Mariela Zelada, decana de la facultad de educación de la Universidad del Valle de Guatemala. Foto La Hora/UVG/Diseño Alejandro Ramírez

De acuerdo con cifras del Banco Mundial (BM), cerca de 1.8 millones de niños y jóvenes en América Latina abandonaron la escuela por la pandemia o dificultades económicas en el 2020.

En Guatemala, 108,791 estudiantes (2.63%) de todos los niveles se retiraron del sistema escolar, de una población total de 4,138,868, según cifras del Ministerio de Educación del 2020. Sin embargo, se estima que existe un subregistro. La entrega de bolsas escolares ha funcionado como un disuasivo para que los niños registren su asistencia y sigan siendo parte de las cifras y beneficios del sistema.

Por otro lado, la ausencia de clases presenciales ha mostrado un abanico de desigualdades entre el área urbana y rural que mostraron las brechas en conectividad. Asimismo, hubo una pérdida de la calidad educativa, de la capacidad de lectoescritura, por ende, de motivación, que son parte de las causales de la deserción en donde los más perjudicados fueron los niños en situación de pobreza.



Es claro que la educación ya no volverá a ser la misma. Estudiantes y maestros descubrieron nuevas formas de aprendizaje. Sumado a esto, el retorno a clases dentro de un modelo híbrido se analiza con recelo, a pesar de la vacunación de los docentes, de las dudas y lentitud para la inmunización de los menores.

Esta es parte de la conversación con Mariela Zelada, decana de la facultad de educación de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG) y cofundadora de la RedLEI, quien destaca el drama de esta situación. Al mismo tiempo, evalúa los derroteros del sistema educativo nacional y la contribución de esta casa de estudios para solventar esta problemática.

La Hora: Expertos en educación consideran que los datos de deserción en 2020 tienen un margen de error, debido a la entrega de bolsas escolares. Estas se entregan por estudiante matriculado, lo cual no permite un dato real de los retirados del sistema escolar. ¿Coincide en esto?

Mariela Zelada: Efectivamente, hay un margen de error. La alimentación escolar ha funcionado como un incentivo para mantener inscritos a los niños, pero funciona distinto cuando se está en un modelo presencial, porque repartes refacción. Ahora no tienes certeza si los estudiantes reciben guías de estudio, si se conectan a clases, si reciben las visitas itinerantes del docente. Resulta difícil estimar por el número de bolsas de alimentos que entregas, si ese es el número de estudiantes que tienes en el sistema.

Ahora el reto para el sistema educativo es la combinación de las clases presenciales y en línea. Foto La Hora

LH: ¿Qué impactos puede tener la pérdida de calidad educativa en el largo plazo, como país, en la comunidad, en la persona?

MZ: Un elemento importante que debemos repensar y plantearnos es cómo vamos a planificar ese retorno. No esperamos la misma escuela, ni lo que pudimos aprender con la tecnología u otros modelos. Para Guatemala, estar casi dos años fuera de la escuela, comienza con intentar reconstruir esas rutinas. Los maestros necesitamos ese diagnóstico de cómo recibimos a los alumnos, especialmente porque no hubo igualdad de oportunidades de aprendizaje.

En el caso de las comunidades, necesitamos evaluar, como esto no se convierte en una gran pérdida y deserción de los estudiantes, quienes ya no encuentren sentido al aprendizaje.



LH: ¿Implica recuperar dos años de motivaciones y capacidades?

MZ: Cierto, y aquí la lectoescritura juega un papel clave. Esto pudo agudizarse más, porque para muchos estudiantes, el proceso de enseñanza no ocurrió como regularmente se daba. Es probable que se den rezagos si este proceso quedó en manos de los papás, sea por falta de herramientas o de recursos.

Si esta etapa instrumental no se fijó correctamente, es común que los niños empiecen a perder el interés en la escuela, porque no entienden lo que leen, o no es legible su escritura. Este rezago se marca a lo largo de toda la trayectoria escolar.

El BM acuñó el término “pobreza de aprendizaje” centrado en la habilidad lectora, con casos de niños de 10 a 11 años que no entienden lo que leen, una edad en la que deberían de ser lectores funcionales.

LH: ¿Cuál ha sido la contribución de UVG en esta crisis educativa nacional?

MZ: Pusimos a disposición de nuestros docentes y estudiantes una serie de recursos, tales como cursos cortos. La transición del modelo presencial al remoto tuvo un costo, no solo educativo, sino emocional para los mismos docentes.

Han sido dos años desgastantes para los maestros en todos los niveles. Es un tema de salud mental que todavía no se aborda lo suficiente. Continuar impartiendo clases, pero se tuvo que combinar elementos laborales, dentro del ámbito de tu casa, además de dedicar horas adicionales para visitas a los estudiantes, jornadas más extensas. Hay un desgaste.

Nuestra contribución fue poner al servicio de los docentes del Ministerio de Educación con talleres, guías, seminarios virtuales, con el apoyo de Empresarios por la Educación.

