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Esfuérzate para lograr el éxito

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Esfuérzate para lograr el éxito

Marí­a Antonia, una niña de 9 años, inteligente y con deseos de superarse, obligadamente abandonó la escuela cuando cursaba el tercer grado de primaria.

Héctor Vargas, h.vargas07@hotmail.com

Don Pedro, su padre, un hombre orgulloso y machista, le dijo que era suficiente con aprender a leer y escribir; las mujeres rápido buscan marido, para eso no se necesita estudio.

Desde entonces Marí­a Antonia ayudaba a su mamá en sus quehaceres de la casa, la levantaban a las cuatro de la mañana, y le asignaban tareas de adulto.

Muchos sueños y pensamientos cruzaban por la mente de Marí­a Antonia. A pesar de las vicisitudes de la vida, anhelaba seguir estudiando y ser una señorita profesional. Una noche soñó que se encontraba dando clases en una lejana aldea, la escuelita era de madera y estaba en medio del bosque a orillas de un cristalino arroyo. Los niños descalzos caminaban por el lodo, pero con deseos de superarse. Las aves se cruzaban de rama en rama en los altos árboles, inspirándole con sus cantos para poder enseñar mejor. ¡Despertó feliz! Marí­a Antonia, a sus trece años aún seguí­a soñando con llegar a ser maestra, y le pedí­a mucho a Dios que su sueño se hiciera realidad. Papito, por favor, déjame estudiar. Me levantaré mas temprano y siempre haré todas las tareas de la casa. Yo quiero estudiar para ser maestra, y cuando sea maestra… Su frágil voz fue callada con el estruendo del regaño de su padre.

¡Qué terca eres, mija, ya te dije que el estudio no es para las mujeres…! -¿No entiendes? se quitó el cincho y mientras descargaba dos golpes sobre ella, le dijo: esto es para que entiendas y nunca más me vuelvas a pedir estudios… Una semana después, Marí­a Antonia se fue de su casa sin decir nada a nadie… Su situación fue difí­cil, pero lo que ella deseaba era seguir estudiando, algunas familias la apoyaron moral y económicamente para que continuara sus estudios. ¡Por fin! se dijo Marí­a Antonia, estoy de nuevo en las aulas. Don Pedro, mandó a confeccionar un cincho trenzado de cuero y lo colocó tras la puerta de la casa para recibirla cuando la encontrara.

Pasaron más de ocho años y Marí­a Antonia no aparecí­a y tampoco se tuvo noticias de su paradero. La familia se resignó a que algo malo le habí­a sucedido y que quizá hasta estaba muerta. Una tarde del mes de Octubre, la familia se sorprendió al recibir correspondencia. Don Pedro recibió la misiva en sus manos… ¡Por fin apareciste! Ojalá hayas escrito clara la dirección para irte a buscar y darte el castigo que mereces. Don Pedro reunió a la familia para darles la noticia. Con gran ansiedad abrieron el sobre. Curiosamente observaron que no era una carta sino una tarjeta de graduación. El texto decí­a: “Marí­a Antonia Caal Tox: invita a usted y familia al acto de graduación en donde obtendrá el tí­tulo que la acredita como Maestra de Educación Primaria Rural”. Al terminar de leer, se vieron unos a otros, no pudieron contener sus lágrimas y lloraron… En el acto de graduación, don Pedro dijo públicamente: “Quiero pedir perdón a mi hija, he sido un padre injusto, siempre le negué el derecho a estudiar, el triunfo que mi hija obtiene hoy, es porque ha sido una mujer valiente, luchó por superarse y con la ayuda de Dios y de otras personas, lo ha logrado”. Seis meses más tarde, Marí­a Antonia recibió su nombramiento como maestra en una lejana aldea, aquel sueño de años atrás, ahora era una realidad.

Aplicación personal: Ten confianza en Dios, que te espera un feliz porvenir, aprovecha las oportunidades que tienes de estudiar, atrévete a triunfar. ¡Tú puedes! Lo que ustedes distinguidas personas acaban de terminar de leer, son apenas unos fragmentos del capí­tulo cuatro de uno de los libros de motivación de la serie ATRí‰VETE A TRIUNFAR, del escritor guatemalteco Nelson Larios Garcí­a. Si usted desea mayor información, comuní­quese conmigo ahora mismo. Celular 5526-7915.

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