HASTA LUEGO, HUMBERTO AK´ABAL

Enán Moreno
Escritor y académico guatemalteco

El martes 29 de enero, antes del amanecer, Violeta me dijo que la noche anterior había muerto Humberto Ak´abal, en uno de los hospitales públicos, conocido por sus carencias. Medio dormido aún, traté de asimilar la mala noticia. Ya despierto comencé a hacer memoria, a repasar los recuerdos que tengo de Humberto. No puedo precisar dónde ni cuándo lo conocí, pienso que en alguno de los Congresos Internacionales de Literatura Centroamericana -CILCA-. De ahí en adelante nos veíamos de vez en cuando, es decir, lo conocí y traté, pero no tuve su amistad, como sí la tuvieron y disfrutaron otros escritores.

Humberto vivió un tiempo en la Colonia Monte Real, zona 4 de Mixco, donde yo vivía entonces con mi familia. En una ocasión, desviándome de la Calzada San Juan para entrar en la colonia, un hombre cruzó la calle y debí bajar la velocidad del auto para facilitarle el paso, porque caminaba con dificultad: era Humberto, lo reconocimos al pasar. Después bromeamos con Violeta diciendo que yo estuve a punto de atropellarlo, imaginando algún titular de prensa. Nos vimos y saludamos otras veces por esos rumbos y yo siempre le dije que llegaría a visitarlo, pero nunca concreté la visita, lo cual lamento.

Con Luis Alfredo Arango (mi tesis de licenciatura la escribí sobre su poema Canto florido) conversamos un poco sobre Ak´abal y su poesía, y me contó cómo él -poeta ya consagrado- había estimulado y dado consejos al entonces principiante Humberto, quien lo había buscado para mostrarle sus poemas. Ak´abal siempre reconoció a Luis Alfredo como un amigo y maestro, y los críticos literarios nacionales han señalado la relación o similitudes entre la poesía de ambos. En su trabajo De nuevo signo a signos nuevos, Violeta De León se ocupa de ambos poetas, comparándolos para mostrar el influjo de Arango en Ak´abal.

En 1998 se realizó en Quetzaltenango un Encuentro de Escritores y asistimos varios de la capital. Recuerdo que, junto con Margarita Carrera, Carmen Matute, Circe Rodríguez, María del Carmen de Alonzo y otros nos hospedaron en el Hotel Modelo y las actividades literarias fueron en la Casa de la Cultura, sede del Encuentro. Una tarde, almorzando en el restaurante Albamar, situado en una esquina del parque, llegó a la mesa Ak´abal, le hicimos lugar y estuvo conversando con el grupo; en un momento dado se dirigió a mí, diciéndome “De usted no me gusta su poesía, me gustan más sus otros escritos”. Viéndolo, me limité a sonreír. Seguramente me había escuchado en una de las lecturas de poesía. Luego del almuerzo volvimos a las actividades en la Casa de la Cultura. Terminado el Encuentro, de regreso a la capital tuvimos en nuestro vehículo la grata compañía y conversación de Margarita Carrera, querida maestra, colega y amiga. Después de esa estancia en Quetzaltenango, a Humberto lo veía en el centro histórico de la ciudad o en Las Ferias del Libro.

Un día, yendo por el anillo periférico hacia el centro citadino, vi que Humberto iba en un taxi, aminoré la velocidad, bajé la ventanilla del auto y así nos saludamos con gusto, sobre la marcha. En la Feria del Libro del año pasado nos encontramos una tarde y, luego del saludo y breve conversación, alguien nos tomó una foto. La última vez que lo saludamos fue una tarde reciente: íbamos en el auto con Violeta, por la quinta calle, entre la quinta y sexta avenidas, cuando vimos a Humberto caminando por el mismo rumbo, me hice un poco a la orilla y nos saludamos como siempre. Sus estancias en la capital eran frecuentes, yendo o regresando de viajes o para ultimar con sus editores detalles de alguno de sus libros.

Su primer libro, El animalero, fue publicado por Editorial Cultura en 1990, con ilustraciones de Luis Alfredo Arango, quien, en ese entonces, escribió: “Humberto Ak´abal alterna ahora, por derecho propio, con los creadores de la poesía guatemalteca del siglo XX”. A partir de ese primer libro su poesía llegó a los lectores y la figura de Ak´abal, conforme publicaba más, se fue acrecentando dentro y fuera del país. En 1995 la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos le concedió el Emeritissimum, máximo reconocimiento que esa unidad académica otorgaba. Como profesor del Departamento de Letras yo estuve presente y pude escuchar y luego felicitar a Humberto.

