KEMONÏK CH’AB’ÄL / TEJER VOCES

Escoria

Sandra Xinico Batz

sxinicobatz@gmail.com

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Sandra Xinico Batz
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Ayer el presidente Giammattei dio a conocer que había dado positivo a COVID-19, según sus declaraciones cinco médicos le están atendiendo (entre estos Edwin Asturias director de la Coprecovid y Amelia Flores ministra de Salud) y que por seguridad no daría a conocer a qué centro médico acudiría en caso fuera necesario su hospitalización. Su situación dista enormemente de la que están viviendo miles de personas que han resultado contagiadas en el país, quienes no solo no han tenido acceso a un servicio de salud digno, pues desde antes de la pandemia el sistema de salud ya estaba colapsado, sino que además no han recibido ni recibirán ningún tipo de garantía, ya que no se crearon las condiciones necesarias para paliar las consecuencias sociales y económicas agravadas por la constante crisis que vivimos cotidianamente en Guatemala.

Mientras a Giammattei le atienden cinco médicos, la mayoría de la población no tiene acceso ni a uno. Ninguno de los “altos” funcionarios contagiados hasta hoy se ha internado en un hospital público o utilizado los servicios de salud del Estado. Han pasado seis meses desde que se registró el primer caso de COVID-19 en Guatemala y el Centro Médico Militar continúa siendo exclusivo para criminales, que aún estando en la cárcel, mantienen privilegios que les permite un trato diferenciado, a pesar de su corresponsabilidad en el desgaste y colapso de los servicios e institucionalidad del Estado.

Del Gobierno se debe esperar lo peor, estos nueve meses de gestión lo demuestran; se ha ganado a pulso la desconfianza de la población, que lo mínimo que puede hacer es dudar de la palabra de un funcionario público, que asiduamente ha antepuesto sus intereses particulares frente a las necesidades de un país que muere de hambre, empobrecimiento y desigualdad. El señor presidente resulta contagiado justo en una semana en la que su gestión está en la mira de la población, por todo lo desatado por su más cercano colaborador Miguel Martínez, un personaje que se ha vuelto intocable por la férrea protección que le otorga Giammattei. ¿Le cayó en buen momento la enfermedad al presidente?

Estos son la verdadera escoria del país, quienes nos dejan más pobres cada cuatro años, que son complacientes con los poderosos y hostiles con los pueblos, con las mayorías. El racismo le permite un circuito de legitimidad e impunidad a esta clase política podrida, a la que le ha convenido que la sociedad considere que el problema de Guatemala son los indios y no quienes hasta hoy han controlado el Estado y el país; ósea los criollos y ladinos.

Hace unos días un usuario en Twitter (@juanpalp) publicaba: “los indios son la escoria de Guatemala”; este tuit provino de un joven de Quetzaltenango, que decidió dejar registro de la forma de pensar de cientos de personas, que continúan protegiendo con su racismo al grupo social que mantiene sumido al país en la pobreza, pero a quienes admiran por su raza y riqueza acumulada a puro despojo, saqueo y exterminio continuado.