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Esculturas peligrosas de José Ordóñez Toledo

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Esculturas peligrosas de José Ordóñez Toledo

José Ordóñez Toledo ha sido conocido como promotor de arte y literatura, a través de la promoción de actividades, así­ como de creación de documentales y libros sobre artistas, haber producido pelí­culas y presidir la Fundación Mario Monteforte Toledo. Sin embargo, este año decidió promoverse también a sí­ mismo y dar a conocer al artista que hay dentro de él.


Una exposición que está por concluir, llamada “Esculturas peligrosas” en el Corredor de Museos de Casa Santo Domingo, fue la primera en su vida, con obras escultóricas realizadas con lámina, acero inoxidable, bronce y latón, además de partes recicladas de vehí­culos.

En ésta, funde sus tres pasiones: los vehí­culos -a los cuales se ha dedicado como empresario-, los animales -de los que ha estado cerca por su intervención en la renovación del Zoológico La Aurora- y el arte.

A raí­z de esta exposición, la Municipalidad de Guatemala lo honró al ser el primer artista en ser parte de la cuadra modelo del Paseo La Sexta, el paso peatonal que recupera el paseo de la Calle Real, es decir, la 6ª. avenida de la zona 1. Dos de sus esculturas forman parte del proyecto inicial de este camino de varias cuadras.

En pocas semanas, presentará su próxima exposición, “Relieves”, que presenta experimentaciones de arte sobre diferentes superficies.

En pocas palabras, Ordóñez Toledo ha pasado de ser un promotor de arte a uno de los artistas más inquietos de la escena nacional. A continuación, transcribimos su explicación de su propia obra, “Esculturas peligrosas”, que está en exhibición, y que dos de ellas “El grito” y “Taurus” forman parte ya del paisaje urbano en el Centro Histórico.

TOLEDO ORDí“í‘EZ, POR Sí MISMO

Esta exposición de escultura consta de 21 piezas realizadas este año mas una preexistente fechada en 2008. Esta última lleva el tí­tulo de la muestra: Escultura peligrosa. Es la única escultura que habí­a hecho antes. Consiste en una antigua horma de zapato con garras reales de leopardo insertadas. Se usó como el emblema de la muestra en el afiche. Escultura y póster fueron colocados en la entrada de la exposición.

Entremos ahora a la muestra en sí­. Las 21 piezas se dividen en tres series: Bestiario con 11 piezas, Bosque urbano con siete piezas y Ciudades utópicas con dos piezas. En la mayor parte de piezas se conjugan las tres grandes aficiones en mi vida: los animales, los automóviles y el arte. En general quise transmitir el amor y respeto que siento por la obra del Creador: la flora, la fauna y el hombre. Dios creó al mundo y se lo entregó al hombre para señorearlo. Esto quiere decir administrarlo, no dilapidar sus recursos. Tampoco quiere decir que no lo podemos tocar, como es el caso de posiciones extremistas. Dios también creó al hombre. Lo hizo a su imagen y semejanza y le concedió diferentes dones que distribuyó en diferentes medidas a cada individuo. Es por esto que podemos crear, unos más que otros. A Dios le debo esta exposición y todas las cosas que tengo y que he hecho, desde las más pequeñas hasta las más significativas.

Hablemos ahora de los materiales y las diferentes técnicas utilizadas. Todas las esculturas fueron hechas con láminas de diferentes metales y algunas de ellas tienen piezas automóvil. En unos casos estas piezas fueron utilizadas para las bases, en otros para detalles como los ojos y otras más como estructura de la obra como en Ictiosaurio y Misil orgánico. Se buscaron piezas que como en el arte cinético sugieren ritmos y movimientos, siendo el caso más representativo el del cigí¼eñal de motor; éste cambia de ritmo al verlo conforme nos movemos alrededor. También buscamos que el uso de estas piezas, a pesar de que estrictamente se pueda calificar de arte povera, se alejara del mismo.

Las láminas y los acabados las podemos dividir en tres grupos. El grito y Taurus fueron hechos con láminas brillantes de acero inoxidable, bronce y latón. Se conservó el acabado virgen que tení­an. Nautilus, Scorpio y Ciudades utópicas se fabricaron con láminas de hierro con una capa protectora para desacelerar el proceso de oxidación que se insinúa en algunas de ellas. En las piezas del Bosque urbano se usó también lámina de hierro pero en este caso se le aplicó una pátina para que las plantas con formas abstractas tuvieran un acabado natural. En éstas se dejó caminar más el óxido, por considerarlo un color vivo que hace que cada dí­a la obra se vea diferente.

