Lic. Douglas Abadía C.
douglas.abadia@gmail.con

En los últimos días hemos podido observar largas filas de personas en las librerías de toda la República adquiriendo los útiles escolares de sus niños, pagando cantidades altísimas de quetzales con tal de completar la lista de útiles.
Llama la atención las especiales listas de útiles pues siempre se condiciona al comprador para adquirir ciertas marcas de lápices, lapiceros, crayones, etc.
Eso sin incluir los uniformes de diario, de educación física y de gala en algunos casos, no digamos el tacuche o vestido de los graduandos de este año.
Nuestro sistema educativo público es obsoleto, hay casos en que la mochila es más grande que el niño que la carga, apenas estamos discutiendo el tema de la pobreza, imagino que tipo 2030 empezaremos a discutir el uso de laptops o tabletas en las aulas públicas.
Considero que es urgente cambiar los patrones tradicionales en el tema educativo público, debemos priorizar el gasto en útiles con sentido y no adquirir bobadas que nada aportan a la educación de calidad incluyente.
Los padres de familia invierten quetzales en la educación de sus descendientes con la finalidad de desarrollo personal, hacen verdaderos milagros para mantener y garantizar la educación de sus hijos, muchas veces privándose de adquirir algo para ellos.
Cada día somos más y más chapines en un territorio superpoblado y hacinado, en especial el tema de migraciones del interior del país hacia la capital, donde existe un símil de sueño americano a medias, pues muchas veces la superación no llega nunca, al contrario, se empeora en vez de mejorar.

Qué porcentaje de niñas y niños no valorarán en este momento de sus vidas el titánico esfuerzo de su padres para tener acceso a educación? Creo sin caer en el fatalismo que la mayoría no lo hará y después se arrepentirán de no haber aprovechado esas condiciones aunque hayan sido austeras y limitadas.
Los altos índices de deserción escolar a nivel general en Guatemala son alarmantes, uno de los factores lo constituye la imposición y represión paternas o la ausencia de motivación personal.
Mientras tanto nuestro recurso humano calificado y tecnificado escasea a todas luces, seguimos produciendo analfabetos en bastas cantidades. Siempre me he cuestionado acerca de cuanto porcentaje de genios perdemos por la maldita pobreza tanto material como de actitud.
En el reino de los ciegos, el tuerto es rey.

Diario La Hora
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