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2014

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2014

Raul_Molina

Al concluir 2013, con escasez de aspectos positivos no podemos ignorar muchos acontecimientos negativos. El promedio de muertes por violencia subió a 17 personas diarias, incluidas claras violaciones de los derechos humanos y violencia política. Las denuncias de corrupción y abusos de poder llueven como granizo y la Vicepresidenta la emprende contra la prensa y cualquier voz que pueda criticarla. La juventud encara la falta de oportunidades con las opciones de migración o delincuencia.

Raúl Molina


Los sectores de poder tratan de ocultar los hechos del pasado y mantener la impunidad, con una Corte de (In) Constitucionalidad a su servicio y un Presidente que pide la aplicación de la amnistía –posiblemente no quiere seguir los pasos de Manuel Contreras (Chile y CIA), Pinochet y Ríos Montt– y busca, nuevamente, el apoyo de Israel para labores de “inteligencia militar” y control de población en rebeldía (palestinos y pueblos indígenas igualmente oprimidos). Tampoco ha dudado en poner a Guatemala en subasta, para proyectos de minería y energía o la alianza transpacífico para satisfacer las demandas del “Big Brother” de regir imperialmente en todo el Pacífico.

El 2014 se abre, sin embargo, con perspectivas halagüeñas para nuestro país. Se iniciará el 15 de enero la cuenta regresiva para el gobierno del Patriota, ya desgastado y rechazado por la población. Y, particularmente, es el año del 70o. aniversario de la Revolución de Octubre de 1944. Es tiempo de reafirmar  el “Nunca Más”: no a la violencia política y no más militares al poder, a menos que el país tuviese la suerte de encontrar a un nuevo Jacobo Árbenz Guzmán.  Serán cerca de 290 días para forjar la más amplia alianza de fuerzas sociales y políticas progresistas y democráticas que sea capaz de producir un nuevo sismo político y social. Ya estamos en marcha en busca de la UNIDAD: algunos hemos construido ya el Movimiento de Unidad Progresista y Popular (MUPP); partidos políticos y fuerzas políticas desligados de la represión, la corrupción y el crimen organizado han empezado conversaciones de genuina aproximación; los dirigentes de las luchas socio-políticas –por los territorios, la tierra, los recursos naturales, los derechos laborales y campesinos, los derechos estudiantiles y universitarios, los derechos de la Juventud, los derechos de la Mujer y los derechos de los pueblos indígenas– reconocen que todas las luchas deben confluir hacia un gran cambio nacional. Como nuevos motores, sectores cristianos se han sentido re-energizados con las posiciones valientes del Papa Francisco; ha dejado de ser anatema luchar con y por los pobres, porque la acusación de “comunista” ha perdido peso en el mundo neoliberal de hoy. La social democracia vuelve a perfilarse como alternativa al capitalismo salvaje.

La clave está en entender que la verdadera UNIDAD exige tolerancia y diálogo. Lo que se llamó “comandantitis” fue una necesidad durante el conflicto armado interno; pero es una aberración en espacios democráticos. Si no podemos convencer con razones a los propios, ¿cómo vamos a convencer a esos sectores de capas medias vacilantes, siempre temerosas de las grandes mayorías y atrapadas ideológicamente por el racismo y el machismo? Justamente porque entre nosotros mismos, por muy progresistas que nos llamemos, están presentes los candados de la discriminación, por etnia, género u orientación, ponemos demasiadas condiciones a los intentos de reconocernos como parte de los sectores oprimidos. Cuando una persona o grupo social se enfrenta a problemas psicológicos, el primer paso es siempre reconocer que los mismos existen. Esa es la situación presente: nuestra falta de unidad es un problema nuestro; los contrarios –los sectores recalcitrantes– solamente se aprovechan de nuestra propia deficiencia. Usemos cada día del 2014 para provocar la necesaria transición, por fin, a la democracia real y participativa.

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