En 2003 el Consejo Asesor para las Letras, del Ministerio de Cultura, acordó concederle el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias. En ese tiempo yo era miembro del Consejo y, durante la deliberación, alguien advirtió acerca de la posibilidad de que, si se le concedía el premio, Ak´abal podría rechazarlo. Opiné que eso no era razón para no otorgárselo, que él tendría el derecho de no aceptarlo, pero el Consejo, dada la calidad y trascendencia de su obra, tenía no solo el derecho sino la obligación de otorgárselo. Hubo consenso y el Premio se le otorgó. Días después de recibido el aviso, Humberto comunicó su decisión de rechazar el premio porque, argumentó, el mismo llevaba el nombre de Miguel Ángel Asturias, quien en su trabajo de tesis (El problema social del indio) había ofendido a los pueblos indígenas, de los cuales él era miembro. A pesar del rechazo, él figura como uno de los escritores que, desde 1988 a la fecha, han obtenido el Premio Nacional de Literatura.

Desde el principio la obra y persona de Humberto generaron polémica. Sus primeros versos, mostrados a algunos, no obtuvieron ninguna valoración, hasta que Luis Alfredo Arango le tendió la mano y ayudó a que su primer libro fuera publicado. En adelante Ak´abal caminó solo y fue puliendo su estilo e intensificando su mundo poético, consiguiendo así cada vez más lectores y proyectándose en otros países. Él es ahora, indudablemente, el poeta guatemalteco más conocido; además, Humberto ha sido ya referente e influjo para nuevos poetas indígenas, por ejemplo, para Sabino Esteban Francisco, de quien he leído hace poco su libro Alas y raíces.

Se ha dicho bastante sobre el poeta, su ser indígena y la naturaleza de su poesía, pero aún está pendiente la crítica seria, detenida y sin prejuicios. Con motivo de su muerte han sido publicadas varias opiniones de escritores e intelectuales y reproducidos algunos de sus poemas; yo, para cerrar esta nota, ofrezco aquí un poema suyo (del libro Retoño salvaje) incluido en mi ensayo Elogio de la literatura (ABC ediciones, 2012, p. 9.) precedido de un breve comentario: “Es el poeta quien puede, con sus palabras, hacernos sentir lo que dice en el poema, y él lo sabe”:

Si en un poema
te ofrecen un vaso de agua
y al leerlo
sentís su frescura,
quien te lo ofrece
se llama
poeta.

Humberto Ak´abal sigue vivo en cada una de las palabras que dan forma a su poesía. Leerla es reencontrarse con él.

PRESENTACIÓN

Hacer memoria de la figura del poeta Humberto Ak´abal es referirnos al esteta de las letras y, más allá de ello, al personaje que con su vida supo engrandecer a Guatemala en los espacios en donde la representó para gloria de nuestro arte nacional.  El escritor, efectivamente, al ser reconocido más allá de las fronteras guatemaltecas, expresó una sensibilidad que no pasó por alto en el universo complicado de los encargados de la ortodoxia literaria.

La brevedad y aparente sencillez de sus textos quizá sea un obstáculo insuperable para algunos lectores que, acostumbrados a un canon rígido, todavía hoy no saben acceder a la riqueza de su creación literaria.  El tiempo, sin embargo, lo sitúa como uno de los grandes vates contemporáneos con una propuesta original capaz de comprender con la palabra el misterio de la realidad que nos circunda.

Al reconocer su estatura artística, desde La Hora no hacemos sino rendirle homenaje como un acto de agradecimiento por su entrega a la poesía.  Creemos que su actividad creadora nos ha permitido desde nuestro contexto guatemalteco a ser mejores y quizá a entender mejor el mundo.  Su voz indígena, además, extiende puentes para la comprensión de la diferencia en sociedades cada vez menos tolerantes.

Que la lectura de los textos sea de su agrado y un pretexto para la reflexión y crecimiento personal.  Es nuestro deseo en cada edición ofrecer, para su paladar exigente, propuestas variadas en tonos, perspectivas y especialización.  Que tenga un feliz fin de semana. Hasta la próxima.