Oscar Clemente Marroquín

ocmarroq@lahora.com.gt

28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.

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Sin duda que la reunión entre el Embajador de los Estados Unidos y el nuevo ministro de Salud Pública, Francisco Coma, era algo que estaba planeado desde antes del estremecedor anuncio que hizo el Departamento de Estado en el que se pasa llevando, y bien feo, a la amiga de Giammattei, pero en estos tiempos en los que no prevalece la cordura y la inteligencia sino que se vive a ritmo de arranques impulsivos y caprichos infantiles, sin duda que al ver la foto tomada en los jardines de la Embajada, el jefe de Coma se debe haber puesto como mil diablos, por mucho que esa actividad diplomática se traduzca, como dijo Popp, en mantener la ayuda que su país ha venido proporcionando en el abastecimiento de vacunas que suplan a las rusas, esas que siguen llegando a cuentagotas no obstante que Giammattei en forma gamonal las pagó por anticipado.

Y es que a lo largo de nuestra historia hemos tenido toda clase de gobernantes pero yo no recuerdo a ninguno tan volátil como el actual, situación que evidentemente ha ido empeorando desde que supo que le estaban investigando por varios temas pero, sobre todo, por la entrega de la alfombra que hicieron los rusos, quienes envolvieron de manera tan original el tanate de pisto que le fueron a dejar a su casa. No digamos ahora que, con todas las evidencias en la mano, mismas que aquí diligentemente destruyó la nueva administración de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad, los norteamericanos decidieron retirar la visa al gran Consuelo de tanto desconsolado ladrón.

Llega al extremo ridículo de decir que la corrupción es asunto nuestro, tema interno en el que no deben meter las manos los gringos ni nadie. En otras palabras, arreglado todo problema legal al disponer de un Ministerio Público dócil y eficiente en la promoción de la impunidad y un sistema de justicia que trabaja exactamente en la misma dirección, lo que procede es que la comunidad internacional se calle la boca y los deje actuar como les da la gana. Tanto que les ha ido costando crear toda esa extensa estructura de corrupción e impunidad como para que ahora vengan otros, de afuera, a meter su cuchara donde no deben y ponerse a señalar a los actores principales del terrible drama que se vive en Guatemala.

Se habló, por ejemplo, del narcotráfico como un problema que nos causan los consumidores de droga en Estados Unidos, pero ni una palabra de cuán lucrativo es el negocio de proteger a los narcos para que puedan operar tranquilamente en todo el país. Se dice que necesitamos ayuda en temas como el abastecimiento de vacunas y las inversiones, pero sin que eso se traduzca en que alguien pueda siquiera opinar sobre nuestro maltrecho Estado de Derecho que, por supuesto, sólo puede atraer a inversionistas como los de la Terminal de Contenedores Quetzal o los rusos que están haciendo negocios en el nororiente del país.

Ojalá que le baje el mosh antes de regresar de Nueva York porque si no al pobre doctor Coma le caerá una de las madreadas que ya son célebres en las altas esferas.

Oscar Clemente Marroquín
28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.
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