cuenta, como ya dije, con otros textos -a mi me gusta también el de Mardones que es una crí­tica a Vattimo-, y puede ser de utilidad para actualizar el imaginario mental y adornar un poco el cerebro. Se lo recomiendo. Puede comprarlo en Librerí­a Loyola.

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