Imagen de archivo. Bomberos trabajando para descolgar hasta el suelo un vagón de metro que quedó suspendido en un tramo elevado del metro, en Ciudad de México, el martes 4 de mayo de 2021. Foto: La Hora/AP

CIUDAD DE MÉXICO/AP

José Luis Hernández Martínez cruzaba Ciudad de México todos los días en la Línea 12 del metro, entre su casa en el sur de la ciudad y el taller de carrocería donde trabajaba reparando vehículos chocados.

El hombre, de 61 años, viajaba el lunes por la noche en un tren que había salido del subsuelo de la ciudad y circulaba por un tramo elevado lejos del centro cuando dos de sus vagones naranjas cayeron de pronto al vacío.

Hernández Martínez murió en el acto, indicó su hijo, Luis Adrián Hernández Juárez. Es uno de los fallecidos de uno los peores accidentes de metro del mundo que se cobró la vida de 25 personas, según la última cifra dada a conocer por la fiscalía capitalina el martes por la noche. Más de 70 personas resultaron heridas.

“Mi papá fue rescatado sin signos vitales. Con traumas en el tórax, en el cerebro, en los pies, en las rodillas, hematomas”, dijo Hernández Juárez, que se aferraba al certificado de defunción. El personal de emergencias le dijo que su padre había quedado aplastado por otros pasajeros. “Es algo muy feo ver a tu padre así por última vez”.

Tenia previsto enterrar a su padre el miércoles, mientras comienzan los funerales por toda la ciudad. La capital, de casi diez millones de habitantes, está de luto oficial.

La ira y la frustración bullían entre los familiares de las víctimas y los que utilizan cada día la amplia red del metro.

“Nadie va a devolverme a mi papá aunque me den 10 millones de pesos”, lamentó Hernández Juárez, que expresó su preocupación porque su madre se había quedado sin fuente de ingresos.

Los primeros datos apuntan a un fallo estructural en las vigas de apoyo como causa del siniestro, según las autoridades.


La alcaldesa Claudia Sheinbaum instó a la población a evitar especulaciones y prometió una investigación profunda e independiente. Las autoridades esperaban presentar un primer informe preliminar sobre accidente el viernes.

La Línea 12 es la más larga y más nueva de la Ciudad de México, pero ha tenido una sucesión de problemas desde que empezó a operar en 2012. Su recorrido llega hasta la zona más rural al sur de la ciudad, donde suben trabajadores para llegar a sus puestos por toda la ciudad. Unos 220.000 pasajeros utilizan a diario la Línea 12.

La indignación de la gente ya ha encontrado varios blancos, como la directora del metro, Florencia Serranía. Sheinbaum dijo que no había recibido reportes de problemas en la Línea 12 que sugirieran la posibilidad de un fallo como el del lunes por la noche.

Serranía dijo el martes que la línea recibía una inspección diaria “muy rigurosa”. También se revisó en junio de 2020 tras un sismo fuerte pero que no dejó daños significativos en la ciudad, añadió. Un reporte municipal de 2017 identificó, sin embargo, daños importantes en un tramo de la línea tras el terremoto de magnitud 7,1 de ese año.

El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, que fue alcalde de la Ciudad de México entre 2006 y 2012, cuando se construyó la línea, también recibió críticas. Ampliamente considerado como el posible sucesor del presidente Andrés Manuel López Obrador, Ebrard dijo que los responsables debían ser identificados y añadió que colaboraría con las autoridades.

Aunque podría tomar meses determinar qué provocó el accidente, y más aún identificar a un responsable, los familiares de muchas víctimas afrontan necesidades inmediatas provocadas por la pérdida de sus cabezas de familia.

Gisela Rioja pasó el lunes por la noche y el martes por la mañana recorriendo los hospitales de la ciudad en busca de información sobre su marido, Miguel Ángel Espinosa Flores, que trabajaba en unos grandes almacenes a unas pocas paradas del lugar del accidente.

Lo encontró el martes en una morgue en el barrio de Iztapalapa. Lo describió como trabajador, responsable y feliz. Ella y sus dos hijos dependían de sus ingresos.

“Yo quiero justicia para mi esposo porque no con un simple perdón va a regresar con nosotros”, dijo. «Para mí era un amor, para mí era todo. Me duele mucho, mucho, mucho por cómo terminó.”

Luisa Martínez esperaba sentada el martes por la tarde ante las oficinas municipales de Iztapalapa a que se entregara el cadáver del esposo de su sobrina, Carlos Pineda, un dentista de 38 años. Pineda deja una esposa y dos hijos, de 7 y 13 años.

«Él era el que mantenía a su familia. Ahora ellos quedaron sin sustento”, dijo Martínez. “Nos tienen que indemnizar ahora. No lo quiero en un año ni en dos años como todo trámite burocrático”.

Diario La Hora
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