En marzo de 2020, los centros educativos debieron cerrar sus puestos para evitar contagios de Covid-19 entre personal y alumnos. Foto La Hora

LH: ¿Y qué receptividad tuvo? ¿Cuántos se inscribieron?

MZ: Se tuvo una buena receptividad. En su mayoría, con los talleres web relacionados con el desgaste laboral docente. Había necesidad de los maestros de ser atendidos en estos ámbitos y contar con los recursos, claro esto varía dependiendo de la temática y la conectividad.

Debe pensarse en función de las directrices del Mineduc para el retorno de los establecimientos públicos y privados, y cómo generar esos mecanismos de soporte. La evidencia sugiere preparar ese retorno desde un diagnóstico de aprendizaje, tomando en cuenta el apoyo socioemocional y psicosocial. No se trata solamente de lo académico, hay otros aspectos involucrados en este retorno.



LH: Como parte de este esfuerzo, ¿se ha contemplado integrar el sistema educativo con una estrategia de educación digital nacional?

MZ: La pandemia vino a evidenciar las diferencias que existen en el sistema educativo: brechas digitales, de conectividad, de infraestructura en las escuelas.

Sin embargo, constituyó una gran oportunidad, pues empujó a dar un salto en la enseñanza que se tuvo que dar con las condiciones que se tenían. Esta es una oportunidad para planificar una estrategia digital que te permita garantizar condiciones de conectividad y accesibilidad para la mayoría.

El caso de Guatemala es alarmante, al darte cuenta de la cantidad de escuelas con escasas computadoras y sin conexión a Internet, de la falta de conectividad en los hogares, escasos dispositivos por estudiante, incluso de ausencia de energía eléctrica.

Estas condiciones no permiten dar ese salto cualitativo en la educación. Pero es el momento de sentar las bases para asegurar la conectividad adecuada y equipamiento en los establecimientos escolares. No debería de ser un esfuerzo solo del Mineduc, sino de diferentes sectores. Cuando escucho volver a la normalidad, no es exacto adonde debiéramos ir, sino: qué vas a hacer distinto de lo que aprendiste en estos dos años de pandemia.

En algún punto, la niñez tendrá que volver a las aulas y enfrentarán varios de los retos del pasado. Foto La Hora

LH: Cuando se habla de que esta crisis es una oportunidad, ¿Cómo hacer para que estos enunciados no se conviertan en una carta de buenos deseos, sino pasar de las intenciones a la acción?

MZ: Efectivamente, todos los ciudadanos de un país, independiente del ámbito donde estemos, hemos expresado la importancia de la educación. Pareciera que en los países de América Latina está en la agenda política y pública; aunque a veces pienso que solo está en la agenda y no en las decisiones políticas. Si estuviera en las decisiones, es porque tienes a un Congreso, un Ministerio de Finanzas y de Educación tomando decisiones de la mano de la agenda.

Seguimos trabajando en un sistema muy centralizado que no permite autonomía para directores o docentes. Mientras mantengas el sistema así, no puedes esperar resultados distintos.

En general, la formación de un docente la consideras importante, pero no tanto como la de otro profesional. De manera que estás dejando en mano de profesionales medianamente formados, la formación de los futuros profesionales del país.



LH: ¿Cómo lograr incidencia?

MZ: Vuelvo al trabajo de la UVG con la RedLEI. Muchas de las decisiones políticas en educación no se toman con base a evidencia. El objetivo de esta comunidad regional de investigación es lograr incidencia con los tomadores de decisiones, y mejorar la formación de los docentes. Hay cantidad de inversión educativa, sin saber qué método funciona y cuál no. Necesitamos que los recursos se inviertan de forma apropiada.

LH: ¿Qué tipo de decisiones son erróneas?

MZ: Por ejemplo, con la enseñanza de la lectura. Existe toda una discusión sobre cuál es el mejor método para enseñar: global, fonético, analítico sintético, etc. Pero al final cada maestro enseña de la forma como él aprendió. No tienen idea del método que usan: si es Nacho, Pepe y Polita o el silabario de Disney, por citar algunos.

Guatemala enfrenta una serie de retos para garantizar la educación de los niños. Foto La Hora

Trayectoria académica

• Decana de la Facultad de Educación de la UVG.
• Cofundadora de la Red para la Lectoescritura Inicial de Centroamérica y el Caribe (RedLEI).
• Maestría en Educación con énfasis en política, Universidad de Illinois, Chicago.
• Maestría en Medición, Evaluación e Investigación por la UVG.
• Licenciada en Educación por la UVG.
• Profesorado en Población y Ciencias Ambientales, UVG.

Ana Lucía González
Periodista guatemalteca apasionada por contar historias de la realidad nacional. En ser voz de los que no tienen voz. Afanada en un aprendizaje constante. Me debo a los lectores y a mis valores y principios.
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