Las piezas El grito y Taurus son las más complejas. Los materiales usados (acero inoxidable, bronce y latón) fueron producto de una investigación que hicimos en conjunto con Efraí­n Recinos, con quien me une una larga y entrañable amistad. La idea era buscar materiales que resistan el paso del tiempo en la intemperie, valorando al mismo tiempo los efectos estéticos que puedan tener las pátinas producto del embate de los elementos de la naturaleza. Recorrimos la mayor parte de esculturas del sur de la ciudad para ver su comportamiento en el tiempo, incluyendo los murales que el propio Recinos y González Goyri hicieron en el Parque de la Industria. Los usamos por primera vez en una versión de la Guatemalita de aproximadamente 3.5 metros de largo.

Cuando Recinos hizo el Teatro Nacional tomó una obra arquitectónica y la revistió de escultura. En mi caso decidí­ invertir el proceso: hice esculturas revestidas de arquitectura. Por eso estas piezas se diseñaron como un edificio, usando procedimientos de arquitectura. Se partió de un boceto que después de un complicado proceso se digitalizó en programa Auto Cad y se convirtió en una figura de tres dimensiones. Se levantaron planos de alzado, planta y elevación y el equivalente a planos de arquitectura. Finalmente, se hicieron planos de cada una de las piezas. Luego se imprimieron en papel en dos escalas. Escala 1/1 y escala1/2. En la escala 1/1 se buscó el tamaño natural de un oso polar en el caso de El grito y un toro de lidia en el caso de Taurus. Esto es, la altura medida desde el suelo hasta la cruz del animal en la nuca. En ambos casos el cuello se exageró para darle fuerza y dramatismo a las piezas.

Para unir las piezas tení­amos tres opciones: soldadura, pegamentos epóxicos y remaches. Decidí­ utilizar los remaches buscando la fuerza, el aspecto de armadura, de tanque y por qué no decirlo un toque de transformer. Lo que es más, usamos remaches del color contrario a la lámina para resaltarlos.

La influencia de la arquitectura se puede apreciar sobre todo en las patas de los animales: repetición de formas, ventanas, profundidad, etcétera. Hay influencia de varias corrientes de arte. En la obras en general predomina el cubismo; en la parte baja, el constructivismo, una corriente muy relacionada con el cubismo, donde se representan relaciones simples de formas geométricas, a las cuales pueden ser reducidas todas las formas naturales, según Cézanne. Se renuncia a la estética de la masa, reemplazada por la estética de lí­neas y planos. El aire ocupa el lugar de la masa. Al verlas de frente y por atrás son obras totalmente abstractas; las figuras se adivinan al verlas de lado. En las patas de los animales tratamos de representar el movimiento al modo de los futuristas de principios del siglo XX.

El resto de piezas del Bestiario fueron hechos en forma más espontánea. Partimos de dibujos o trazos hechos en plantillas de cartón que se trasladaron a láminas de metal; a veces se dibujó directamente sobre el metal. Las piezas de acero inoxidable, latón y bronce se unieron con remaches, tornillos y pegamentos. Las de hierro y las piezas de automóvil con soldadura y tornillos.

En el caso del Bosque urbano y las Ciudades utópicas las piezas fueron unidas exclusivamente con soldadura.

En el Bosque urbano se aprecia más la influencia del constructivismo. Los volúmenes se sugieren. Se hicieron abstracciones de las plantas para evocar el aspecto urbano.

Ninguna pieza de la exposición es masiva ni pesada. Las más grandes pueden ser cargadas por dos personas.

En los tí­tulos quisimos dar un toque de humorismo o tal vez de locura, principalmente en el Bosque urbano.

Para terminar, debo añadir que las piezas de las series Bosque urbano y las Ciudades utópicas fueron diseñadas para crecer. Las podemos considerar maquetas de piezas más grandes que podrí­an ser colocadas en la plaza de un edificio o en lugares públicos.

Esto es lo que en resumen hice y lo que quise transmitir al público. Espero haberlo logrado.

Alguien en la inauguración de la exposición en Casa Santo Domingo me dijo: “No sabí­a que eras escultor”. Sin pensarlo le contesté: “Yo tampoco”. Dios me cambia de oficio de cuando en cuando y este nuevo me tiene encantado. Ahora soy aprendiz de artista. Al final, somos eternos aprendices de la vida.

DISCURSO Efraí­n Recinos Valenzuela


Mi papel en esta intervención va a ser más que nada tratar de explicar el trasfondo de donde proviene esta inspiración escultórica. Iremos su inicio; encontraremos de dónde surgió. La voy a llamar Pléyade; espero que nadie esté en contra de ese nombre. La considero una Pléyade de estrellas escultóricas.

