GOT a la Chapina

Juan Antonio Mazariegos

jamazar@alegalis.com

Abogado y Notario por la Universidad Rafael Landívar, posee una Maestría en Administración de Empresas (MBA) por la Pontificia Universidad Católica de Chile y un Postgrado en Derecho Penal por la Universidad del Istmo. Ha sido profesor universitario de la Facultad de Derecho de la Universidad Rafael Landívar en donde ha impartido los cursos de Derecho Procesal Civil y Laboratorio de Derecho Procesal Civil. Ha sido y es fundador, accionista, directo y/o representante de diversas empresas mercantiles, así como Mandatario de diversas compañías nacionales y extranjeras. Es Fundador de la firma de Abogados Alegalis, con oficinas en Guatemala y Hong Kong, columnista del Diario La Hora y Maratonista.

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Juan Antonio Mazariegos G.

George R.R. Martin escribió su famosa saga de novelas Canción de Hielo y Fuego (A song of ice and fire), colocando a una serie de personajes en un continente imaginario, Poniente, en el que 7 reinos y sus correspondientes reyes y reinas, guerreros, lacayos, esclavos, cortesanos y demás asociados se pasan, capítulo tras capitulo, episodio tras episodio, asesinando, peleando, confabulando y en síntesis buscando destruir a todos sus rivales con el único propósito de finalmente ser el único en sentarse en el famoso Trono de Hierro y ejercer el poder absoluto sobre todos los reinos.

Algunos conocedores e historiadores refieren que Martin se inspiró en la antigua Inglaterra y la famosa guerra de las dos rosas, la cual enfrentó a dos familias nobles tras la muerte de Eduardo III. Ignoro si eso sea cierto, pero en mi opinión, cualquier evento histórico que haya originado las primeras ideas de Martin para su estupenda saga de novelas, fue superado inmediatamente cuando las pasiones y los intereses humanos llevaron a su pluma a describir cómo los hombres somos capaces de perder cualquier sentido de humanidad y decencia en aras de la ambición y el ansia de poder.

Hoy en Guatemala, gracias a Dios, sin Dragones ni Caminantes Blancos, somos testigos de cómo cada grupo de poder mueve sus piezas en una serie de emboscadas, confabulaciones o ataques que tienen como propósito principal desbancar competidores en un afán impresionante por llegar al poder, no porque se desee hacer algo por Guatemala sino por la simple ansia de poseerlo y de imponerse sobre los demás.

En estos días se habla mucho sobre la judicialización de la política, quizás debimos haber recapacitado antes sobre politizar la justicia, realmente no importa, el problema va mucho más allá, pues tal parece que somos víctimas de nosotros mismos, la mayoría por dejados, por ver hacia otro lado y los grandes grupos de poder porque, en su lucha particular por obtener este poder absoluto, buscan destruir a sus enemigos dando coletazos que a su vez destruyen instituciones, pisotean la ley y acaban con la credibilidad del sistema, algo extremadamente peligroso para la gran mayoría de guatemaltecos que vive en condiciones de precariedad y que esperan un guía con el legítimo interés para trabajar y pensar en ellos.

A lo largo de toda la serie televisiva se repite la amenaza constante de que se acerca el invierno (winter is coming), encarnando la amenaza en los caminantes blancos y miles de zombies que amenazan a Westeros (Poniente) y para los hombres no queda más que unirse o morir. ¿Qué hacemos para controlar a nuestros propios demonios, nos unimos y votamos nulo, impulsamos a algún candidato sin esperanza pero también sin amarre a los grupos de poder? Qué bien luce como plan para un domingo por la noche esperar el siguiente episodio de Juego de Tronos (GOT), que mal luce para Guatemala este escenario del que George R.R. Martin seguramente se sentiría orgulloso, de haberlo imaginado él para incluirlo en su sexta novela aún pendiente de publicar.