Guatemala racista

Sandra Xinico Batz

Hay un video en internet en el que Gloria Álvarez indica que nadie les ha preguntado a las mujeres indígenas qué piensan acerca de “elevar constitucionalmente la justicia indígena”. Mientras Álvarez señala los miles de casos de violaciones sexuales a mujeres y niñas que han quedado en la impunidad en los últimos años en el país, también pregunta a la audiencia “¿dónde está la justicia indígena en estos casos tan urgentes y delicados?”. El relleno del video son las respuestas que las mujeres entrevistadas dieron a las preguntas que claramente estaban inducidas a reafirmar la conclusión de Álvarez: “que las mujeres indígenas no están de acuerdo y que les afecta incluso la justicia indígena”.

Escucho a mis hermanas mayas en el video y sus respuestas no son precisamente un rechazo a la justicia indígena como se quiere hacer ver. Sus respuestas denotan lo que claramente el poder político (a través de los medios de comunicación corporativos y de “figuras públicas” como Álvarez) ha impulsado con sus campañas de desinformación: justicia indígena = linchamientos. Se difunde la idea de que la justicia indígena divide y es desigual. La mentira y la manipulación de la información son el fondo de esta campaña racista, que busca un enfrentamiento entre los mismos pueblos indígenas y posicionar la imagen de que estamos “divididos”, cuando en la realidad tanto indígenas como mestizos estamos susceptibles a reafirmar como verdades las grandes mentiras que este sistema hace que creamos.

Alimentar el odio entre indígenas y ladinos también es una parte de esta campaña racista que busca mantener un Estado racista. La justicia indígena no pretende darle vuelta a la realidad a través de la venganza y tampoco implica que los racistas ahora seamos los indígenas contra los ladinos por impulsar su reconocimiento. Las reacciones del racismo incitan a que en lugar de acercarnos a los pueblos mayas y dilucidar de primera fuente nuestras dudas al respecto (de la justicia indígena y de la propuesta de los pueblos al respecto del pluralismo jurídico) nos creamos expertos en el tema con tan sólo consumir la “información” que difunden los medios corporativos de comunicación.

Michel Foucault (en Genealogía del racismo) introduce el racismo de Estado reflexionando que “el discurso de la lucha de razas -que en la época en que apareció y comenzó a funcionar (siglo XVII) constituía esencialmente un instrumento de lucha para campos descentrados- será re-centrado y se convertirá en el discurso del poder, de un poder centrado, centralizado y centralizador. Llegará a ser el discurso de un combate a conducir, no entre dos razas, sino entre una raza puesta como la verdadera y única (la que detenta el poder y es titular de la norma) y los que constituyen otros tantos peligros para el patrimonio biológico. En ese momento aparecerán todos los discursos biológico-racistas sobre la degeneración y todas las instituciones que, dentro del cuerpo social, harán funcionar el discurso de la lucha de razas como principio de segregación, de eliminación y de normalización de la sociedad”.