¿De dónde surge todo esto? En primer lugar del amor. Mucho antes de que Pepo pensara en hacer escultura existí­a en él su amor por la naturaleza. Como prueba tienen ustedes toda la labor que hizo en el Parque Zoológico Nacional La Aurora. Recordarán que los animales, nuestros hermanos, estaban en cárceles, tras las rejas. No más. Ahora están libres en recintos abiertos donde se recrea su hábitat y la arquitectura del lugar de donde provienen. Pepo estableció un nuevo zoológico. Es decir, el animal respetado en su hábitat. Fue un trabajo largo, pero es el único de su tipo que hay en Centro América y creo que en muchos paí­ses de Latinoamérica. Así­ conocimos su posición como amante de la naturaleza.

Cuando era niño le interesaba la paleontologí­a; admiraba a los dinosaurios que existieron hace 65 millones de años. De ahí­ fue creciendo su afinidad por los animales. Pero hay algo más. Esta exposición muestra más que nada su amor por la humanidad. ¿Saben ustedes quién fue el que hizo que en Guatemala y en Centroamérica ya no hubiera gasolina con plomo? Fue Pepo Toledo. Por él hace ya casi treinta años que nuestros niños ya no respiran ese veneno. Guatemala también tuvo la oportunidad de que él participara activamente en la Modernización del Sector Eléctrico y de las Telecomunicaciones.

En toda esa labor se va acercando directamente a estas esculturas. Ahora entremos a sus conocimientos. Qué es lo que él sabí­a antes. El conocimiento del metal como un material precioso, pero poco utilizado en escultura, a no ser en formas escultóricas tradicionales como el bronce que utilizaban los griegos hace miles de años. Si alguna pieza de automóvil ya no funciona se tira, se desperdicia. Si las observamos con atención nos daremos cuenta que muchas de ellas tienen valor estético. El arte en general ha despreciado estos materiales. El primer oficio de Pepo fue mecánico automotriz. Seguramente de ahí­ surgió su interés por las planchas de metal y las piezas de automóvil.

Hay que hacer notar los nombres de las piezas, como los de su serie “Bosque urbano”: “Arbusto loco”, “Arbusto jefe”, “írbol nada que ver”, “Arbustos haciéndose los interesantes”, etcétera.

Su escultura titulada “Ictiosauro” parece ser la pieza clave de la muestra. Un cigí¼eñal del motor de un automóvil o de un camión una vez terminado su ciclo útil pasó a formar la estructura de esta obra. í‰l descubrió la belleza y el ritmo de esta pieza. Una gran cabeza y una gran cola con esa filigrana plateada convierte este animal prehistórico en algo muy contemporáneo, muy nuestro, muy actual. Ya se ha hecho arte con chatarra pero no en esta forma novedosa. Las planchas de metal sirven para dar forma a los automóviles. Ahora las vemos convertidas en parte del arte. Otra pieza titulada “Misil orgánico” tiene cierta relación con el héroe de la exposición.

“El grito” es un gigantesco oso rugiendo teatralmente hacia arriba. El “Armado”, uno de los más interesantes, está hecho estrictamente con planchas. Los ojos están resueltos de forma ingeniosa. Los materiales y el cuidado con que están hechas las piezas son dignos de observar. A pesar de ser “Esculturas peligrosas” las puntas y las aletas de las figuras no lastiman. Pero es mejor que seamos cuidadosos.

Pepo empezó a hacer estudios de arte desde hace más o menos quince o veinte años, primero por su cuenta y luego con catedráticos. Desde la Fundación Mario Monteforte Toledo se dedicó por años a hacer documentales y libros de los artistas guatemaltecos. Dibujó, pintó y empezó a hacer escultura. Se autodenomina aprendiz de escultor, aprendiz de artista, como nos gusta decir con Gí¼icho Dí­az y Marí­a Victoria. Porque, ¿qué seguridad tenemos de ser artistas? Tal vez dentro de doscientos años van a decir “aquél sí­ que era artista”. Porque los tí­tulos, las categorí­as cambian con el tiempo.

He tratado de explicar de dónde nace ese arte de Pepo, guardado hace tiempo y que surgió motivado por la invitación que le hiciera Jorge Castañeda a exponer. Llevó todo su amor por la naturaleza al conocimiento del metal, a la escultura. Este es el significado que para mí­ tiene la muestra de Pepo Toledo.

Palabras del maestro Efraí­n Recinos en la inauguración de la exposición “Esculturas peligrosas” de José (Pepo) Toledo Ordóñez en El Paseo de los Museos del Hotel Museo Casa Santo Domingo el 03 de julio de 2010.

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