Entre la distopía y la utopía

Juan Jacobo Muñoz Lemus

juanjacoboml@gmail.com

"Guatemalteco, médico y psiquiatra"

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Juan Jacobo Muñoz Lemus

El concepto de salud va un poco más allá de la idealista concepción de bienestar. Sin duda es más que eso, en realidad, salud es un producto social.

Enfermar no es algo que llegue solo. Es cierto que ocurre en algún momento biológico, donde factores orgánicos, físicos o químicos interactúan y encuentran como blanco un cuerpo vivo. Pero en el caso de nosotros los humanos, hay también factores psicológicos, económicos, situaciones personales y del ambiente, que generan algún tipo de vulnerabilidad.

Cuando estoy frente a un paciente, trato de descifrar tres cosas: Qué es lo que le pasa, por qué le pasa lo que le pasa, y quien es él a quien le pasa lo que le pasa. Usualmente las respuestas dan información para el diagnóstico, facilitan hipótesis de trabajo, orientan a un tratamiento y permiten vislumbrar un pronóstico.

Un padecimiento médico puede tener cuatro destinos. La recuperación, la cronificación, la generación de alguna incapacidad o la muerte. La intervención médica y social es mejor mientras antes ocurra. Idealmente debe ocurrir, antes que la persona enferme.

En la pandemia actual, la colonia humana planetaria no pasó la prueba. Aparte de interrumpir rutinas y sumirnos en un desasosiego individualista; quedó claro que no éramos una sociedad sana antes del acontecimiento. Ahora estamos a merced del infortunio, y cualquier cosa que pase, será totalmente azarosa.

Para la próxima vez que estemos en ocasión de echar manos de nosotros como recurso, será mejor que hallamos reconsiderado muchas cosas.

Por principio, sería bueno iniciar cuando todavía no pasa nada. Quiero decir prevenir, preparando el terreno y a las personas. Es importante incluir prioritariamente a los niños, mejores aprendices que cualquier adulto mal encaminado y aferrado a sus preceptos.

No hablaré de cosas imposibles, nada más lo mínimo que cualquier persona necesita y a lo que tiene derecho para vivir.

Los determinantes de salud y bienestar son fáciles de entender. Alimentos, nutrición, no discriminación, desarrollo de la personalidad, respeto a las etapas del ciclo de la vida, educación que incluya el pensamiento crítico, condiciones de vida, ambiente sin violencia, trabajo digno, educación en salud, higiene, higiene mental, medio ambiente, desarrollo social y económico, vivienda, servicios y saneamiento ambiental que incluyan agua potable, energía eléctrica y alcantarillado, caminos, recreación, deporte, arte, consejería matrimonial y en resolución de conflictos, servicios de salud accesibles, exámenes periódicos, inmunizaciones, consejo genético, salud ocupacional, prevención de accidentes, control de adicciones, tamaño de familias, educación sexual, planificación familiar, nutrientes específicos, estilos de vida saludables, redes de apoyo familiares y comunitarias.

La lista puede parecer grande, pero no espero menos para mis hijos y mis nietos.

Con tal escenario, estaríamos en mejor capacidad de hacer pesquisas de casos, tamizajes y exámenes a poblaciones seleccionadas en base a factores de riesgo y promover diagnósticos y tratamientos tempranos.

Serían muchos menos los pacientes graves y alcanzaría más el sistema de atención de salud, para frenar los daños y prevenir secuelas, incapacidades y la muerte.

El proceso de salud y enfermedad resulta pues, diferente para cada individuo. No se trata de algo rígido y aislado, sino fuertemente enlazado a la biografía de cada uno de nosotros.

A fuerza de tanto golpe, solo puedo decir que lo que deseo para mí, lo deseo para todos.