Guatemala fuera de su órbita

Oscar Clemente Marroquín

ocmarroq@lahora.com.gt

28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.

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Oscar Clemente Marroquín
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El libro de John Bolton sobre el funcionamiento de la Casa Blanca bajo la administración de Trump es una radiografía de un presidente disfuncional que se cree un excelente negociador y genio pero que es manipulado fácilmente por quienes saben tocarle ciertas fibras y se aprovechan de su arrogante ignorancia. Por supuesto que Vladimir Putin, el gobernante ruso que se formó en las filas de la KGB ha sabido jugar con él aprovechando el extenso y profundo perfil psicológico que le hicieron, al punto de que ignoró hasta los informes de inteligencia sobre la forma en que Rusia financia la ejecución de soldados norteamericanos en Afganistán. Putin es, sin duda, palabra mayor, pero el joven líder de Corea del Norte, Kim Jong Un no se quedó atrás y en las reuniones bilaterales le hizo la barba con astucia para darle de comer en la mano y se ve cómo Trump cae cual presa fácil para quien le sabe sobar la leva y le dice que es un gran líder y un verdadero experto en el arte de la negociación.

Y fue precisamente el acierto que tuvo quien en el gobierno de Morales diseñó la estrategia para cargarse a la CICIG. Primero se ganaron la atención de Trump cuando Guatemala fue el primer país que anunció que acompañaría a Estados Unidos en el traslado de la Embajada en Israel y eso fue el derecho de llave para llegar a sus oídos y contarle que aquí había un Presidente que, como él, era víctima de otra cacería de brujas, dirigida por izquierdistas que usaron el argumento de la corrupción para adueñarse de Guatemala y que Morales, como Trump, sufría por una conspiración para destruirlo y que lo que aquí hacia Iván Velásquez era exactamente lo que allá hacía Robert Mueller. Millones de dólares gastados en lobby por quienes eran afectados por la lucha contra la corrupción ayudaron al montaje que terminó siendo exitoso.

En el libro de Bolton se ve que en los temas candentes de seguridad nacional, por supuesto, Guatemala no toca ni pito. El tema migratorio es abordado referido a toda Centroamérica aunque se destaca que el muro es el pivote de la campaña política de Trump también evidencia la forma en que sus asesores más cercanos manejan el asunto pasando sobre los formalmente encargados de regular y controlar la migración ilegal. Pero el tema de la amenaza izquierdista sobre un país como Guatemala jamás llegó al equipo a cargo de la Seguridad Nacional porque se entendió el montaje y la manipulación que le hicieron a Trump.

Hoy en día Trump no está para pensar en ese tipo de cuestiones porque está atribulado por la forma en que se comporta el nuevo coronavirus en su país y los efectos que ha tenido en la economía, a lo que se suma el tema racial que ha prendido en proporciones que no se veían desde la época de la lucha por los derechos civiles.

Ahora la alianza de diputados, jueces, los Alejos y el empresariado que se pronuncian por descabezar a la CC no cuentan con ese poderoso aliado que fue decisivo en la ocasión anterior y, ya sin careta, se arriesgan a sanciones porque, como se vio con el caso de Gustavo Alejos, con Trump fuera de foco, cambió el nivel de tolerancia ante la corrupción.